CANTE Y VINO: MIGUEL JIMÉNEZ Y “SANI”

CANTE Y VINO: MIGUEL JIMÉNEZ Y “SANI”

2 de octubre de 2023 2 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

Resiliente se llama el primer álbum como cantaor de alante de Miguel Jiménez, como señalando que quien nos lo brinda es un resistente, un organismo y un alma mutantes en la puesta en pie de corazas ante lo adverso. Y de La Rioja -tierra de buenos caldos- nos llega, lo que torna inesquivable pensar en ese néctar, el vino, tan asociado al flamenco pero hace tiempo rebasado en nuestros cenáculos y jolgorios por el whisky, no obstante lo cual va recobrando poco a poco la posición de privilegio de antaño merced al éxito y empuje de la gama de Flamencos de Bodegas Sani de Almendralejo. El vino, pues, también a su modo exhibe resiliencia.

En cuanto a tipos de vino y guiándonos por el catón de Sani, en Miguel predomina el rosado de aguja dulce en las alegrías y el tinto en todo lo demás: siguiriyas, soleá, tanguillos y bulerías. En cualquier caso, un rioja es más que adecuado para brindar por la salida a la luz de un disco flamenco en estos tiempos de sequía o tan mala cosecha en ese sentido, cuando las casas discográficas -bodegas embotelladoras de lo hondo- vegetan en poco más que un dique seco y de lagares vacíos.

Las alegrías de Miguel Jiménez vibran en su garganta con creemos que patente y noble influencia de Sorderita, como en su día la banda Siroco -que antaño formó con el guitarrista Jesús Carbonell- exhibía en la periferia la de La Barbería del Sur y formaciones madrileñas similares, empezando por Ketama, fundada por Sorderita, mi primo Ray Heredia y Juan Carmona. Son alegrías dedicadas a su bella hija y con rumor de sirimiri, para ser escuchadas mirando hacia el cristal de la ventana que da al jardín, ese por el que resbalan las gotas de lluvia y por la que puede entrar volando en cualquier momento la esperanza.

Y brinda al sol una soleá a Tomás Pavón, de cuyo óbito se cumplieron hace poco setenta años, pese a lo cual, resiliente como pocos, se mantiene intocado en su pedestal de fuente insoslayable del cante grande. Miguel es gitano poco supersticioso y de pañuelo amarillo al cuello, como de gualdo salió al ruedo en su día Esplá y, antes, Luis Miguel con unas sierpes bordadas. Por eso su siguiriya suena desafiante, pues no se puede hablar de siguiriya en ausencia de vindicación y reto. Miguel juega sus cartas con arrojo, sentido, impulso genético y sin artimañas, redondeando esos momentos que buscan y logran el olé y motivan alzar la copa -de rioja o de Sani– para el brindis agradecido por lo bueno.

Junto a la percusión del airoso navarro Keko Galindo suenan además en estos surcos rampantes, golosas y con enjundia las guitarras de Jerónimo Maya -un grande- y un Jesús Carbonell con reciente disco en la calle y en su día media naranja del cantaor en Siroco. Cantaor a quien hay que seguir, Miguel Jiménez abre brecha en una tierra donde se respira tanta afición al flamenco como en otras, pero viene -pese a ello- aportando pocos artistas al escalafón. ¡Que cunda el ejemplo!