FEDERALISMO CACIQUE

FEDERALISMO CACIQUE

2 de julio de 2023 3 Por Ángulo_muerto
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El totalitarismo blando no hace uso de la violencia sino de la legislación.

Dalmacio Negro.

Frank G. Rubio

Con este, su segundo libro sobre cuestiones políticas decisivas relacionadas con el devenir de nuestro país, Javier Torrox ha escrito una excelente recapitulación sobre acontecimientos críticos recientes que constituye también una aguda requisitoria contra la abyecta deriva que se ha ido imponiendo en los últimos años con relación a la unidad nacional. Presuntamente contenida, garantizada y postulada, en el articulado de la Constitución de 1978.

La Constitución del 78 consagra en su artículo segundo la indisolubilidad de la nación mientras a la vez postula y estimula la creación de comunidades autónomas. Diecisiete hasta el día de hoy. Esta contradicción de raíz ha hecho surgir, durante las dos últimas décadas de un régimen que da sus ultimas boqueadas, un horizonte de fragmentación y plurinacionalidad que constituye la materia prima de este excelente trabajo.

La insurrección catalana a la que dedicó su primer trabajo, el insustituible Golpe a la nación (Editorial Manuscritos, Madrid 2019), ha hecho emerger, en parte debido a la gestión lamentable cuando no directamente criminal de los actores políticos dominantes, una crisis constituyente de gran magnitud que aún no ha terminado. Ya en este trabajo señalaba: la nación es la más importante conquista política de la Humanidad, gracias a ella todos los ciudadanos son libres ante la Ley y nadie es más que nadie, ni menos que nada. Contra la nación, entendida como la forjaron la Revolución Americana y en cierto modo la francesa, antes que degenerase, se montó la reacción romántica que propuso el sentimiento como engarce distintivo de la comunidad.

La llegada al poder de Pedro Sánchez, personaje peculiar surgido en apariencia a la contra de poderosos sectores de su partido, mediante la peculiar moción de censura que la precedió, marca un antes y un después con relación a la cuestión del ser y permanencia de la nación española. Todo ello tras años de descomposición y fagocitación del Estado por la partitocracia instaurada en el 78.

La tesis del autor, que expone con rigor, es que nos encontramos ante un proceso silencioso de “cambio de régimen” mediante la conversión gradual y silenciosa de España en un estado federal.

Vivimos en la estela de un nuevo 78, guiados por una socialdemocracia de convicciones globalistas y tecnocráticas vector sin duda de una pulsión totalitaria manifiesta. La estatalización de la nación, intensificada con Zapatero, junto con la pésima gestión de la crisis económica, ha abierto el camino a un “golpe blando” contra el sujeto constituyente a través del poder ejecutivo. Este sujeto, recordamos, no puede ser otro que el pueblo español.

El giro federalista del PSOE data del año 2013 aunque ya en 1976 se defendía la República federal. En el 2017 el PSOE y el PSC elaboran la Declaración de Barcelona: por el catalanismo y la España federal.

Romper la nación política para recomponerla siguiendo la estela de Alemania, país del cual somos auténticos vasallos desde nuestro ingreso en la Europa Unida, es la hoja de ruta de la Oligarquía. Alemania, por lo demás, no es otra cosa que un estado sometido a los Estados Unidos tras el final de la segunda guerra mundial. Los recientes acontecimientos de la voladura del oleoducto en el mar del Norte han dejado clara la cuestión. Vasallos pues de vasallos.

Es preciso que recapitulemos y comencemos recordando como siete personas a puerta cerrada redactaron el anteproyecto de la constitución del 78; no es extraño pues que la Gran Logia de España se marcase un articulo en su boletín apropiándose el mérito de esta, afirmando que todos los que participaron en su elaboración eran masones. Siete es el numero mínimo de “hermanos” para constituir una logia…Apropiarse el merito de algo mal hecho es el colmo de la idiocia. Pero, y esto se revelará pronto como catastrófico, no estamos gobernados precisamente por genios… ni en el escenario, ni tras las bambalinas.

Conviene recordar también el carácter divisivo introducido por el PSOE de Zapatero en la sociedad española a través de la incentivación del “guerracivilismo” en el discurso político y mediático más inmediato. Aunque lo más decisivo sería la escandalosa dilapidación del capital político realizada por Mariano Rajoy, tras una victoria electoral con una mayoría sin precedentes que daba cuenta del agudo descontento de gran parte de la nación con las políticas socialistas. No solo las relacionadas con la gestión de la crisis económica, también las culturales y sociales.

En la actualidad las oligarquías extractivas y las terceras potencias juegan un papel determinante en las decisiones políticas españolas. Con Zapatero recordemos como, tanto el Banco de Santander como Marruecos, adquirieron un grado de influencia escandaloso. Y es que el PSOE tiene desde hace tiempo como única función garantizar las retribuciones clientelares que hacen posible su potencial triunfo electoral. Y alguien tira de sus hilos: no es otra cosa que mera pieza de un gran guiñol.

Tras haber operado a lo largo de décadas el reparto del Estado, se inicia ahora el reparto de la Nación misma. La disolución de la conciencia nacional ha sido operada mediante la corrupción de la sociedad a través de las redes clientelares. El Partido Popular entretanto ha mostrado en su práctica diaria, tanto en el Gobierno como en la Oposición, ser una organización federalizante.

La división de poderes no existe en nuestro país y las oligarquías de los partidos se entregan sin complejos al expolio y saqueo de la ciudadanía. La discordia ha sido elevada a rango constitucional por el PSOE, con el beneplácito del principal partido de la oposición. Otra consecuencia de haber aparcado la libertad política en la vida española durante las ultimas décadas.

Durante la crisis del Coronavirus estas instancias federalizantes adquirieron una intensa verosimilitud, similar a la de las etéreas entidades oleaginosas que la experiencia espiritista convoca en sus veladas. Los brutales confinamientos, decretados a través de dos estados de alarma declarados ilegales después, sin consecuencia jurídica alguna vinculada a la exigencia de responsabilidades, consagraron de facto la delegación del gobierno de la nación en las comunidades autónomas. Todo en un contexto de lo que denominan los practicantes de neolingua: “cogobernanza”; todo ello con la finalidad explícita de exonerar al gobierno de sus responsabilidades. Las muertes que pueden atribuirse a la mala gestión de esta crisis sanitaria, que aun da coletazos, son cuantiosas posiblemente centenares de miles. Sin embargo el señor Sánchez afirma que todo lo hizo bien y que ha salvado a millones.

El autor analiza a fondo la composición y funciones del Tribunal Constitucional al que considera una almoneda que comercia con lo que debería ser el sometimiento de los poderes del Estado a la Constitución. El papel de este tribunal en el proceso de liquidación de la nación española puede ser decisivo. Pensemos en la cuestión ahora en auge de la enseñanza en español en Cataluña.

La posmodernidad predica un desdén manifiesto a los Principios Generales del Derecho y la costumbre, promoviendo la supremacía del poder legislativo y usurpando el poder constituyente. Legislarrea, expolio del Estado y control de los tres poderes por el ejecutivo son parte del problema español. Los fondos públicos son utilizados, en un formato descarnadamente caciquil agravado, para reforzar y mantener las redes clientelares.

El autor descompone la tendencia federalizadora, una furtiva usurpación del poder constituyente, en tres fases. La primera llegaría hasta 1995 y sería la que denomina autonomista. La segunda es la nacionalista “stricto sensu” que se inicia en el 2006 y cuyo fruto más amargo lo constituye el Estatuto Catalán y la asonada del 2017. De esta se ocupa en exclusiva su libro Golpe a la nación. La tercera, la directamente separatista, viene con la moción de investidura que consagra a Sánchez como Presidente del Gobierno con el apoyo de separatistas catalanes y vascos; incluidos los ex terroristas vascos, introducidos en las instituciones por la necesidad de sus votos.

Las comunidades autónomas han devenido caciquerías con pretensiones de estados federales.

El papel del Jefe del Estado es también analizado en profundidad. Está en marcha una nueva transición para mejor afrontar un proyecto de modernización de España. Pura retorica de las oligarquías extractivas que apoyan al régimen y su decurso, donde la Corona sería el vértice de una Monarquía federal. Felipe devendría así “emperador de caciques”.

Dado el contexto europeo e internacional, la confrontación del mundo anglosajón con Rusia y China está en marcha, la posibilidad de que nuestro país pueda salir airoso de una crisis que preludia un grave conflicto global, muy posiblemente con componentes bélicos desarrollados en suelo europeo, es prácticamente inexistente. Debemos prepararnos como nación para lo peor y lo inesperado. La Unión Europea se descompondrá en breve, como en cierta manera ocurrió con la crisis sanitaria. El reloj histórico nos ha colocado a poco más de un siglo de distancia en el pasado, con una diferencia: al contrario que a principios del siglo XX, en los albores del Titanic, nadie cree ya en su sano juicio (salvo los postuladores corporativos y financieros de la impostura tecnotrónica del “gran reseteo”) en futuro alguno viable posible.

Habrá guerra y lo mejor para España sería no permitir que sus actuales elites la metieran en ese avispero; para ello sería necesario una reconducción drástica de la vida política del país. Es decir: la erradicación de su Oligarquía y de la sociedad civil postiza que se beneficia de sus prácticas extractivas. Junto con el aparato de apoyo burocrático y mediático.

¿Pero cómo, cuándo, por quien? Eso lo decidirá el Destino. Lo dejo a la imaginación de los lectores y a la mayor o menor consciencia que puedan tener estos de de su ciudadanía. Habrá guerra pero podrían paliarse muchos de sus males si el Decisor Potencial actuara con oportunidad, audacia y Fortuna.

Si tu batallón de tanques puede elegir entre una buena autopista o una mala carretera, escoge la mala. Edward Luttwak.