LO QUE HAY QUE TENER

LO QUE HAY QUE TENER

3 de septiembre de 2023 0 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

El numero 21 de la revista Delirio, desde sus comienzos una publicación elaborada en su totalidad (selección de materiales, maquetación, editorial y algunos comentarios, artículos e introducciones) por el genio y trabajo incansables de Francisco Arellano Selma (1953-2022), con la colaboración imprescindible de la que hoy es su viuda, doña Amparo Nieto Bort, me es especialmente querido, entre otras razones por el generoso obituario que escribe Pedro García Bilbao sobre quien fuera un buen amigo común: Carlos Sainz Cidoncha (1939-2018)

Fue entre el 72/73 cuando José María López y yo conocimos a Paco, en el contexto de nuestro primer contacto con el asociacionismo relacionado con la ciencia-ficción. Por aquel entonces las reuniones se hacían bajo el paraguas del club CCC (Centro de Cultura por Correspondencia), que generosamente cedía un local para reuniones de amigos de este genero literario. En aquellos tiempos lejanos, los setenta, contaba con más lectores de los que se piensa pero con escasos “fans” motivados. Francisco Arellano era uno de ellos y nos introdujo amablemente al embrión de lo que con el tiempo sería la Sociedad Española de Ciencia Ficción de Madrid. Allí conocimos a Carlos Sainz Cidoncha, Jesús Gómez García, Agustín Jaureguizar (Augusto Uribe), José Antonio Salcedo, José Luís Collantes, Ángel Abella, Carlos Reñé, Fernando Pérez Fuenteamor y muchos más que no cito porque esta es solo una breve reseña. Con los dos últimos mentados Paco haría pronto un fanzine. Nuestra amistad y afición se mantuvieron incólumes, con intermitencias debidas a circunstancias vitales diversas, hasta su fallecimiento. Fallecimiento provocado en gran medida por la inoperancia criminal de nuestro sistema de “salud pública”. Sistema con graves deficiencias, ocultadas durante años por la propaganda gubernamental y que mostró su auténtico rostro con la crisis del coronavirus.

Carlos Sainz Cidoncha era por entonces un personaje netamente “falstaffiano”, tremendamente vital, muy simpático y gran erudito. De profesión meteorólogo, acababa de regresar de Guinea Ecuatorial donde había vivido varios años. Con el tiempo se convertiría en uno de los autores más significados del “space opera” español. Lector inveterado por entonces de materiales franceses aun recuerdo como nos hablaba entusiasta de alguna que otra obra de Stefan Wul (1922-2003). Sería el autor, si mal no recuerdo, del primer libro escrito sobre la Historia de la ciencia-ficción en España. En aquellos tiempos el género, para sus lectores, estaba presidido por el sentido de la maravilla (wonder effect) y por una curiosa y peculiar enemistad hacia el mundo de la Ufología: los platillos volantes.

Pasemos ahora a comentar brevemente el resto de los contenidos porque este número concreto está lleno de tesoros. Tenemos dos narraciones de ciencia-ficción obra de dos maestros norteamericanos de la Edad de Oro: una de Keith Laumer (1925-1993) y otra de Clifford D. Simak (1904-1988). Inmejorables. La primera versa sobre una máquina bélica inteligente y sus vicisitudes de combate desarrolladas en un lejano planeta, en una guerra abstrusa; la segunda, una narración magistral no menos frenética e ingeniosa, gira sobre las aventuras de un trío de científicos que viajan al pasado remoto de nuestro planeta en una máquina del tiempo de su invención para…¡fundar una república! La de Laumer de 1960 y la de Simak de 1955. La ciencia-ficción con la que curtí mi gusto a los 13 o 14 años y que cincuenta y tantos años después me sigue provocando el “efecto maravilla”. Paco era un furibundo partidario de esta variante del género. Por descontado que no hay personaje femenino alguno en estos relatos, en la primera tampoco masculino.

Tres narraciones de un muy joven Robert E. Howard (1906-1936), contaba con 17 años cuando las escribió, inspiradas en un cómic protagonizado por un detective similar a Sherlock Holmes (Hawkshaw), constituye una de las tres aportaciones relacionadas con la historieta que el lector puede disfrutar en este número. Gus Mager (1878-1956) de ascendencia alemana, creó este personaje para The New York Herald en 1913. Esta etapa histórica, las primicias del siglo XX, coetánea a la primera guerra mundial y al periodo de entreguerras, tanto con relación al cómic como a la literatura popular norteamericana, es especialmente interesante; los contenidos no son aún estrechamente masivos y sí estrictamente populares, resultando por ello muy curiosos y casi exóticos desde el punto de vista antropológico y estético para el lector contemporáneo. Obviamente Paco, que cuidaba minuciosamente el aspecto formal, incluye unas cuantas tiras. La segunda aportación relacionada con el cómic es una narración literaria satírica, perteneciente a la “fantasía heroica”, obra de Bruce Jones: ilustrador, novelista y guionista de reconocido prestigio. Como Tarzán volvió de nuevo a Opar, selección de ilustraciones de uno de los héroes que mas admiraba Paco, junto con una nota autobiográfica del propio artista, Tom Yeates, especializado entre otros temas en los personajes de Edgar Rice Burroughs (1875-1950), es el plato fuerte de estos tres materiales relacionados con lo gráfico. Francisco Arellano era un conocedor y degustador contumaz, y erudito, de tebeos, llamémoslo por su nombre, y nunca olvidaba en Delirio dar a conocer a sus lectores alguna pieza selecta sobre esta temática.

El terror está presente con una narración de Max Pemberton (1863-1950), la poesía con aportaciones de William Morris (1834-1896) y Dante Gabriel Rosetti (1928-1892). Paco jamas olvidaba estos géneros, Delirio era un autentico microcosmos que recapitulaba en sus páginas el Todo. La colaboración española de este numero le corresponde a Pompeyo Gener (1848-1920), catalanista feroz que sin embargo acierta de plano cuando habla de Madrid en un texto sarcástico-satírico-futurista escrito hace más de un siglo: habla mal y acertarás. El título no puede ser más significativo: La coronada villa tentacular. Cierto que Barcelona no está hoy mejor que Madrid pero esto es ya otra historia…

Uno de los platos fuertes de este número 21 es la narración de Abram R. Paley (1893-1995): La corriente del Golfo. Seleccionada sin duda para mejor homenajear y acompañar al obituario de Carlos. Las ideas políticas de este ultimo eran motivo, en ocasiones, de chanza y debate con Paco. Esto jamas enturbió nuestra amistad con él, aviso. La corriente del Golfo es una fantasía delirante escrita en 1927, donde se refleja un futuro escenario de conflicto bélico definitivo entre capitalismo y socialismo. Este último en una versión soviética idealizada, extendida ya a Europa entera. Prefiero no desguazar el argumento porque Paley fue un narrador de gran eficacia y seducción que consigue autenticas intensidades con un texto de marcada factura alucinógena y escatológica. Paley fue uno de los grandes paladines de la ciencia-ficción soviética y pasó nueve meses en el Gulag por criticar a Lysenko (1898-1976). Afortunadamente Stalin (1878-1953) murió en ese intervalo y pudo salir indemne.

En la sección final, dedicada a críticas, la sección denominada “Estudio” destacar un texto de Amado Nervo (1870-1919) sobre la cuarta dimensión y una fascinante y autobiográfica aportación de Gustav Meyrink (1868-1932): Mi despertar a la videncia. También hay información en condiciones sobre el Festival de Sitges de 2017.

Para culminar esta recensión del número 21 de Delirio vamos a prestar atención a sus primeras páginas, que hemos deliberadamente dejado para el final. Uno de esos curiosos e imprescindibles Editoriales con los que Francisco Arellano daba comienzo a cada número. Esta vez incluye hasta tres textos: el Editorial propiamente dicho, de enfoque “kipliniano”, Lo que hay que tener. Otro, adyacente, sobre cuestiones del momento: Aberrante actualidad, dedicado a la superstición, hoy dogma, de ajustar el lenguaje a las memeces de la secta feminista. Luego se convertiría en titulo de una serie de aportaciones críticas sobre el infierno en el que comenzamos a vivir gracias a nuestra preclara clase política publicadas en red. También hay unas “Cartas de los lectores”. Y aquí termino, con una cita de Paco sacada de uno estos textos que merecen ser leídos, como el resto del numero, con tranquilidad y en soledad.

Es mejor ser imitado que imitador. Ser despreciado que despreciable. Ser envidiado que envidioso. Porque las cosas por mucho que os empeñéis no son como queréis que sean, sino como realmente son. Por eso mismo, cada mañana, tenéis que levantaros, lavaros un poco la cara, miraros al espejo y preguntaros, solos, sin que nadie os oiga, sin que nadie endulce la penosa verdad: “¿tengo lo que hay que tener?”.

DELIRIO

Ciencia Ficción y Fantasía 21

La Biblioteca del Laberinto S.L. 2018