CONFUSIÓN Y TIEMPO

CONFUSIÓN Y TIEMPO

5 de junio de 2024 1 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

Lo político se encuentra sometido irremediablemente a la ideología y la ideología es lo opuesto al pensamiento. Angélica Lidell.

Sigo con la lectura del libro de Guillermo Mas Arellano, Los deicidas, disfrutando de manera crítica su fascinante narrativa sobre las dinámicas del mundo contemporáneo. En este caso, y tomando como punto de partida otro fragmento, donde predominan las referencias a la tecnología y la guerra, esta última cada vez más automatizada incluso simulada, me siento libre para proponer determinados puntos de fuga y discrepancias relacionadas con la creciente irrealidad en la que vivimos confundidos. Un mundo donde la “venerable” Iglesia de Roma, por boca de quien en su momento fuera director del Observatorio Vaticano, el jesuita Funes, declara que los extraterrestres son mis hermanos (2008) Curiosamente el año que dio comienzo la crisis económica, que aun persiste y que ha permitido implementar mucho más cómodamente la Agenda 2030 (2000-2015). Recordar que en 1917, con ocasión del “milagro” de Fátima, para muchos un proto fenómeno OVNI masivo, se consagró Rusia a la Virgen María (1942). Pobres rusos: lo que se les vino encima durante 72 o 57 añitos de “amor mariano”. Con razón la figura del Gran Inquisidor del autor de Los hermanos Kamarazov no era otra cosa que un jesuita y además español. Resumiendo: Alquimia, Simulacro y la Segunda Venida como invocación técnica…

La guerra vuelve a ser un gran negocio, como en la época de los antiguos. El botín y la conquista han sido sustituidos en apariencia por beneficios monetarios que nos parecen más indirectos y lejanos. No debemos confundir los motivos de las guerras, gestionadas siempre por minorías (más concentradas por lo demás que en tiempo de paz), con las estrategias de movilización de las poblaciones implicadas, donde se combinan el adoctrinamiento y la propaganda con la coerción física y fiscal. Y quede claro desde el principio que la guerra de Troya nada tiene que ver con las Cruzadas, aunque algunos cruzados hubieran leído u oído hablar de la manzana de Elena. Los héroes y los hombres no están cortados por el mismo patrón, por mucho que ladraran sobre ello las emisoras nazis, comunistas, japonesas, fascistas y las de las democracias aliadas durante la segunda guerra mundial. Puede ser provechoso para un combatiente, en el plano personal, haber leído la Bhagavad-gita pero tratar de universalizar o convertir en receta general masiva este recurso literario de corte esotérico constituye una obvia y evidente profanación. La alteración del continuo como posibilidad genera otros y exóticos escenarios.

El lector sufre con las numerosas referencias al liberalismo, todas negativas, más aun cuando no se menta para casi nada al comunismo, al fascismo, a la democracia de masas o al nazismo… El liberalismo es un concepto reciente, creado curiosamente en España, que se ha ido haciendo con el tiempo más abstracto y borroso por haber extendido su campo semántico a objetos poco congruentes. Es acusado por Guillermo, a mi juicio de manera impropia en la mayor parte de los casos, de todos los males existentes y probables, reeditando la propaganda de determinada facción católica del siglo XIX español. Un siglo por lo demás, en España, de guerras civiles, donde la verdad recibió el mismo tratamiento que en todas las guerras. El enfrentamiento entre liberales y carlistas lo fue entre católicos que divergían como punto de partida en una cuestión dinástica. Las Cortes de Cádiz (1810-1814), donde se expresó por primera vez el liberalismo español, y no solo el liberalismo, fueron convocadas contra el invasor napoleónico. El invasor napoleónico, que para muchos es el primer iniciador de la conciencia europea contemporánea, incluso para Guillermo, coincidiendo en ello con Hegel, recordar mi cita en el articulo Tiempo de confusión, recibió el Trono de España de mano de sus legítimos monarcas. Se puede decir sin miedo que la nación española surge a la contra de la revolución francesa y del antiguo régimen español. No es fácil aplicar los esquemas maniqueos de la propaganda bélica al conocimiento de las realidades históricas, ni siquiera en el espacio político donde son ya de uso común.

Todo el que vive las realidades políticas bajo las propuestas mutables de la propaganda está condenado a confundir la simulación con la realidad. Una de las características básicas de la posmodernidad. Más aun en la época de un nuevo conflicto bélico generalizado, ya en desarrollo, con la impronta evidente de una guerra civil mundial similar a la que se desarrolló entre 1939 y 1945. Prolongación obligada de la Gran Guerra iniciada, no en 1914 sino en 1912, por las guerras balcánicas y de la mano negra de la Rusia zarista. Gran parte de lo que vivimos es fácilmente inteligible como parte de una vasta e intensa campaña de subversión comunista, como recientemente ha explicado en un excelente artículo Ayaan Hirsi Ali.

No podemos confundir al soldado con el guerrero. El guerrero en la época contemporánea se siente extremadamente pacífico y sólo se aleja del pacifismo por el tufo activista que en él percibe. La cuestión para él, con relación a los conflictos, no es ya quien es “amigo o enemigo” sino la precaución de no caminar con bobos a su lado. Muchos de esos bobos en el pasado eran compañeros de viaje de los totalitarismos, entre los cuales no cabe duda se encuentran, para los espíritus lúcidos, lo que se ha dado llamar entre nosotros, aquí y ahora en el siglo XXI, las “democracias”.

La guerra se ha hecho obviamente más sofisticada en la época de la tecnociencia y el libro de Guillermo hace hincapié en ello. Ya la presencia de la pólvora, las armas de fuego o la artillería dieron al traste con estrategias milenarias para resolver los conflictos sobre el terreno. Las legiones romanas no tuvieron problemas para derrotar a la falange macedonia. Y todas estas cosas no requirieron del liberalismo para nada, que llegó mucho después y trató siempre de resolver las cuestiones, quizá por ser un ideal político vinculado estrechamente a lo mercantil, de manera pacifica. Y esto es a veces correcto y otras no. Roma trató de asentar su imperio en las legiones y cuando llegó el momento todo se desmoronó como un castillo de naipes, en la zona occidental, por los altos costes militares que parasitaron la sociedad romana y la degradaron convirtiéndola en una tiranía burocrática. El tinglado no pudo ser salvado con la adopción del cristianismo como religión oficial. Seguramente fue un factor inocuo, ni siquiera una subversión. Suena feo pero son los propios contemporáneos del evento, que duró siglos, los que han dado testimonio de como se derrumbó aquel mundo y las similitudes con la actual Unión Europea son inquietantes.

También se hace demasiado hincapié en la usura. Y digo “demasiado” porque la usura es una viuda de edad provecta, mucho mas que el liberalismo, tan antigua o más que la buena conciencia de quienes la condenan mientras la practican. Roma hizo descansar en ella su vida económica, antes de escoger el dirigismo burocrático y colapsar ante los bárbaros convertida en una tiranía fiscal. La usura no son los Asuras. El dinero es antiquísimo y universal y ha sido objeto de numerosas actitudes condenatorias, en general hipócritas, en todas las sociedades incluida la muy idealizada Cristiandad medieval. Los Templarios mismos fueron banqueros innovadores, que trabajaron instrumentos peculiares de crédito, y esto les costó la vida. Sin Tesoro no hay Reinos, ni repúblicas, ni hogares. “Economía”, tan despreciada y odiada por gente que no sabe de lo que habla, significa la norma del hogar. Oikos Nomos. Y claro, las guerras cuestan dinero y se hacen con y por dinero…Sustituye querido lector “dinero” por “riquezas”…ayer, hoy y mañana. Todo ello compatibilizado con los ideales más nobles, supuestamente espirituales. Con toda la panoplia de sublimaciones y desvíos que uno quiera añadirle. Hoy el dinero como todo se va desvaneciendo en algoritmos. Se pone la mesa para la ultima cena del mundo que tratará de hacerse pasar por una Segunda Venida…

¿Estoy defendiendo la plutocracia? No. Pero no me llamo a engaño con las grandes palabras que condenan el materialismo, el consumo innecesario, etc para luego hacernos llegar sus propuestas de organización económica. En general crudos sistemas burocráticos autoritarios, cuando no totalitarios, dirigidos por los más mendaces ideólogos. Atención al peronismo y sus últimos desarrollos o coletazos, fundamentalmente los que llegaron, tras la muerte de Perón, en el siglo XXI y la posteridad del XX. Con ellos convivimos en España desde hace dos décadas. Un régimen corporativo ejemplar, enemigo de los mercados y “amigo” de los trabajadores y los desheredados…Bendecido, claro está, por el Vaticano y “Black Rock”.

La globalización convertida en un “deus ex machina” es seguramente una etapa transitoria, un intermedio para un mundo venidero que nos resulta cada vez más inescrutable. El “gran encuentro con el otro” del que habla Guillermo, el advenimiento de las IAs y el flujo de información ilimitada que las posibilita, incentiva la incomprensión generalizada. Todo muy parecido a lo que pasaba por las cabezas de los contemporáneos a la llegada de Alarico. Tanto la socialdemocracia liberal como la “extrema derecha”, que tanto teme la primera, no son otra cosa que un juego de espejos. La dejadez de los pueblos, devenidos urbanitas sometidos al Estado Terapéutico, y la decadencia de las élites, cuya incapacidad e impotencia son directamente proporcionales a su confianza en la Tecnociencia, parecen alumbrar un probable periodo de caos cada vez más cercano. Caos o algo peor: un falso remedio. Ese tipo de caos que genera orden para quienes lo modulan y aprovechan. Ese Novaceno que sucederá al Antropoceno, según la grotesca visión compartida por muchos tecnólogos seguidores de Lovelock y Greta. Un estar regido por maquinas inteligentes y benévolas: todos vigilados por máquinas de amorosa gracia… Eso es, al final, lo que hay tras el perennialismo, al que está adscrito el repulsivo musulmán Carlos III: una arcadia concentracionaria repleta con marionetas. Financiada en gran medida por los países musulmanes.

La iglesia, que siempre está atenta y ha sobrevivido a muchas cosas por no dejar traslucir casi nunca sus intenciones, ha modificado recientemente su tratamiento de los fenómenos sobrenaturales. Como es una burocracia que nunca duerme, como los dragones, esto tiene lugar mediante el establecimiento de nuevas directrices que determinen como deben ser asumidos los fenómenos sobrenaturales que puedan afectarla. Apariciones marianas, milagros, Ovnis (?) etc. La solución ha pasado por sustraer a los obispados estos asuntos y, en nombre de los abusos del pasado, proponer un nihil obstat para la mayor parte de los fenómenos que puedan caer bajo esta denominación de origen. La iglesia no se pronuncia y la gente puede adorar lo que desee. Para declarar el fenómeno sobrenatural decide finalmente la burocracia vaticana.

Un ideal milenarista desacralizado parece llegar a nosotros desde la ONU o Davos. Su motor no es ya la ideología del progreso sino propuestas corporativas de gerencia cósmica planetaria, enmascaradas de amor al planeta, poniendo para ello en marcha un proceso brutal de decrecimiento. Los afectos son mucho más tenues en los campos de concentración que en las sociedades económicamente desarrolladas y en crecimiento. La pobreza, más aun la que se te viene encima, no te hace mejor. Ser pobre no es una austeridad consentida sino una esclavitud en marcha.

La acción creativa muestra curiosas divergencias en los espacios de Oriente y Occidente. La recepción del capitalismo en Oriente da ejemplo de ello. El exceso material es malo, signifique lo que signifique esto, tanto para Klaus Schwab como para Guillermo Mas. Allí donde coincide el pensamiento impolitico con esa fuente de desvaríos que se ha dado en llamar metapolítica, otro cajón de sastre, no está precisamente lo que salva.

La razón instrumental es mucho menos inhumana en su aplicación cotidiana que la razón dialéctica y los postulados para catetos de la movilización total. Procedimiento nacido con la revolución francesa y que tanto parece gustar a los seguidores del conservadurismo revolucionario posterior.

Lo que está claro es que la resolución de todas estas cuestiones epocales no será pacífica o, para ser más precisos, las nuevas generaciones tendrán que tomar el rábano por las hojas para evitar la pacificación y domesticación tecnocientífica que proponen nuestras saturnales élites. Para ello han convocado una piara de técnicos y titulados universitarios que se han disfrazado de filósofos platónicos y neopitagóricos. Última etapa de la carnavalización del mundo.

Serán los niños de hoy los que decapiten, y erradiquen, las quimeras inventadas para un falso mañana elaborado en laboratorios de pensamiento con el nihil obstat de las más viejas y degradadas escolanías.

Donde se encuentran y solapan los cyborgs y los minaretes…