ANTES DE LA MATANZA

ANTES DE LA MATANZA

28 de mayo de 2022 3 Por Ángulo_muerto
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La Humanidad entera acampa hoy sobre un paso de cebra.

Frank G. Rubio

Mire usted, si el poder de esta chusma continúa, desaparecerá todo. Es la amnesia decretada. El terreno donde levantar sus nuevos campos de reeducación-concentración. Crearán –ya lo tienen avanzado– una sociedad de zombis domesticados. José María Álvarez.

 

No es fácil vivir en un mundo donde la mediasphere, mujer como la COVID, propone su emisión continua de tinieblas sobre acontecimientos y realidades :circundantes; tan cuca ella y omnipresente se disfraza con la transparencia y anega, con su icónico y abotargador flujo, tanto el hogar como el entorno metropolitano. Todo ello ahora cabe en el bolsillo o la mano de cada cual, no importa si derecha o izquierda, como espejito mágico.

No es cosa sólo del marketing que ejercen las empresas y el Estado desde las pantallas lo que comienza a inundar las grandes ciudades, sustituyendo paulatinamente la vieja publicidad estática de pared o “bus-stop” y generando, en el proceso de sustitución, la sensación regresiva de una protuberante y abyecta emergencia plural de seudo vídeos; un poco como los que Bill Viola descuelga contra todos desde su quehacer primate en, para su desgracia, Cuenca. Inmersos andamos, más que nunca, en escenarios similares a los del “Blade Runner” de Ridley Scott…con bastante menos encanto que cuando los contemplábamos desde el patio de butacas de una sala cinematográfica. A comienzos de los años 80 vivíamos entonces la prehistoria, ahora soportamos apenas la posthistoria. Hemos pasado de herederos legales de homínidos exitosos a inconvenientes factores de riesgo para la bioseguridad.

Como señalaba Cioran: “vivimos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro.” En nuestro país, por aquellos lejanos tiempos, no habían dado comienzo aún, estaban en el umbral, las actividades de canibalización y saqueo ejercidas por “el partido del cambio”. Compuesto por “buenos socialistas”, a los que convoca con nostalgia nuestro filósofo de cámara cuando los coteja favorablemente con los actuales. El mismo batracio, ataviado con los artilugios de filósofo, similar a los grotescos personajes de Beatriz Potter, es al que escuchamos hablar melifluamente de las draconianas restricciones aplicadas por nuestro gobierno durante el confinamiento. Siempre con palabras impregnadas con aroma de pantano: el derecho a deambular libremente se restringe cada vez que llegamos a un semáforo. La calidad e integridad humanas de la mayor parte de los miembros de nuestra sociedad civil, y la intelligentsia que emerge de ella, quedan claramente al descubierto.

Qué feliz sería hoy Baudelaire, por aquello que nos musitó en “Los paraísos artificiales”, esa letal conseja de que la sensatez nos dice que las cosas de la Tierra bien poco existen, y que la verdadera realidad solo está en los sueños. No insistiré en las responsabilidades del artista contemporáneo, autoproclamado regente secreto del mundo, en los desmadres presentes; creo, eso sí, que puede mucho menos que quien le sueña. Su responsabilidad se centra como mucho en sí mismo. Con relación a la tan cacareada Modernidad, que creen haber forjado, uno les desea, como me señala continuamente mi amigo Enrique Porta, él mismo un artista, vivir apretujados, habitar que diría Heidegger, unos pocos siglos en el fruto de sus propias creaciones para que se enteren de primera mano lo que vale un peine. Destino de gusanos, portados en doradas manzanas, más que merecido en la abrumadora mayoría de los casos.

Las ideologías, que hoy ni siquiera proponen un revestimiento mínimo de raciocinio o veracidad a su simplificado y tergiversado acopio de asertos, campan ahora por su respeto añadiendo a la irracionalidad ambiental, propulsada a la estratosfera por la tecnocracia que ha dado un paso de gigante con la crisis pandémica, un coeficiente de irrealidad que va acercando nuestra sociedad a un zoo donde reina la locura permanente. Una forma de demencia socialmente aceptada y perfectamente integrada en los robotizados ámbitos urbanos y telemáticos. El cibermundo, donde una humanidad de híbridos percute lo real con melodías anticoloniales, feministas y efusión forzada de diversidad y resiliencia, está a la vista. Hay cosas peores que los naufragios. La inmanencia vivida en escenarios artificiales, no digamos ya en la etapa del teclado permanente que preludia la conexión directa al Metaverso como manera de estar en el mundo, es consecuencia inmediata del “giro morlockiano” de las actividades demiúrgicas de los Maestros del Universo…que ya en la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo probablemente con la explosión del Krakatoa, se armaron con la electricidad y las vacunas de un furor contra ontológico digno de los aviesos marcianos conjurados por la imaginación de H.G. Wells. Todas estas innovaciones en el ámbito del mundo interior y del dominio de la Naturaleza (risas grabadas), porque va de eso, tienen consecuencias más que visibles. Efímeras por lo demás desde el punto de vista cósmico, de esto que nos rodea y tomamos por veraz no va a quedar ni rastro, insignificantes desde el espiritual…pero susceptibles de ser experimentadas por nuestros cuerpos y mentes sublunares como displacer y miseria psicológica y moral. No otros son los valores europeos que se proponen hoy para todos. Chinos y rusos, con sus mascotas africanas y sudamericanas, van incluidos en el paquete.

Como señala proféticamente Roberto Calasso en El cazador celeste:

“En cuanto a la sociedad secular: se prescribe que el animal sea aturdido antes de la matanza. Esto basta, se dice, para abreviar o atenuar el sufrimiento. El animal sufre, sobre todo, antes de ser matado.”

La guerra de Ucrania ha permitido incentivar y acelerar este proceso con la vieja y siempre eficaz propaganda de guerra. ¿Qué sería de los engaños si no pudiéramos venderlos como escenarios donde se enfrentan fuerzas morales opuestas? Propaganda del mismo jaez que la que dejaron caer sobre nosotros nuestros democráticos líderes, los “buenos socialistas” y su leal oposición, durante las dos guerras del Golfo o la guerra de Yugoslavia. La continua reedición de 1984 viene dando vueltas en torno a nosotros desde 1914. Sorpresa ¿no? El tiempo se fue a garete en el siglo V d.C con la supresión de los sacrificios…

Estaba claro que el Fin de la Historia tenía que venir seguido por campañas sucesivas de histeria inducida, para mejor imponer y estabilizar el régimen de simulacros que exige la actual administración del desorden. La única a la que pueden aspirar las marionetas políticas y financieras que laboran sin saberlo para propiciar el retorno de los Descatalogados.

 

 

La pezuña camuflada vuelve a ser perceptible desde la rendija de la puerta: lo importante es mantener atemorizado y desconectado de la realidad al personal, encerrándolo tras muros catódico-digitales. Muros que serían más difíciles de asimilar por muchos si su cultura, entendida como “contenidos”, no hubiera sido volatilizada y no hubiera triunfado la actitud de completa sumisión al espíritu de grupo, prevista ya por los teóricos y críticos de la democracia hace muchas décadas, que se ha enseñoreado de nuestros trabajos y días. Y no ha sido el fútbol, aviso; la payasada cuántica, la cibernética y la robótica tienen mucho más que ver con esto.

Resulta difícil tragar que el Presidente de la primera potencia del mundo sea un viejo corrupto, visiblemente salaz con los infantes, de conducta abiertamente demente y capaz apenas de elaborar por lo demás un discurso coherente… pero que, eso sí, saluda con vigor visionario al vacío: sin duda estrechando manos de “superiores desconocidos” (risas de fondo). Tampoco es fácil aceptar que el personaje más influyente en las políticas sanitarias de nuestro pequeño mundo sea un billonario sin conocimientos médicos que se ha enriquecido vendiendo software. O que el papa de Roma sea un jesuita argentino de ideas comunistas, profundamente imbécil. Alguien está haciendo auténticas diabluras con la psique colectiva, vía configuración de egregores.

El ambiente, perceptiblemente corroído desde la perspectiva ontológica, se manifiesta bellacamente articulado en una narrativa propia de un cómic de no demasiada calidad, como los que se hacían en los albores del siglo XXI. Siglo este en el que desafortunadamente estamos metidos hasta el fondo, como dicen deslizaba en su vagina la cocaína la paredro de Johnny Deep para mantenerla a buen recaudo, y en el que no concuerdan demasiado las cosas con las mitologías del progreso que lo convocaron con detalle desde el siglo XIX. Ya lo creo que importan y mucho las cronologías por eso hay que acabar con ellas en las escuelas y en las mentes, para poder hacer más sitio a las imbecilidades dignas de babeantes que aporta la Teoría Queer.

Más allá de tantas y tantas bobadas que enmascaran un devenir distópico incesante, de una sordidez desmesurada, implicando como subalternos visibles a los peores elementos de nuestra sociedad enquistados en la política, el periodismo o “la ciencia”, siguen saliendo a la luz numerosos secretos. No paran de descubrirse y abrirse tumbas, procedentes de los más diversos tiempos y lugares, con la carga añadida de influencias sutiles cada vez más oscuras que inciden día a día y hora tras hora en nuestro paisaje interior. Tampoco cesan de desplegarse nuevas teorías relacionadas con el cosmos, basadas en inquietantes descubrimientos, favoreciendo en los avisados un imaginario apocalíptico de corte lovecraftiano cada vez más consolidado. Todo está conectado sí pero no lo conecte usted, deje ese trabajo a Oprah o a Irene Montero.

La NASA muestra preocupación por la existencia en nuestro planeta de dos ingentes anomalías magnéticas, detectadas por satélites y naves en órbita. En ambas hay una debilitación sensible del campo magnético que, recuerdo al lector, según las creencias de la ciencia moderna, hace posible la vida biológica (la otra acecha en los intersticios de las profundidades) en la Tierra. Investigaciones sistemáticas a partir del estudio de los terremotos y de las numerosas pruebas atómicas subterráneas realizadas durante décadas, han modificado sensiblemente la imagen que se tiene del interior de la esfera terrestre. La “explosión” Cámbrica, que multiplicó exponencialmente el crecimiento de las formas vivientes, vino precedida por la creación de un campo magnético similar al actual; protegiéndonos consecuentemente de las radiaciones mortales procedentes del astro rey. Que haberlas haylas.

No solamente tenemos en el interior del planeta, otro planeta que gira en dirección contraria y más rápido, generando con ello el benéfico campo magnético citado, sino que de la abundante proliferación de datos paleomagnéticos algunos científicos deducen que la dinamo interior, por llamarla así, está agonizando. Volviendo a las anomalías, en concreto la “anomalía atlántica”, señalar que se ha detectado mediante el análisis de la transmisión de ondas electromagnéticas la presencia de una intrusión gigantesca de material exógeno que muy bien podría proceder de un mundo que chocó con nosotros hace billones de años…en cuyo encontronazo se dio origen a nuestro satélite. La Teoría del Gran Impacto es la hoy dominante sobre el origen de la Luna. El nombre con el que se ha bautizado este protoplaneta de tamaño similar a Marte es Theia, la titánide madre de Selene.

John Brunner (1934-1995), en su novela “Abominación atlántica” (1976) imagina…cito literalmente un breve fragmento sinóptico elaborado por un aficionado generoso:

“Cuando la primera expedición logra llegar a las profundidades del Atlántico y regresa, sus descubrimientos superan todas las expectativas. Restos de una antigua civilización y el cuerpo monstruoso de un ser no humano constituyen parte de los hallazgos. Estas revelaciones científicas se terminarán convirtiendo en una pesadilla de horror para la humanidad entera que habrá de poner en juego todos sus recursos científicos para detener este desafío abominable al tiempo y el espacio.”

Lo creas o no, tener un alma puede ser considerado un comportamiento patológico en el futuro por las autoridades actuales: el establishment científico materialista. Aquellos que se califican a sí mismos como “humanistas” intentarán hacer lo más inhumano de todo: quitarle el alma al ser humano. Rudolph Steiner, “La caída de los espíritus de las tinieblas”, 1917