Marujas, orangutanes y robots en la era del Gran Reseteo

Marujas, orangutanes y robots en la era del Gran Reseteo

febrero 27, 2021 0 Por Ángulo_muerto
Spread the love

Lecturas totales 203 , Lecturas hoy 2 

Frank G. Rubio

Esta casa en llamas…

No obstante, la Naturaleza se ríe magníficamente de ellos y sus conjeturas. Pues nada saben con certeza, como lo demuestran suficientemente las grandes polémicas que mantienen entre sí acerca de las cosas cuyo fundamento es inexplicable. No saben nada de nada y sin embargo pretenden conocerlo todo. Erasmo de Rotterdam

 

Entre la simulación del orgasmo femenino de la actriz Irene Papas, contenido en el álbum 666 (The Apocalypse of John, 13/18) de Aphrodite’s Child inserto en la composición Infinito, y las emulaciones orales “macacas” de la primatóloga Jane Goodall, desde un podium académico y cercanas al año 2000, ha transcurrido un tercio de siglo. Irene Papas, que danzaba y cantaba, actuaba como correspondía a su naturaleza de sacerdotisa virtual de lo numinoso mediterráneo; Jane Goodall en cambio, científica reconocida e inevitablemente feminista, miembro de una familia patricia norteamericana, pertenece sin embargo ya al entramado distópico y tecnocientífico adjunto al biopoder y al Estado Terapéutico que lo vehicula. Los preliminares de lo que ahora sufrimos.

 

La fragmentación  de la comunidad en las sociedades occidentales, que no empezó precisamente ayer pero que está alcanzando en la actualidad su culminación con los confinamientos impuestos por los Estados durante la falsa pandemia, junto con una psicologización completa de las conductas potenciada en gran medida por el dominio que impone sobre las conciencias la inmediatez audiovisual y la conversión de las religiones en grupos de autoayuda o de caridad organizada, están favoreciendo la finalidad de moldear las conductas por el Estado a través de la educación para mejor imponer una noción de bienestar que exige borrar toda memoria del pasado. Una inclinación por lo demás expuesta desde hace décadas como objetivo antropológico viable, tanto por neoliberales como socialdemócratas, coherente con el credo “progresista”, perfectibilista e igualitario que con escasas divergencias comparten. En gran medida esto explica los desarrollos postmodernos propuestos por las “políticas de la sensibilidad” y la coerción creciente que la ideología de “lo políticamente correcto” imponen sobre los individuos las instituciones pertenecientes al Estado Gerencial. El carácter férreamente utópico de estas medidas y el desajuste y resistencia que provocan en las sociedades donde se insertan como prácticas de ingeniería social (reformas), provoca un creciente aroma a distopía perceptible ya por numerosos usuarios, llamarlos ciudadanos sería improcedente, de estas innovaciones. Este libro es una exposición sucinta de la Teoría que hay tras estas técnicas desde el punto de vista de una de sus ideólogas.

Todos los desvaríos contenidos en esta obra, una auténtica máquina de necedades, expuestos con un estilo pleno de neologismos y referencias supuestamente eruditas (“erudición posthumana”) que sirven sólo para ocultar un pensamiento inane y una actitud sectaria, más que insana, quedan en gran medida compendiados en la actitud autocomplaciente de su autora hacia el Humanismo (la lógica discriminatoria del humanismo) mientras propone, acorde con las memeces del  profeta barbudo decimonónico obsesionado con modificar el mundo sin conocerlo, el modesto objetivo de “derrocar el antropocentrismo”. Cuánta razón tenía Nicolás Gómez Dávila cuando afirmaba que las ideologías se inventaron para que pueda opinar el que no piensa.

La obra se basa en el mitema consagrado por algunos estructuralistas parisinos del siglo pasado, que buscaban conjugar Marx con Nietzsche, sobre la “muerte del hombre”; con el aditamento feminista, hoy obligado, de la hostilidad al patriarcado, lo eurocéntrico etc. Pura ideología fabricada con residuos de filosofía.

Toda dicotomía  jerárquica es mala y son buenos los modos de comunicación multidireccionales.

 

                                                                           

Vivimos aquí y ahora entre dos épocas: un mundo que se niega a morir que fue fuerte y fue mundo, la “civilización occidental”, y un simulacro en etapa inicial de rodaje que requiere en gran medida una empanada mental al que le está resultando difícil dar sus primeros pasos. Como la criatura del doctor Frankenstein, siempre tambaleante por la inerradicable falta de consistencia y verdad de su muy grotesco fundamento y desarrollo. Todo comenzó en Ingoldstadt y tiene mucho que ver con la profanación de tumbas. El punto de partida: una supuesta filosofía neo materialista, con obvios resabios ocultistas que en modo alguno se explicitan o mencionan, donde Zoe se opone a Bios y Eón a Cronos.

Desarrollos del “pensamiento” elaborados en numerosas universidades europeas y norteamericanas con los que nos quiere hacer comulgar la Oligarquía globalista, para la que trabajan centenares de mandarines decididos a arrasar con nuestra herencia cultural prostituyendo las Humanidades y las ciencias, entre los que se encuentra la autora de este libro del que vamos a hablar. Mientras, los laboratorios, prosiguen haciendo de las suyas en múltiples direcciones, hibridando las más complejas y divergentes disciplinas para mejor gestar un horizonte de pesadilla que no puede ser más que caricaturesco y quimérico. Todo comienza a ser terrible y al mismo tiempo risible.

El fracaso del marxismo-leninismo y su DIAMAT, que ya estaba completamente agotado como munición ideológica antes de la Caída del Muro en los países del este de Europa, dio paso a una serie de escolanías inspiradas en el Mayo del 68 francés que se desplegaron intensamente en los entornos universitarios y culturales de las sociedades democráticas. En su génesis estaban políticamente vinculadas al anarquismo, el trosquismo, el comunismo soviético y el maoísmo; algunos de sus protagonistas intelectuales: Foucault, Deleuze, Guattari, Negri, entre otros, son los “maestros pensadores”, junto con otros intelectuales más recientes, de la postmodernidad. Postmodernidad en la cual no dudamos residenciar a Braidotti.

Tras de algo más que un siglo, los años veinte y treinta y sus preliminares (Gran Guerra, “gripe española”, Revolución Rusa) siguen proyectando su sombra ominosa sobre una humanidad de baratillo que se acerca a un cuello de botella civilizacional. Una izquierda social postcomunista entregada, bajo el patrocinio y financiación de las grandes corporaciones tecnológicas y financieras, a una cruzada internacional contra el prejuicio y la “insensibilidad”, dicta ahora las reglas en apariencia. Ni que decir que mitemas como la Sexta Extinción en ciernes y la imputación, término que le encanta a Rosi, del cambio climático al hombre blanco juegan un papel fundamental. Fu-Manchú, con máscara del presidente Mao, sonríe en la sombra mientras auspicia las políticas más agresivas de geoingeniería tras “dejar escapar” un virus de sus cloacas de alta seguridad.

Nos encontramos con una recapitulación no sistemática, aunque pedagógicamente ordenada, de prejuicios ideológicos articulados en torno a una serie de creencias, ideas pocas o ninguna, de las que hoy son depositarios, como ya hemos indicado más arriba, algunos entornos universitarios sitos en las “democracias avanzadas”. Un desarrollo de las tendencias filosóficas postmodernas, aun más lamentable que lo fuera el “realismo especulativo”. A su manera Braidotti es exponente de una “pulp” filosofía con imprimatur feminista, más allá de las afinidades exóticas que los autores de la escuela anteriormente citada tenían con los materiales relacionados con la ficción terrorífica y futurista norteamericana de los años veinte y treinta. Materiales estos últimos que leídos como ficción fantástica son fascinantes pero que regurgitados, a través del filtro de la filosofía contemporánea radical, han dado origen a una conceptualización grotesca de lo real. Una moda más, supuestamente cosmopolita y original, ya agotada.

Rosi Braidotti, Riso Timbrado según el corrector al que no dudamos atribuir una cualidad posthumana, no se mueve precisamente en el mundo del papel barato o la literatura popular; Rosi cimbrea su plúmbea y exaltada retórica en espacios “cualificados” de corte académico vinculados a la Unión Europea. Enseña en los Países Bajos y es, como recalca la solapa, una de las principales autoridades en los estudios sobre el tema de la subjetividad  y lo posthumano, sobre todo en relación a las perspectivas neofeministas. Es una autora prolífica y escasamente cuestionada.

La migración, adopción y modulación del posmodernismo francés (Foucault, Deleuze, Guattari, Lyotard…) en las universidades norteamericanas, en general en todo el mundo anglosajón, ha dado origen a un “relato” que, hibridado con los restos sobrantes de la “teoría critica” de la Escuela de Francfort (Adorno, Marcuse, Habermas etc), da cuenta de manera simplificada de los elementos clave teóricos de lo que va a encontrar aquí el lector. Todo ello refundido en la “turmix” de los “estudios culturales”: un sistema acelerado y seudointelectual de aculturación propuesto por las propias élites norteamericanas y europeas que lo financian para los cuadros medios de la Distopía en construcción. Todo ello envuelto en una mirada especialmente deformada de los desarrollos de la Tecnociencia. Comunismo, fabianismo, nazismo como precedentes. Los mitemas antes citados y otros, como “la gran aceleración del cambio climático” y “la sexta extinción masiva”, unidos a preocupaciones demográficas y enfoques eugénicos actualizados guían en apariencia el Gran Reset.

Hay que borrar el pasado y devastar el imaginario de la sociedad occidental para que la Nueva Atlantis emerja de las profundidades…

Una especie de “revolución cultural china” auspiciada por los decisores financieros y tecnológicos que financian las universidades anglosajonas y no solo, adaptada y programada a la manera «gerencial» que están organizadas las cosas a lo largo y ancho del horizonte corporativo (Managerial State). Recordemos como se pretendieron destruir los fundamentos históricos, culturales y antropológicos de una civilización milenaria a base de torturas, asesinatos, destrucción de obras de arte, quemas de libros, linchamientos y eslóganes en nombre de un izquierdismo de corte estalinista. Acá en Occidente todo eso se hace paulatinamente, por ahora sin demasiada violencia, en nombre de las insensatas, banales y contradictorias concepciones multiculturalistas, feministas e inclusivas que guían ya, como la  teología católica medieval guiaba a los gobernantes del siglo XII, las políticas de mortificación de la vida cotidiana en los ámbitos más variados de numerosos países presuntamente civilizados. Un totalitarismo “rizomático” que enjaula el imaginario y que postula de sí, como Nosotros, la consideración de sujetos planetarios más que de agentes globales. Puro Zamiatin.

Las Inteligencias Artificiales necesitan ganado humano desde el punto de vista cognitivo: gente absolutamente eviscerada de su pasado histórico y cultural y psicológicamente dependiente.  Hay que borrar el pasado y devastar el imaginario de la sociedad occidental. Nuestras escuelas y universidades consecuentemente, tanto desde el neoliberalismo como desde la socialdemocracia, como desde el pensamiento ecosófico comunista, les allanan el camino. Los epígonos del izquierdismo parisino se encargan de fabricar este espejismo teórico desde la Universidad. En España los vectores de penetración de estas mandangas marcadamente liberticidas, sin base filosófica o científica alguna dignas de destacar, son: el Ministerio de Igualdad, dirigido en la actualidad por una candorosa analfabeta, y el de Universidades, este último a cargo de un cateto que se considera inteligentísimo y al que hay que reconocer el dudoso mérito de ser el único español citado en el primer libro de Klaus Schwab. En la introducción del libro Bairotti misma menciona como autoridad a este último sin sonrojarse, como si formasen parte del canon de las ciencias sociales contemporáneas las doctrinas de este oscuro profesor de Negocios, uno de los fundadores visibles del Foro Económico Mundial. Una reedición pretenciosa y europea de Alvin Toffler.

   En la pagina 188 de El conocimiento posthumano (Gedisa) leemos una encendida defensa de George Soros, con ocasión del cierre de la Universidad Central Europea dispuesto por el gobierno húngaro. Soros es calificado de “filántropo” y “defensor de las causas progresistas”. Está claro de qué manos come esta profesora de ideas presuntamente radicales e indigeribles.

Los desafíos del Antropoceno, una categoría más que discutible, y los aspectos discriminatorios del “humanismo europeo” obligan, a quienes como Bairotti consideran la justicia como algo “social, transespecie y transnacional”, a declarar una guerra abierta al humanismo y “desplazar la centralidad del Anthropos”: Nosotros como miembros de una especie y no solo de una cultura o una forma de gobierno. Recordar al lector que el momento postmoderno tiene su origen en la segunda mitad del siglo XX y vive ya sus últimas horas, de ahí su férrea instalación en la Academia y sus deletéreos e inquisitoriales efectos y oficios. Nos encontramos con una forma de bestialismo subhumanista institucional similar a las implicadas en el nazismo, el comunismo y el fabianismo tecnocrático. Un reduccionismo monista de corte biológico, otra variante de cientifismo. El IV Reich, como ya he señalado, será traído por la socialdemocracia y la devorará.

El ascenso de una nueva cultura tecnocientífica, la “cuarta revolución industrial”, donde se funden las tecnologías de la información con la biogenética, está en la raíz de un giro general de la sensibilidad que afecta de un modo especial a las exageradas consideraciones que sobre su papel asumen los intelectuales “progresistas” que, tras el colapso de la ensoñación genocida marxista-leninista la cual solo persiste ya en China y un par de lugares apartados, pueda resultar ser una nueva tierra de promisión para numerosos aspirantes a Comisario. La Unión Europea es uno de estos horizontes básicos de focalización y desarrollo de “lo posthumano”. El filósofo como funcionario posthumanista.

El moldeamiento de la subjetividad ética y política para los tiempos posthumanos que requieren la capitalización biogenética de todos los sistemas vivientes y el uso generalizado de tecnologías autocorrectivas guiadas por la inteligencia artificial, en todo momento me muevo en el área de conceptualización de Bairotti, requieren un estrato de especialistas que actuarían no solo como ideólogos “gramsciformes” de viejo cuño sino como vanguardia en la encarnación de supuestos (más teóricos que pragmáticos) puestos en circulación en paralelo a los desarrollos reales definidos por el transhumanismo corporativo. Este libro es un vademécum introductorio para los aspirantes a este oficio de tinieblas. Nos encontraríamos con algo parecido a los sanitarios con relación a los médicos en el marco de la Sanidad. Personal subalterno que “propondría” los ensueños humanistas a poblaciones altamente reluctantes. Por descontado que Bairotti no aceptaría nunca esta interpretación.

  El rechazo del humanismo que prolonga las actitudes del antihumanismo filosófico surgido en los márgenes del estructuralismo francés, recordemos a Althusser o su epígono Baudiou, ambos decididos partidarios de regímenes políticos genocidas y con ello de prácticas inhumanistas tomadas al pie de la letra, junto con la adopción del espejismo de la “dimensión planetaria” ilustra esta necesidad de ubicación de un sujeto digna de nuestros tiempos…Las alianzas no humanas transversales tratan de conjurar una subjetividad post-personal y pre-individual; mientras, desde el hilo musical del ascensor que desciende hacia el sótano, la voz del príncipe Carlos declama que la devastación medioambiental es irreversible. La madre del cordero y la madre del libro hijas de la multitud:

  ¿Cómo podemos desarrollar un marco teórico posthumano que aspire a la justicia pero que se haga fuera de la Historia, de la sociedad, abarcando en su lugar lo que solíamos llamar lo natural?

La situación es apocalíptica pero sus protagonistas, teóricos y prácticos son poco más que subpersonas. Este es el Tiempo.

  La transformación hacia lo posthumano: la convergencia posthumanacomo como panacea.

No es cuestión de ínsulas sino de encrucijadas… Cervantes.

   En sus propias palabras:

   Nosotros estamos inmersos en el proceso de devenir posthumanistas y postantropocéntricos, pero no de la manera en que lo haría una mera alucinación procedente de Sillicon Valley, en la que ésta se daría de una manera lineal y homogénea, que terminaría conduciendo a una panhumanidad más performativa y mejorada. En lugar de esto quiero resaltar con énfasis que somos seres encarnados, integrados y transversales, vinculados por nuestra relacionabilidad ontológica… Somos meras variaciones de una materia común…La palabra clave aquí es sin duda la relacionabilidad… Nos definimos por nuestra capacidad de afectación… Una fuerza virtual que se actualiza siempre a través de nuestros lazos relacionales. 

Quien haya visto la primera entrega de la trilogía fílmica Matrix (1999), hoy ya un clásico, donde se enfrentan los de Zion (los “relacionados”) con las máquinas (el capitalismo cognitivo) que desde el futuro dirigen el mundo real proponiéndolo como ilusión, percibirá con claridad el carácter mixtificante y rudimentario de estos conceptos. Así como su vacuidad filosófica. Algo común en el universo ideológico radical vinculado al marxismo y al anarquismo tardíos, movimientos en general fanáticos de la racionalidad científico-técnica siempre que esté al servicio de sus designios políticos pero sin entender nada de ella. En el marxismo la emergencia del capitalismo, que se integra en una idea evolutiva y dialéctica de la Historia (el materialismo histórico), produce sus propias condiciones de disolución para dar entrada, en una etapa sucesiva, al socialismo y al comunismo; donde el gobierno de los hombres es sustituido por la administración de las cosas. Nada de esto se ha concretizado y cunden las dudas. Todo ello emana un aroma anticuado y erróneo; por ello fácilmente reciclable. Para seguir con la función hay que sacar del sombrero de copa otro conejo, el de Alicia. Así podremos seguir descendiendo a gusto.

Y ahí está lo cyberpunk, pura polilla literaria, para mostrárnoslo. Recordemos a Johny Mnemonic (1995) en el 2021 yendo de un lado para otro con su implante y la presencia salvífica de una IA femenina inserta en el software de una ¡Corporación Farmacéutica!

Una ética afirmativa, aportación original de la autora, basada en la autonomía de la afectación (horizonte de ofendiditos) donde la relacionabilidad sigue siendo evolucionista, aunque esto no se asuma en ningún momento claramente, y donde se pasa de la competencia selectiva de organismos del neodarwinismo a la resonancia gregaria en y de las sociedades. Mediación tecnológica, “involucrando agentes no humanos”, y entrelazamiento global. El gorila y el cyborg no pueden faltar en la comunidad “antifascista, feminista y antirracista” de Rosi. Ya estamos pues en los nuevos superhéroes de Marvel.

Materia vibrante, la materia de la materia como piedra de toque, y ensamblaje con lo inerte de entidades de corte ecosófico. La unidad de la materia o la inmanencia como principio diferencial. De Bios a Zoe, un horizonte no antropomórfico. Del sindicato al silicato. Pura antimetafísica para el uso y disfrute de hienas humanas.

La situación de emergencia del cambio climático y el estado general del Antropoceno dejan al descubierto no sólo las limitaciones sino también las responsabilidades del humanismo europeo y su cultura científica. Otro topicazo que se repite como eslogan cada dos por tres. Como si el pensamiento radical elaborado en las universidades occidentales por lo general, aunque no tenga ya otra tonalidad que la periodística y activista desde hace muchas décadas, no procediera de la cultura occidental. Como si Deleuze, Lyotard o Foucault hubieran elaborado respectivamente su obra en una granja de Tanzania, en una sala de billares de la antigua Palmira o en un prostíbulo de Fashoda…

Ella es sensible sin embargo: cariño y compasión por el estado malherido de nuestro planeta.

 

  El matiz inhumanista y distópico de un discurso que pretende hablar de lo humano, como lo haría un marciano de H.G. Wells más que como lo haría un entomólogo, es una de las características de la retórica de Braidotti. Braidotti no es una tecnócrata sino una neocomunista, una morlockiana (habitante del subsuelo), que no puede definirse abiertamente como tal. Sus ideas políticas sobre la realidad concreta, que expone en diversos momentos, son los lugares comunes característicos de la socialdemocracia o el partido del burro norteamericano; lo que uno podría encontrar en las páginas de El País de Soledad Ortega y Joaquín Estefanía. Trump por descontado es el mal absoluto. Se habla con suficiencia de la actualidad y del capitalismo, incluso de geopolítica, pero no se menciona a China para nada…como si no existiera.

El desafío posthumano exige abandonar los postulados del pensamiento antropocéntrico y asumir la ética afirmativa, la que ella predica obviamente, con sus conexiones transversales micropolíticas. La finalidad es llegar a sistemas y prácticas sociales “más sostenibles”. La arrogancia eurocéntrica y la blancura hegemónica son tabú. Como podemos ver una colección de aserciones más que dudosas llena de neologismos, cuyo uso sistemático por los mass media han hecho banales cualesquiera contenidos originales que pudieran significar en origen. Propongo un dueto para Eurovisión con ella y Ana Botín.

   Sigamos:

   Los humanos se definen por el alcance en el que son capaces de poner en práctica estas habilidades para entender (funciones neurales, cognitivas, afectivas y simbólicas específicas propias), afectar y ser afectados por las ecologías de múltiples capas y múltiples escalas a las que pertenecen.

Por consiguiente llego a mi primera proposición conclusiva (p. 77): el verdadero sujeto de la convergencia posthumana no es el “Hombre” sino un nuevo sujeto colectivo, un sujeto del tipo estamos-todos-metidos-en -esto-juntos-pero-no-somos-uno-y-lo-mismo…La subjetividad posthumana puede entenderse como el proceso de devenir en su propia inmanencia y no en términos de oposición binarios. Es un devenir distinto del “Homo universalis” del humanismo y distinto del “Anthropos” del antropocentrismo. Para poder abordarlo necesitamos un rango afectivo más sutil y más diversificado que evite la variante apocalíptica del duelo y la variable eufórica de la celebración. La multitud enjambre de conectados al smartphone motivados por la necesidad de romper mobiliario urbano o incendiar, la chusma asquerosa de Black Lives Matter dirigida por agentes provocadores, los deleznables batallones inclusivos de Superhéroes cada vez mas apolillados… Esos son sus sujetos políticos favoritos.

Woodcut style expressionist image of slaves hauling a winged chimera statue.

La pasión por la igualdad y el resentimiento, postulados ambos irrenunciables del nihilismo contemporáneo (que no es otra cosa que una variante de las concepciones de los esenios aunque, eso sí, absolutamente depurada de cualquier espiritualidad imaginable), la llevan afirmar cosas tan significativas y abyectas como estas citadas más arriba.

El ensamblaje con las Inteligencias Artificiales y la insistencia en la “forma no jerárquica” son plenamente consecuentes con su afirmación de un nuevo orden panhumano. Si la Naturaleza es injusta, cambia la Naturaleza.

Una materia única inteligente y organizada que no coincide bajo ningún concepto con la racionalidad humana. Un “prakritismo tiamático” donde los derechos de los no humanos (robots y bestias) se conjuguen con un veganismo radical que busca, en algunas de sus representantes feministas, la supresión de la categoría definitoria de lo humano. Todo esto, que como materia especulativa es legítima, viene acompañado por un activismo político inusitado, muchas veces violento, donde no “torturar animales” y no “rendirles culto”, atención, acompañan sincronicamente las modestas afirmaciones y propuestas “ilustradas” y “lineales” de Bill Gates. Estas, eso sí, trasladadas al mundo real. Por ejemplo: sustituir coactívamente el consumo de carne en el mundo por una variante sintética. Ya en el pasado ha aportado la tecnología del reciclado de heces para mejor sintetizar agua potable para los africanos. Unidas Podemos ya ha tratado, aprovechando la supuesta pandemia, de suprimir el consumo de carne los lunes.

Me he visto obligado a saltar del reino etérico de la filosofía a las tristes y sórdidas realidades políticas cotidianas de nuestro albañal patrio por las que apuestan los detestables partidarios del comunismo inclusivo. Que tiene mucho que ver con los ideologemas de los que llevamos hablando desde el principio. Las ideas tienen consecuencias más cuando como ideologías las impone el Estado desde la legislación.

Demonizando todo lo que no le gusta con los consabidos adjetivos y proponiendo la igualdad entre todas las especies; una absoluta memez que muestra claramente la deriva nihilista de nuestro tiempo así como los propósitos genocidas cada vez menos disimulados de sus patrocinadores. Todo ello basado en una supuesta consideración sistemática vital neomaterialista y en el consabido: no tenemos tiempo que perder porque el futuro está aquí mismo.

La filosofía que necesitan las grandes corporaciones, o estados totalitarios marxistas como China, y sus proyectos transhumanistas. Afirmaciones confusas y fragmentadas de corte seudoreligioso, netamente antiespirituales y anti intelectuales, que requieren un sistema totalitario y el fin de todo pluralismo cultural para su implementación. Mientras alrededor se genera una distopía, con todos los recursos de vigilancia y devastación cultural en funcionamiento, en la que se propone una “egregorización selectiva” que contribuirá, y actualizamos su pensamiento con las realidades actuales, al asentamiento de la “nueva normalidad”. Una sociedad de castas genéticas en ciernes.

Los riesgos antropocénicos del cambio climático han sido la carta de presentación para el Gran Reset desencadenado mediante un simulacro de pandemia y el encierro de las poblaciones al más puro estilo fascista-comunista. La propuesta de unas peculiares vacunas y la salida a los escenarios de una nueva sanidad de corte telemático, que requerirá la conexión de los cuerpos humanos a las redes computacionales para ensamblarse con las Inteligencias Artificiales, son parte del programa que esta filosofía no dudaría, llevada por su retorica nebulosa y el posicionamiento ideológico y político de los que la secundan, en legitimar.

  

Esta becerra ignorante, no puede ser calificada de otro modo con propiedad, se permite en un artículo recientemente escrito con relación al Covid 19 exponer esta perlas:

1 Para empezar: los virus nacidos de la interferencia humana con animales y fuentes ambientales, como el COVID-19, son antropogénicos y, por tanto, discriminan tanto como los humanos. Actúan como indicadores de las enormes desigualdades sociales, que las clases políticas neoliberales dominantes se empeñan en negar.

2 El poder de las formaciones virales se ha manifestado en la pandemia, subrayando la agencia de las fuerzas no humanas y la importancia global de Gaia como planeta vivo y simbiótico. Pero, al mismo tiempo, en este fatídico junio de 2020 también ha estallado una revuelta global contra el racismo endémico -y, de hecho, viral- liderada por el movimiento «Black Lives Matter». A medida que estas crisis múltiples se desarrollan, la política de los otros sexualizados, racializados y naturalizados se está moviendo al centro del escenario, empujando a los viejos Anthropos fuera del centro.

3 El agotamiento compartido se despliega en realidad sobre una sabiduría más profunda acerca de qué es exactamente lo que uno sabe, cuando se enfrenta a cambios trascendentales en terrenos desconocidos. Uno sabe que la Vida sigue viva independientemente de las pretensiones y expectativas humanas. «Nosotros» sólo podemos intervenir en ella como conjuntos transversales, actuando colectivamente: «Nosotros»-que-no-somos-uno-y-el-mismo-pero-estamos-en-esta-convergencia-juntos.

Me abstengo de comentar nada que no aflore por sí mismo de esta viscosa neolingua. Filosofía, lengua muerta que diría Agamben. Y como Agamben es uno de los pocos filósofos contemporáneos que ha dado un paso adelante para posicionarse frente al Gran Reset, confrontaremos algunos juicios  suyos para que emerja mejor la divergencia con Bairotti. Seguiremos después con esta.

   Una cultura que se siente al final –señala Agambensin más vida, trata de gobernar como puede su ruina a través de un estado de excepción permanente. La movilización total en la que Jünger vio el carácter esencial de nuestro tiempo debe ser vista en esta perspectiva. Los hombres deben movilizarse, deben sentir cada momento en un estado de emergencia, regulado en el más mínimo detalle por aquellos que tienen el poder de decidirlo. Pero mientras que en el pasado el objetivo de la movilización era acercar a los hombres, ahora pretende aislarlos y distanciarlos unos de otros.

El proletario hoy es menos sensible al estimulo de asesinar en masa campesinos, bajo la guía de la vanguardia, y trata en la medida de lo posible mejorar su condición y devenir clase media. Esto obviamente es intolerable, tanto para quienes quieren transformar desde la cúspide la sociedad burguesa en un mundo neofeudal como para los aspirantes a maestros cantores que han encontrado en la fusión con el silicio, de ahí su hostilidad al carbono, un nuevo láudano.

¿Cuánto tiempo lleva la casa ardiendo? ¿Cuánto tiempo ha estado ardiendo? Ciertamente hace un siglo, entre 1914 y 1918, algo sucedió en Europa que arrojó todo lo que parecía permanecer intacto y vivo a las llamas y a la locura; luego otra vez, treinta años más tarde, el fuego ardió por todas partes y ha estado ardiendo desde entonces, implacablemente, apagado, apenas visible bajo las cenizas. Pero quizás el fuego ya había comenzado mucho antes, cuando el impulso ciego de la humanidad hacia la salvación y el progreso se unió al poder del fuego y las máquinas. Todo esto es conocido y no necesita ser repetido. Más bien, hay que preguntarse cómo podíamos seguir viviendo y pensando mientras todo ardía, lo que permanecía de alguna manera intacto en el centro del fuego o en sus bordes. Cómo fuimos capaces de respirar las llamas, lo que perdimos, a qué restos – o a qué impostura – nos aferramos.         

       Gracias a las ideologías, que colonizaron los cocos de las mayorías supuestamente pensantes y sus séquitos de plebe, y a las voluptuosas aberraciones a las que se entregaron los artistas e intelectuales poseídos por sectarismos iconoclastas varios; el combustible lo dio la mixtificación “egregorizante” de las políticas democráticas y radicales de los siglos XIX y XX vehiculadas por el periodismo y su aportación fragmentadora y vulgarizadora del discurso. Todo ello vivido como “novedad”, todo ello en nombre de la “revolución”.

   Es como si el poder intentara a toda costa captar la vida desnuda que ha producido y, sin embargo, por mucho que intente apropiarse de ella y controlarla con todos los dispositivos posibles, no sólo policiales, sino también médicos y tecnológicos, sólo puede escapar de ella, porque es por definición esquiva. Gobernar la vida desnuda es la locura de nuestro tiempo. Los hombres reducidos a su existencia biológica pura ya no son humanos, los hombres gobernantes y las cosas gobernantes coinciden.

   El objetivo nada comedido, caricaturesco y gregario, de los inmanentistas del todos-juntos, gorilas y cyborg incluidos, un agenciamiento que diría el pomposo Deleuze, lo que busca es la completa captación aurática de la biomasa mediante la “egregorización” del orbe. La desviación se da a nivel simbólico y sus orígenes se encuentran en algunas sociedades secretas, de las cuales las masonerías son mero trazo visible, consagradas a la pulverización de los símbolos y a la evocación muy posiblemente, bajo la mascarada de una planetarización vinculada a las inteligencias artificiales con el fin de retardar el fin del ciclo, de supervivientes de algún  horizonte anterior descatalogado que han sobrevivido en algún tipo de formato material. Los consabidos extraterrestres de los que pronto tendremos nada cabal noticia. No todo va de algoritmos y des realización paulatina e inmisericorde de lo real: Afuera hay monstruos.  Las transformaciones que la Tecnociencia ha realizado y propende a extender en la actualidad, usando la biogenética y las computadoras, hacen sospechar en el vector transhumanista, del cual Schawb, Gates y Soros son engranajes financieros visibles algún tipo de “narrativa” “mágica” o “religiosa”. Como pudiera ser esto que señala Aeolus Kephas:

Este mundo es una ilusión. La Humanidad es una falsa construcción, edificada por un Demiurgo, un falso dios, para apuntalarse. Este es el principal error del Consenso, como lo que debe romperse, de manera definitiva y devastadora…Enfrentarse al hecho de que todos nuestros criterios para juzgar, para saber cualquier cosa, son criterios falsos-impuestos desde fuera por fuerzas posiblemente malignas pero ciertamente «ajenas» (es decir, incompatibles con la evolución humana)- es ipso facto un proceso de desvarío. Si… la realidad es una trampa, entonces la locura -el rechazo de la realidad consensuada- es la única salida posible de esta trampa.

Aquí se hermanan los Transhumanistas corporativos, que quieren vivir para siempre en cuerpos sintéticos, con la multitud transversal inclusiva que como nube de langosta infesta las universidades  produciendo todo tipo de volatinerías retóricas “neo indígenas” financiadas por los anteriores.         A efectos de la discusión actual , “nosotros” somos practicantes y pensadores y pensadoras situados, de inclinaciones feministas, antirracistas, post- y decoloniales que estamos intentando asumir los desafíos de la convergencia posthumana, a la vez que evitamos cualquier postura universal o generalizaciones indebidas. Teniendo en cuenta ademas, la contigüidad entre la producción de conocimiento posthumano y el capitalismo cognitivo, debemos plantearnos nuevos interrogantes que, a su vez, deben ser aclarados.(Bairotti)

Atención al furor normativo soterrado de estas palabras, un auténtico lenguaje totalitario, que hace imposible cualquier discusión racional. No me ensañaré con lo deteriorado del estilo y la impotencia poética que destila. El vínculo empático con lo no humano, incluyendo los otros monstruosos y extraños, se ha convertido en un topos del feminismo posthumano. Sigo en su entorno conceptual echando de vez en cuando una mirada a páginas abiertas al azar de El Quijote, paradójicamente para mejor no enloquecer.

Como señala Guido Giacomo Preparata, uno de los mas avezados críticos del postmodernismo, este es un fenómeno que constituye el nuevo manierismo de la izquierda. Es un movimiento que ha fragmentado claramente el disenso y cuya negación de la verdad como categoría ha generalizado sorprendentemente,, en realidad por la catadura moral y antropológica de sus miembros (aquí hablo yo), fanatismo, intolerancia y censura generalizados.

   Entre las expectoraciones de Lyotard sobre el “crepúsculo de los grandes relatos”, ello mismo devenido “gran relato”, y la aparición del término “ciberespacio”,  traído a la vida por William Gibson en 1984, tuvo lugar un lustro decisivo que exigiría un comentarista ad hoc a tiempo completo. Nuestro tiempo, de corrosión conceptual e inanidad de pensamiento generalizadas, camufladas de disputas intelectuales, donde una izquierda en caída libre sigue teniendo en la mano el megáfono, es heredero de estos años. Del “los griegos son asquerosos” de Foucault a la prédica de la deslegitimación sistemática de Occidente va un paso. Considerar a la ciencia como discurso y confundirla con la Big Science era imprescindible para elevar del barro universitario, donde se revolcaban, a unos cuantos farsantes. ¿Diversidad o discordia programada? se pregunta Preparata.

¿Es el postmodernismo una ideología de la tiranía? ¿es casual la confluencia de “lo políticamente correcto postmoderno” con el autoritarismo administrativo que propende a aplicarla? ¿cuál es el papel en este embrollo de las concepciones teopáticas de un ex seminarista de los años 30 obsesionado con los sacrificios humanos y con lo colectivo? ¿es casual la conexión entre el antihumanismo y la prédica de lo amorfo del creador del Acéfalos? ¿porque se teme el vigor vital afirmativo residenciado en los humanos y se postula un infrahumanismo comunitario ensamblado con gorilas, “tarades nomades” y silicio?

Demasiadas preguntas, pero muy conectadas, con la temática de este libro. Pensad por vosotros mismos. Concluyamos volviendo a Agamben:

El hombre desaparece hoy, como un rostro de arena borrado en la orilla. Pero lo que ocupa su lugar ya no tiene un mundo, es sólo una vida desnuda y silenciosa sin historia, a merced de los cálculos del poder y la ciencia. Tal vez es sólo de este estrago que algo más puede un día aparecer lenta o abruptamente – no un dios, por supuesto, pero ni siquiera otro hombre – un nuevo animal, tal vez, un alma viviente de otra manera…

   Quienes desaparecen son el “ultimo hombre” y su horizonte multitudinario, igualitario y chandala mientras Siva ríe a carcajadas y danza un nuevo universo. Adiós Kali Yuga, adiós…El quinto sol perece por el Fuego.