LAS LUCES DEL SIGLO

LAS LUCES DEL SIGLO

13 de octubre de 2022 3 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa, el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.

“Manifiesto comunista” (Londres, 1848)

El ferrocarril en España (Cataluña) y el feminismo, este último en Seneca Falls (USA), también vienen a la vida en este año de gracia chino del Mono. La “revolución”, un concepto extraido de la Astronomía, acude en auxilio de los ilustrados para postular como novedad absoluta y fundadora “el más de lo mismo”. La verdad gatopardesca de solicitar cambiarlo todo, para que nada se desplace un milímetro de la superficie escogida para lanzar los dados, se convierte en un imperativo categórico; sobre todo con relación a los fenómenos asociados a la dominación. La época de la hegemonía burguesa, donde aún habitamos, consagra el periodismo como vehículo privilegiado de difusión y estructuración de los acontecimientos; no muy distinto es el conglomerado de saberes (y su expresión) asimilado bajo el esperpéntico palabro: “educación”.

La Edad Media es a la Teología y a la Catedral, lo que la Modernidad es a lo que designa como Prensa (IV Poder) y Parlamento. Nacen las religiones políticas, las de siempre se “socializan”.

La Inteligencia Artificial, concepto elaborado paulatinamente a partir de los años cincuenta del pasado siglo, cuenta con antepasados tan meritorios como Ada Lovelace (mujer) o Alan Turing (gay) y se ha ido materializando, transformándose en un Intangible de nuestro tiempo tan relevante o más que el comunismo. Hay algunas divergencias de fondo con su ilustre y genocida antepasado. Todos: incluidos el Papa y el “zar” Putin, el nuevo Reino Medio, la Francia del “patriotismo constitucional” y la Europa del “softpower”, todos, repito, también los inefables orientalistas lamaicos, los musulmanes (pioneros hoy de la robótica antropomorfa), las tribus germano-verde y “new-ager” cantan sus méritos. Abrazando entusiastas la digital ponzoña con sus imperativos de conexión, homogeneización y fluidificación universal. Una subjetividad difusa, flotante y sin sustancia, lo envuelve todo a la manera de un ectoplasma… como dijera hace quince años Baudrillard (1929-2007).

Ha transcurrido la friolera de más de 150 vueltas, en torno al astro rey, en el espacio que media entre ambos acontecimientos; y las expectativas de progreso, generadas en el siglo XIX, comienzan a dar frutos tangibles. No todo iban a ser guerras de exterminio, provocadas por el sector cuaternario de las economías, ni bienestares de pega diseñados para domesticar y lubricar las anteriores.

Uno de esos frutos, que quisiéramos no intencionado, es una regresión cognitiva y social generalizada; provocada precisamente por “los avances”… Para ser más precisos, desde la conjetura, nos encontramos con una primitivización programada desde la cúpula de las sociedades dirigidas por los hijos bastardos de Voltaire (1694-1778). Una hoja de ruta que deja asomar, entre sus designios y prácticas, mientras se escenifica en tiempo real, la presencia recurrente y enigmática de credos religiosos arcaicos. Desvaídos, tergiversados, neblinosos… pero no por ello menos significativos e inquietantes por su anacronismo. Al final la sociedad global va configurándose como una reducción jesuítica de corte planetario. La forma básica de la errancia de los cuerpos cósmicos sumidos en trayectorias casi circulares. De la Caverna a la Jaula pero siempre “en el mismo barco”…

Del mismo modo que puede ser paradójico para muchos ver como el comunismo comienza a difundirse masivamente desde el, por entonces, más capitalista de los terruños del planeta (Inglaterra) y su correspondiente metrópolis (Londres), resulta interesante encontrar también ciertas conexiones “simbólicas” en los orígenes de la Inteligencia Artificial. El comunismo es más antiguo, no obstante, que quienes lo formatearon en un panfleto de 23 páginas que contiene las características situacionales y autoriales de un símbolo significativo; habremos por ello de buscar algo similar / divergente relacionado con la Inteligencia Artificial. Y vamos a encontrarlo, sigan la luz de mi linterna, la sala de proyección está muy oscura, en una película de comienzos del siglo XXI.

Pero antes, una interrupción para “visitar nuestro bar”.

¿Cómo será una sociedad en la etapa socialista anterior a la etapa final comunista?, ¿se asemejará a las novedades que ya se proponen y materializan en la Norteamérica del siglo XXI desde los espacios corporativos de su Costa Oeste?, ¿aprenderá el ser humano a trabajar con los robots, para mejor asimilarse a estos, como propone en un articulo publicado en 2018 en Foreign Policy: Molly Kinder?

En Seattle, capital del deshecho, Jeff Bezos ha establecido un programa piloto de comercios completamente automatizados sin atención humana alguna: Amazon Go. Todo funciona mediante cámaras y una “app” que se descargan en sus móviles los potenciales compradores. Obviamente la autora del articulo vierte lagrimas de cocodrilo ante los temores, más que justificados, por la pérdida de millones de empleos. “El progreso tecnológico crea ganadores y perdedores”; “las economías más avanzadas…”; “impacto positivo sobre la productividad…” y lo de siempre: “habrá más trabajo en el futuro pero serán otros trabajos, en otros lugares…”

La automatización y el uso generalizado de la Inteligencia Artificial requerirá trabajos creativos, complejos, cognitivos e interpersonales. Las sociedades industriales serán mucho más vulnerables a este proceso que marca la introducción y hegemonía del dataísmo en la organización y configuración de la civilización. Cuando Harari dice que sobra gente habla desde esta perspectiva “managerial”. Una ilustración muy lograda, digna de los “pulps” de los años 20, acompaña al articulo: una imagen futurista de trabajadores operando en una factoría ultramoderna; en un lado los seres humanos y en el otro, dispuestos de manera simétrica, los robots. Todos vestidos de rojo, todos cooperando marcialmente en una misma tarea, cada grupo orientado en la dirección opuesta…

Reeducación masiva, adaptación, aprendizaje de nuevas actividades laborales, cambios en los sistemas educativos e implantación, para favorecer la transición, de “la renta básica”…Usen su imaginación, por favor.

El estado de alarma COVID y la guerra fabricada en Ucrania favorecen el desplazamiento en dirección al Gran Reseteo. Una tiranía universal basada en los usos mas variopintos e intrusivos de las Inteligencias Artificiales emerge. Atención a China comunista y su política continuada de confinamientos para extirpar el virus; atención a los usos cada vez más distópicos del “crédito social”. La UE está en esta constelación gracia a la excrecencia germánica, nuestra China particular. En Rusia, con la excusa del COVID y no digamos ya con la guerra de Ucrania, está amerizando un totalitarismo peculiar vinculado a la vigilancia biométrica.

La Sombra de Esalen y Leary (1920-1996) son alargadas…la “pesadilla de aire acondicionado” de la que hablaba Henry Miller (1891-1980) requería de la contracultura para su consumación…LSD y “abejas de cristal” van en la misma oferta…Todos en el mismo barco, bajo un estado de excepción permanente, rumbo a la noche pelirroja…

Los acontecimientos de Septiembre de 2001, difuminados cuando no borrados por la configuración mediática de estos como simulacro transmutado en arquetipo, oscurecieron el impacto y la difusión de una película significativa que cobra hoy, 22 años después, un sentido ominoso. Estaríamos no obstante en 23 si iniciamos la cadena con el acontecimiento Y2K, “efecto 2000”, otra farsa que provocó una alarma global generalizada difundida masivamente por los «mass media» globales. Somos conciencia planetaria porque tenemos miedo y lo tenemos porque se nos engaña, e incentiva tenerlo, desde altavoces y pantallas. Se “acerca” un apocalipsis sintético fabricado expresamente para nosotros…hagan sitio para él en su subconsciente. Hay que salvar la Tierra…

Aquí, y así, da comienzo el siglo XXI. https://museo.inf.upv.es/univac2/ (Universal Automatic Computer) vela por ustedes.

La película: A.I. Artificial Intelligence, dirigida por Steven Spielberg, se estrenó en junio de 2001, entre Y2k y el 11S. Fue concebida por Stanley Kubrick (1928-1999) en 1977 tras El resplandor. Pero ante la dificultad para que el protagonista, un niño artificial, fuera encarnado por una imagen computerizada de síntesis, se fue retrasando todo hasta las inmediaciones de los 90.

El guión fue completado por Ian Watson en 1991 pero en 1995 Kubrick, que seguía descontento con lo que los avances tecnológicos podían aportar a la encarnación de su idea, entrega la película a Spielberg.

Dos creadores, tres guionistas (Aldiss, Bob Shaw, Watson). El film empieza con una sesión en la que el fabricante de robots, un científico prominente, interpela a sus colaboradores sobre la posibilidad de conseguir construir una criatura artificial antropomórfica capaz de amar. En 1999 fallece Kubrick, uno de los dos demiurgos: el originario, y se pone en marcha el rodaje. Kubrick por su parte, muere repentinamente una noche, y no podrá asistir al estreno de Eyes Wide Shut.

Kubrick entra en el mundo del cine en 1951, la misma fecha en la que se pone en marcha a UNIVAC. Y aunque la base del guión es una variante de la historia de Pinocho, flota sobre toda la película el aroma del film de Ridley Scott, Blade Runner (1982), y de su inspirador: Philip K. Dick (1928-1982)

El primer creador renuncia a su obra por no poder disponer de los medios que considera adecuados para dar “vida” a su personaje. Al que considerar como una metáfora de un potencial relevo del hombre no es especulación errónea. El segundo creador tira para adelante y coloca a un niño real, absolutamente pestífero, en el papel de marras. No cabe duda que el “hombre de las postrimerías” desarrolla sus dotes de oveja eléctrica sumiéndose en éxtasis a través de estos engendros fílmicos insertos en un imaginario elaborado en la trastienda por publicistas y manipuladores. Allí encontraremos las fuentes de una nueva mitología. En este caso concreto: las fantasías transhumanistas, por entonces denominadas “extropianismo”, de una vida prolongada, cuando no ilimitada; de la posibilidad prometeica de gestionar una inteligencia artificial autónoma de corte antropomorfo, que en muchos aspectos resulta moralmente superior a su variante de carne y hueso, etc.

Empatía de bajo voltaje cognitivo y moralina muy rudimentaria, los signos de identidad de gran parte del cine de Spielberg que oscila entre el infantilismo y la subnormalidad. Todo ello sintoniza perfectamente con la regresión a la que nos referíamos al principio. Piensen en Greta…No podía faltar en el film un entorno, no muy bien explicado, de cambio climático extremo (Nueva York inundada es la sede del proyecto de creación del “autómata elegido”) que culmina en un mudo helado ausente ya de seres humanos donde máquinas muy sofisticadas, que tomamos por extraterrestres, generan ambientes casi perfectos de simulación, como en el film 2001…, para los “remanentes humanos”.

La película muestra un procedimiento de crionización exitoso que posibilita despertar a un niño para poder curar su patología con una prótesis mecánica. También muestra una lucha soterrada, caricaturizada, entre los cyborg antropomórficos y los humanos. Tanto las ruinas de Nueva York (sumergida) aún completa con sus Torres Gemelas, como la inmersión del personaje central en despojos más profundos, el viejo Parque de Coney Island, añaden fuerza arquetípica a la trama. Haciendo más densa para el espectador la noción de tiempo transcurrido. Predominio continuado de imágenes lunares, luminosamente muy intensas y por ello distorsionadoras, y demonización de la cultura norteamericana popular real. La clave de bóveda de la ideología de las elites que han ido apoderándose de este país desde los años setenta. ¿O fue tras la guerra con la operación “Paper Clip”?

La sustitución de los trabajadores no especializados por las máquinas es solo la punta del iceberg de un relevo paulatino, pero no por ello menos contundente, de lo biológico por lo artificial. La “golemización del orbe” mediante la conexión de todos, vía nanotecnología o biochips, a una Inteligencia Artificial es ya un designio político público.

Si queremos “salvar al planeta” debemos ir de buen grado en el mismo barco, conectados a la subrutina de la música de las esferas…sin embargo a la doble vida corresponde una doble muerte.