ORTEGA BLÁZQUEZ AHORMA IMPARANGONABLES DESAZONES EN “EXTRAÑAMIENTO”

ORTEGA BLÁZQUEZ AHORMA IMPARANGONABLES DESAZONES EN “EXTRAÑAMIENTO”

28 de mayo de 2022 1 Por Ángulo_muerto
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(Manuscritos, 2022)

Diego Vadillo López

Regresa a la versificación Jorge Ortega Blázquez blandiendo un poemario henchido de anchurosas piezas en que se anega una honda y existencial desazón. No en vano, tamaña amalgama de angustiosas cuitas en pocas mejores hormas puede ser cumplidamente contenida.

De estirpe barroca, en sus dimensiones formal y discursiva, Ortega Blázquez reviste suntuariamente la debacle interior, un entorno, el intrínseco, que atesora dones en ingente cuantía con los que sobredorar cualquier cuita suscitadora de ser desahogada mediante literarios rudimentos. Tal cosa es constatable en el libro al que aquí nos referimos.

Un conspicuo acervo culturalista escolta, a modo de eminente séquito, a cuantas existenciales aristas tiene a bien ventilar nuestro vate. Emprende un viaje lírico Jorge Ortega en el que hace el esfuerzo de sorprenderse-sorprendernos con unos parajes, los metabolizados en carne viva en el libro, presentados como ignotos pese a lo vivencialmente trillados. Ara terrenos ya explorados Ortega Blázquez si bien ahora con dolobre de estremecida sublimidad.

Que la vida moltura nos parece manida consigna. No es lo que justamente aquí viene a señalar Ortega: este toma determinadas evidencias en aras de erigirlas, de manera elucidadora, en mimbres de un producto poético que, por ello, es algo más que eso, pues la sustancia que lo habita lo determina, y en tal empresa, el embrujo de la “dispositio” marca una conmovida impronta.

Desconcierta Ortega palabras y estructuras sintácticas. En tal desempeño se muestra pujante nuestro bardo. No nos expone este su desarraigo y/o desesperanza desvaídamente; muy al contrario, maneja hipérbatos extremos (“estas de primavera aún no nacidas ráfagas”) y arrebuja y abigarra los metros logrando, pese a ello, la alquimia de una suave fluidez versal. Sus versos se revelan lábilmente berroqueños (o a la inversa).

Se maneja nuestro poeta en un desbordantemente emburujado petrarquismo mediante el que consigue conformar un microcosmos en el que hallará cabida cualquiera que tenga a bien asomarse a tan impactante orbe lírico.

Toma Ortega de los formalistas rusos el concepto que da nombre a su libro no solo para atribuírselo a la poesía como la fundacional de sus convenciones, sino también a la vida toda en rededor, pues es su talante el de quien se sorprende a cada paso lo mismo con la belleza que con la ignominia, aunque no lo exteriorice, pues la procesión… ya se sabe.

Un poema delicioso de este libro es “Puro instante”; en él Ortega teje una pieza en la que recreándose en un instante de vital delectación avizora parajes internos y extrínsecos los cuales pone en contacto mediante delicadamente sesudas conjeturas que lo llevan tejer epítomes versales que parecen desperezase sobre la página, no en vano se estiran en muchos de los casos para superar la veintena de sílabas. Es todo el poemario, en fin, un hondo desperezamiento de la angustia que lo inspira.

Volviendo a “Puro instante”, en este poema nos es referido un crepúsculo que el poeta quisiera detener por antojársele un “locus amoenus” efímero; un paraíso retiniano y consolador. Logra cierto oasis anímico de escasos minutos que le entrega en bandeja un compendio de sensaciones-cavilaciones que, anudadas unas a otras, conforman una deleitosa pieza poética reflejo de lo aprehendido por el poeta, intuimos:

PURO INSTANTE

Si pudieses pararlo, detener el instante de nítidos contornos,

constancia jubilosa e invariable certeza en el irse difuso de la tarde…

Sin movimiento el tiempo carece de sentido, de realidad, de angustia;

y las viñas parece que siempre ahí han estado,

y los olivos guardan la presencia de un ángel de consuelo eternamente.

Tú, inmóvil ya también, solo contemplas, y no son necesarias las palabras.

Y es tu corazón albergue almo y seguro de todo lo presente

sobre la tierra y en el cosmos todo, vivo de palpitante eternidad.

Sosiego, quieta paz, deleite sin fatiga y calma recobrada y permanente;

sensación de vigor, poder amanecido y sin esclavos, savia nueva.

Todo está ahí y ahí estará perenne, bajo la luz que desde el cielo acude,

mas parece irradiar también de cada cosa,

del más profundo centro de tu ser exultante.

Pues en ese momento de abolidos relojes y tácitas campanas

verdaderas semejan las divinas palabras

que ayer y hoy conmueven el de la vida campo de batalla,

esa inmensa llanura en la que habrán de combatir poderosos ejércitos:

nada de lo que es podrá dejar de ser,

como en verdad no puede cosa alguna proceder de la nada,

y nada en realidad desaparece ni es creado, pues siempre ahí ha estado,

como viñas y olivos, pájaros y regatos, nubes y mariposas…

Y que no acecha Tánatos airado detrás de nuestros pasos,

ni codicia inclemente y nunca ahíto el fruto de las horas de los hombres.