TIEMPO DE CONFUSIÓN

TIEMPO DE CONFUSIÓN

23 de abril de 2024 2 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

La era de la información instantánea.

Desde la batalla de Waterloo en adelante los europeos no hemos hecho otra cosa que vivir a oscuras. GMA

Nuestra auto percepción, tanto individual como colectiva, está sumida en profundas incertidumbres metafísicas. También, en un plano más superficial, el existencial: el de la vida, hay una agitación persistente (¿lo llamaremos Historia?) no por ello menos intensa y efectiva en función de vientos cambiantes de muy distinto origen y calidad. Nos encontramos en la etapa culminante de la retribalización y mutación hacia la sociedad global que incluye, no sólo la “aldea” también el esbozo sombrío del Castillo que desde satélites, entornos virtuales y la perspectiva abismática sobre la materia que alumbran determinados experimentos herméticos preludian el advenimiento de una nueva edad de los titanes.

Hablamos de una cuestión de grado porque sólo en las fábulas utópicas o perennialistas el mundo se percibe como una totalidad significativa, auto suficiente y gozosa, al margen del parecer de sus usuarios y los pequeños detalles. Y como vivimos en un entorno permeado por una demencia creciente, que impregna las derivas más cotidianas, estas fábulas (y muchas otras) van a jugar un papel clave junto con la modificación a la baja de las realidades interiores y tangibles. Si lo llamamos decadencia, acertaremos.

La mayor transgresión de la época consiste en negar la naturaleza de las cosas, nos cuenta Guillermo Mas Arellano en Los deicidas, libro que ando tanteando. No es la primera vez pero la Tecnociencia parece permitir hoy una modalidad casi atlante de este aserto.

El ser humano, en el marco de la civilización occidental, ha experimentado procesos colectivos de desencantamiento y reencantamiento de manera periódica; lo que no significa “predecibles”. De la misma manera que arraiga y desarraiga en su despliegue histórico e imaginario de muchas maneras y en diversos lugares. El Barroco, por poner un ejemplo que nos toca de cerca, se propone como una realidad simbólica sustitutiva de la cosmovisión medieval que culmina con el Renacimiento. Después no llegó el diluvio pero sí lo que denominamos Ilustración. Deus ex machina, esta última, de revolucionarios y contrarrevolucionarios. Las dos hojas de la tijera que ejercen sus tareas de confección de la peculiar papiroflexia que denominamos Modernidad. Y como en el caso de la llegada de los antiguos hebreos a la Tierra Prometida tanto la arqueología material, como la de los saberes, no se conforman en sus hallazgos y consecuentes hipótesis teóricas con simplezas procedentes de mitologías jibarizadas. Es decir, con las ideologías que surgen del deterioro de la religión cristiana. Suponiendo que esta misma, desde el siglo IV, no se hubiera convertido ella misma en fenómeno ideológico.

No estoy tan seguro, como el autor1 de la cita que encabeza esta modesta contribución, que la psicología sea el cristianismo de los no creyentes. Al menos desde un punto de vista que vaya más allá de lo religioso. Lo religioso, tal y como ha quedado y continúa configurado en los últimos siglos, tras la revolución francesa, rige ya los asuntos no sólo de Occidente. Y a satisfacción de todos los que quieren modular la conducta de individuos y pueblos en nombre de las más inimaginables quimeras. Lo religioso, aquí y ahora, sería la cara efectiva, pero no expresada con claridad, de lo político: su subconsciente. Ese “religare”, que se combina desde el siglo XIX en Europa con “lo social”. Para quienes entienden y por buenas razones que lo religioso está conectado con lo sobrenatural, entre otras cosas porque así lo estuvo o pretendió estarlo durante siglos, esto constituye piedra de escándalo. No van desencaminados. El totalitarismo no es la totalidad, es su parodia. Suponiendo que la totalidad, algo muy alemán y filosófico, no sea ya una inversión de la Unidad.

Lo político, entendido a la manera clásica, obviamente anterior al cristianismo, pasa en apariencia a un segundo plano; lo que no significa que deje de existir o no determine el sentido de casi todas las cosas, principalmente las acciones humanas. Solo tras las revoluciones democráticas lo político se entiende como un ámbito polemológico institucionalizado, canalizado públicamente por Constituciones y contiendas electorales periódicas. El loro es, como el ser humano, también un animal de palabra…como el gramófono.

El humanismo cristiano tuvo su tiempo, más de mil años, y al final del camino engendró esto. Esto y el socialismo. Variantes del Nuevo Cristianismo se disputan el terreno. Ambos son procesos en marcha, no un estado esencial ni final de las cosas. También son formas que asume el nihilismo. Este palabro tiene como origen la filosofía alemana (XVIII-XIX), sentido peyorativo, y la política rusa (XIX), sentido positivo al menos para sus primeros y directos usuarios. Con el nihilismo, gracias a la compleja reactivación y modificación del concepto por Nietzsche, el presente ya no es más que pura pérdida. El cuello estrecho de la clepsidra se obsesiona con arrancar pedazos golosos de futuro y borrar bloques ingentes de pasado. Solución: girar sin límite de tiempo, como los derviches.

Sin embargo otra afirmación del autor, la tercera que incrusto aquí, en apariencia ligera y sometida al dominio de “lo actual”, me parece más “verdadera” que las anteriores. Y que me perdone el viejo “cabeza de pólvora” que gracias a las peculiaridades de sus segundos epígonos, los primeros se hundieron con las escenografías wagnerianas del siglo pasado, y a los propios errores de concepto del “hijo del pastor”, ha colaborado ampliamente en la génesis y despliegue del actual pandemónium. La frase es: la espiritualidad del futuro tiene lugar en el C.E.R.N.

¿Andamos varados en las etapas subterráneas del ser (GMA)…que por lo visto nos exige un continuo no poder estar…?

Hemos pasado en España de tener la religión hasta en la sopa, fundamentalmente de “cocido”, a no poder hablar de nada serio sin acompañarlo de generalizaciones, elogios y condenas relacionados con la Ciencia. En el intervalo, durante unos años, tuvimos al marxismo como entremés obligado en el menú. Una lengua abstrusa, rudimentaria y fácil de manejar, adaptada a los usos de criminales y oportunistas de una secta política residenciados fundamentalmente en el ámbito universitario, el periodismo y las artes.

Volviendo a la Ciencia, esta se ha convertido, como mínimo y seguimos con metáforas culinarias, en la guarnición de muchos platos del menú del día que determinan la hoja de ruta de nuestras sociedades masivas, encorsetadas en el Estado Terapéutico y en los requisitos ingenieriles. Por lo demás omnipresentes en nuestra vida cotidiana, donde andamos sometidos no tanto a las máquinas como a los hombres que las patrocinan y sacan partido prioritario de ellas. Todo esto es consecuencia, en parte, de la expansión del lenguaje periodístico, esencial en los regímenes políticos democráticos y no democráticos contemporáneos. La combinación de educación general obligatoria y propaganda genera monstruos, asumidos de manera cotidiana como “ejemplares”. Toda reflexión solo se percibe viable ya como confrontación ideológica, como “guerra cultural”. Nuestro primer Presidente democrático fue director general de Radiodifusión y Televisión y nuestra Reina fue, entre otras tareas periodísticas, locutora de noticias.

La comunicación es, más allá de la onda corta de los barcos, la negación del diálogo y la propuesta del engaño como manera de entender las cosas. El de Tarso sabía de lo que hablaba, y como hablaba, en una época en las que todos serían pronto reducidos a la categoría potencial de fieles. La verdad problematiza, estorba; si Dios, la Sociedad o el Partido lo quieren, no hay duda que sobra. No desde el escepticismo pirroniano sino desde la atalaya de los propagandistas del “gran timonel” del momento. Y aquí es donde se hace necesario, en la etapa de la Mirada del Gusano: la visión de la Tierra desde la Luna o el espacio, que irrumpa como solución, aunque no sea otra cosa que concreción o emanación del estado presente de lo real, lo que se ha denominado: Inteligencia Artificial. Como señala GMA: la hibridación de la subjetividad humana con la capacidad de autorreplicación maquinal así lo exige.

De las extensiones del Hombre a su reconexión, como sujeto posthumano, con el Cosmos…la última frontera.

1 Guillermo Mas Arellano en Los deicidas. GMA