Verbomancias

Verbomancias

2 de febrero de 2022 0 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

 

Glossarium

(segunda parte)

No querer distinguir entre amigo y enemigo genera parálisis.

Esta segunda parte de la reseña del Glossarium (El Paseo, 2021) de Carl Schmitt (1888-1985), que abarca los libros del 3 al 5 y se despliega entre los años 1951 y 1958 (en 1949 se promulga la Ley fundamental de Bonn), se escribe y publica en las inmediaciones de una nueva “guerra justa” que encuentra acomodo, como el conflicto yugoslavo de finales del siglo XX, en el escenario desgastado de la UE. Organización multinacional, con ambiciones normativas de corte global, cuya plasmación está más vinculada al soft power que a otras reservas de acción más tangibles, caracterizada en la actualidad por sus erróneas y dispersas decisiones anti COVID; la UE no acaba de dar el salto desde el estado de embrión, una burocracia transnacional organizada a la manera de la URSS crepuscular, al IV Reich para el que fue programada por los detentadores del poder indirecto (muchos de ellos anónimos) hace ya bastantes décadas. A caballo, en gran medida estos últimos, de la colaboración entre la centenaria congregación de clérigos célibes y los representantes de los tenderos disfrazados periódicamente de sábado egipcíaco.

Continuamos aquí y ahora bajo la sombrilla, como señalaba Schmitt entonces, de la transformación de la guerra entre estados en Guerra Civil Mundial. En este conflicto en ciernes del 2022 por fin hay cierto riesgo de confrontación directa entre las dos potencias, las mismas que elevaron este devenir a principio para su estricto y estrecho beneficio durante el siglo XX. El escenario hoy, más que ayer incluso, depende del mundo de la Técnica: los hombres se crean un mundo ficticio a través de esta. Una aventura peligrosa.

Todo el siglo XX europeo puede ser leído con esta clave: “No hay pax, sino solamente la eliminación de la guerra de Estados y su transformación en guerra civil mundial”.

Cierto también que el ideal de Lenin de la Tierra electrificada se encuentra ya entre nosotros, envolviéndonos, pero con un cierto aroma de fracaso de fondo; los mánager que conducen este proceso no son capaces de generar filosofía alguna digna de este nombre con el que legitimar su mamotreto. La razón de Estado es sólo una parte del estado. La novela utópica es la otra. Las constituciones escritas como novelas utópicas. No olvidemos que el mundo moderno comenzó con los jacobinos.

La guerra como medio de la política racional está despreciada y condenada: la guerra como medio del dominio global mundial es la guerra justa. Y por ahora vale ya de referirnos a la actualidad. En el mundo moderno, siempre aborrecible.

 

 

Conforme nos adentramos en los años cincuenta, en paralelo con los cambios políticos y económicos en la Alemania Federal: desnazificación y “milagro económico”, Schmitt: un cuervo blanco que se encuentra en todas las listas negras despliega una critica feroz, no sólo de su circunstancia personal y académica (considera el proceso de Nuremberg como la gran revista satírica de la Justicia) sino del entorno de su tiempo. Los comentarios sobre Thomas Mann: ¿eres un hombre decente o eres un ganador del premio Nobel? o Ernest Jünger: nihilista pagado de sí mismo, se vuelven cada más crueles. En el caso del primero poco podía mejorar la baja consideración que tenía el ermitaño de Plettenberg hacia él y otros ganadores del premio. Con relación al autor de El trabajador, con quien mantuvo una relación continuada de supuesta amistad que fue deviniendo venenosa, las referencias se vuelven cada vez más aceradas, personalizadas y ¿por qué no asumirlo? acertadas en cierto grado posiblemente. De las tormentas de acero al viaje turístico.

Nadie se deja comprender con agrado. A Heidegger se lo quita de encima con una referencia irónica que no evito compartir con el lector: Heidegger no es el pastor del Ser sino un ordeñador. Su lucidez se incrementa, como también lo hacen las quejas continuas por la persecución que siente sufre: excluido siete años de pan y cargo, sin juicio.

El asalto al poder indirecto como concepto y como práctica, le lleva a una crítica interna profunda del cristianismo, en concreto del catolicismo (soy un laico católico del pueblo alemán), al que pertenece. Y cita a Marx: los judíos se han emancipado en la medida que los cristianos se han vuelto judíos.

 

Todo el mal proviene del Renacimiento

¿de donde viene el Renacimiento?

Del intento de evitarlo…

Las conexiones entre el Papado y la religión de la Humanidad, a la vista hoy más que nunca, y la relación entre Iglesia visible y potestad (potestas) indirecta, le llevan a distinguir, gracias a su espíritu de concreción que le alejaba de los nebulosos devenires abstractos al que son aficionados muchos intelectuales, entre Dios, que es Poder (y por ello protege), del Diablo que es voluntad de poder y (ejerce la potestad indirecta).

El vino ya no es actualmente un sacramento; Aldous Huxley nos recomendó la mescalina en su lugar. Gran parte de la desubicación de los europeos viene de aquí.

Sobre los sacramentos socialistas:

1 Hegel: el Estado es el dios presente.

2 Marx: el Estado ha de ser sacrificado para el banquete de Leviatán.

 

¿Entendemos mejor ahora el Gran Reseteo de Klaus Schwab? ¿Olvidamos que la Tercera Guerra Mundial será, es una guerra religiosa?

El mundo entero se hace melting-pot. La máquina se hace global.

Hoy el estado neutral es el katechon. Aquel que retiene el advenimiento del Anticristo…aquel que trata de modificar y modular la creación a su arbitrio: el peor enemigo de la Naturaleza, que se presentará como su defensor. El Impostor será un moralista, como todo poderoso criminal, y por ello ametafísico. Hoy el mundo se parece a un clan totémico con tabúes.

Los grandes emperadores alemanes fueron Katechones. Los autores del fin del eón cristiano son los sacerdotes funcionarios, célibes indirectos…

Con relación a los científicos de su tiempo, en concreto los físicos, los mismos que en gran medida habían sido responsables de los horrores provocados en Japón, señala:

Estos científicos sólo pueden imaginarse una sola posibilidad para la existencia de la paz: el miedo a la destrucción general.

De pronto el mono se vuelve humano

Eso tiene mucha Historia

Y demasiado drama.

Las criticas a la democracia cristiana y al antifascismo, establecido ya en su tiempo como moral disuasoria del pensamiento, marcan las paginas más incisivas del diario. Soy un laico en el que fermentan los millones de cubas de vino que los curas romanos han quitado a los laicos. La sustracción del cáliz como pérdida del centro...Y el asesinato del heredero, recordar la parábola de los viticultores, como mito cristiano fundador: Al final los que quedan son los guardianes del sepulcro vacío…

Es casi imposible sintetizar las referencias, que son múltiples y abarcan muy plurales dominios estéticos e intelectuales, en general muy inteligentes y aplicables a nuestro tiempo.

Acude a una conferencia de Alexander Kòjeve (1902-1968) de donde sale “convencido” irónicamente de que la Humanidad necesitaba una excusa moral con el fin de tener un pretexto para no llevar más guerras a cabo. Y así poder consagrarse en enjambre al bienestar absoluto: sin juegos, riesgos o héroes.

Gracias a la potencia nuclear y la naturaleza de los secretos que la hacen posible percibe lucidamente que se pasa a vivir en un estado de excepción permanente. Un muy hamletiano estado de inseguridad… ¿Les suena esto ahora con la fabricada crisis de la COVID?

Pero ¿quien decide aquí sobre el estado de excepción?

Se necesita la paz como pretexto para esclavizarnos, cita a Lucano (39dC-65dC).

Como prometí en la entrega anterior voy a comentar, antes de dar fin a esta reseña, un asunto a mi juicio bastante significativo por la influencia que pudiera estar teniendo en los asuntos políticos internacionales del momento y de un cercano futuro. Me refiero al impacto del decisionismo schmittiano en la política de la China comunista contemporánea, y no sólo, que ve la luz en la segunda década del siglo XX hasta llegar a la actualidad y al régimen de Xi Jinping.

La influencia tiene como origen a Xu Dàolín (1907-1973) asesor de Chiang Kai-shek (1887-1975) y tutor del hijo de este. Estamos en los albores de los años 30 en la etapa de la historia de la China republicana que se conoce como Década de Nanjing (1927-1937), tras la reunificación del país conseguida por el Guomindang, al final de la cual comenzará la guerra chino-japonesa (1937). El marco es la fusión del pensamiento moderno alemán de la época con la filosofía china tradicional de la escuela de los legalistas. Schmitt contra el positivismo o formalismo político…el Estado como totalidad ética… y la denegación de los tribunales como guardianes de la Constitución.

Entre los 80 y 90 del siglo XX vuelve la influencia de Schmitt a China, en este caso la comunista, donde había sido bien recibido El partisano (1963) El receptor en esta ocasión seria Wang Huning, en la actualidad miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista Chino, que hará hincapié en la critica de la democracia y del universalismo liberal. Xia Gongquin, historiador residente en Shangay, defensor de la sustitución del marxismo por un nacionalismo de aire confuciano, habla del uso de la mano visible para crear la mano invisible. Neoautoritarismo y concepción del partido como agente de la modernización y el desarrollo.

Schmitt es traducido sistemáticamente En 2018 se aprueban enmiendas en la Constitución china que fortalecen al Ejecutivo.

Los lectores interesados podrán encontrar información pertinente en la fuente de la que se han extraído estos modestos datos meramente indicativos: Chinese receptions of Carl Schmitt since 1929 Ryan Martínez Mitchell Penn State Journal of Law & International Affairs (2020 Vol. No.1)

Recordar a los lectores bisoños, antes de terminar, que en 1962 Carl Schmitt sería investido “Miembro de Honor” del Instituto de Estudios Políticos, presidido entonces por Manuel Fraga (1922-2012)

El mundo es hoy mas pequeño que la Torre de Babel. C.S.