LA TRAICIÓN DE LOS EUROPEOS

LA TRAICIÓN DE LOS EUROPEOS

5 de marzo de 2024 0 Por Ángulo_muerto
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Iván García Cantero

Por pendular o cíclica que resulte la historia al más elemental análisis en perspectiva, lo cierto es que hoy trastabillamos en un desfiladero que llevaba sin transitarse quince siglos. Digo así porque la civilización occidental nunca ha tomado respiro de amenazas bélicas, pero solo una vez había quebrado desde dentro por la podredumbre de sus junturas: Roma fue una tarasca que de milagro salió viva en aquel mal viaje, pero encontró su casa enseñoreada de extraños cuando se despertó de la mona… Extraños que venían del norte en lugar del sur, eso es todo. Como dice el relato apocalíptico, la bestia fue aprehendida y encerrada, pero a los mil años le tocaba soltarse de nuevo, de modo que la historia se repitió en Bizancio; y mientras los turcos se acomodaban en la ciudad, los depuestos principales debatían sobre el sexo de los ángeles, esto es, tuvieron la primera conversación sobre teoría queer de la historia, no creo la convergencia de acontecimientos fuese pura coincidencia.

Y es que nuestros tiempos son lúgubres para el alma; con todas las calzadas saboteadas, apenas puede circular ya si no es por las vías férreas del Estado. Tras décadas de siniestro y delicado trabajo, los políticos que se dicen progresistas han conseguido desterrar el conocimiento de las aulas en favor de falsas competencias novedosas, dejando a todos inermes de criterio propio, de modo que ni los universitarios de disciplinas humanísticas tienen ya, en general, comprensión lectora suficiente como para asimilar prosa compleja o textos técnicos elaborados. El disco duro está vacío, y la memoria volátil se nutre en los mentideros de las redes sociales, que como la leña de pino, prenden con mucho chisporroteo y se consumen en seguida; la utopía plutocrática en la que los peatones no tienen certezas ni asideros y el poder político es fuente de verdad. No es casualidad que los herederos de Fu Manchú hayan liberado primero de todo y de manera gratuita el uso de potentes inteligencias artificiales con capacidad de suplantar voces y manipular imágenes, popularizando la posibilidad de fabricar bulos, con el único objeto de hacer recelar a la opinión pública de la información independiente que se perfunde entre el discurso oficial, el llamado periodismo ciudadano o simplemente denuncias en vivo que hace cualquiera compartiendo vídeos que ilustran la realidad.

En este contexto, el mundo necesita recursos que vayan más allá de monográficos candentes o meras recopilaciones de las tropelías gubernamentales. Se hacen imprescindibles obras como La traición de los europeos, de Guillermo Mas Arellano, en la que poner en perspectiva cómo el viejo continente, que en algún momento fue referencia para el mundo, se ha convertido en el pudridero que perfila Houellebecq en todas sus novelas. Europa es una heroinómana con la chuta colgada, que se deja morir de pereza mientras fantasea que vive en el mundo ideal; pero también el tentadero donde los mesiánicos más siniestros prueban los diferentes cornúpetas con los que tratan de exterminar la cultura occidental, pues nuestra decadencia económica y fragilidad fronteriza nos hace muy asequibles de comprar o de diluir. Tienen el problema de que en el este ya están todos toreados y no atienden a los trampantojos; no lo pensaron bien cuando expandieron hacia allá la UE, pero es que allí a Rusia la odian todavía más.

Mas, por supuesto, plantea su propuesta sobre la identidad de Europa y las claves de su supervivencia, haciendo un retrato mucho más allá de la terna fundamentada en la religión cristiana, la filosofía griega y el derecho romano: coloca sus orígenes en arquetipos anteriores y otras dimensiones culturales y espirituales que también intersecaron para marcar el devenir a partir de la Edad Moderna, reivindicando una suerte de neo-perennialismo ortogonal con una evolución del pensamiento hacia lo prosaico, volátil y materialista. Resultaría imposible, además de tedioso e inútil, tratar de sintetizar todo el pensamiento y referencias que el autor trata de plasmar en un libro tan ambicioso y ecléctico. Sin embargo, y aunque el lector pueda dejar de compartir muchos de sus puntos de vista, los planteamientos resultan igualmente de interés para cualquiera que desee aprender, revisar o abrir campo acerca de la identidad de su propia casa. También, por supuesto, constituye un legado para dotar de un corpus de combate, de un conjunto de referencias fundamentales para construir discurso en cualquier espíritu que guste de tener voz propia y una exploración de la vida a la buena de Dios.

La traición de los europeos es, pues, un antídoto para el embrujo en el que se precipita nuestra sociedad desde hace décadas, incapaz o avergonzada de reconocerse en un espejo, presumiéndose en la vanguardia de una cosmogonía que lleva al extremo el llamado pensamiento crítico, cuando en realidad está dispuesta a plegarse y aceptar cualquier visión exógena del mundo por pura cobardía y complejos.