Apuntes lituanos

Apuntes lituanos

4 de diciembre de 2021 0 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

Bárbara Mingo es una escritora de terraza, que es en lo que hace tiempo nos hemos convertido -por aquello de poder fumar- casi todos los pocos de café que ya quedábamos. Cruza Bárbara el viaducto de la calle Bailén, el del Corral de la Morería, y, como Alicia pasa de un salto al otro lado del espejo, se planta en Lituania a tomar notas en las terrazas de sus bares, en sus andenes, parques y autobuses, buscando las huellas del aura de M. K. Ciurlionis (1875-1911), algo así como el padre del arte moderno lituano, que dejó la música para ponerse a pintar un poco en busca de una fusión de ambas artes, buscando una suerte de cuadros “sonoros” diría uno que parecidos a aquellos cuadros “vivos” que pintaba Tagore y también trataron de pintar en la época muchos ocultistas, sobre todo los captados por la Sociedad Teosófica, unos lienzos desde los que extrañas fuerzas arrebataban e “introducían” en ellos al espectador, con el resultado de quedar éste retenido y prisionero para siempre en su interior. O creo yo que de eso iba el sueño artístico de Ciurlionis.

Y es que, aunque Stravinsky señalara que ya en su juventud aquello de Madame Blavatsky estaba un poco pasado de moda, el teosofismo influyó al parecer bastante en el pintor lituano, como en casi toda la aristocracia y las clases ilustradas del Imperio ruso. Y es lógico que en Lituania o Polonia las modas, puesto que llegaban más tarde que a San Petersburgo, duraran más…

¿Cuestión, pues, de tiempo? “Tengo la impresión”, escribió Ciurlionis, “de que el tiempo es un poema muy importante que toca una orquesta especialmente para mí”. Luis Miguel Dominguín no pillaba esa melodía, pues aseguraba no ligar por disponer de tiempo pero carecer de la afición, y Porfirio Rubirosa que no trabajaba por lo contrario, porque ligar no le dejaba tiempo para ello. Ambos habrían, sin duda, abarcado más de haber leído a Blavatsky… Aparte de que el tiempo es en el fondo un estado mental -redactora de El Estado Mental, precisamente, era Bárbara Mingo cuando la conocimos- que guarda escasa relación -lo mismo aquí que en Lituania- con las horas de cierre de las discotecas o de apertura de los bancos.

El de esta escritora al país casi imaginario de Curlionis es un viaje fantomático y plácido, en busca del alma de un desconocido y emprendido con el mismo ánimo de complicidad con lo inquietante con que yo volé un buen día hasta un canal de Berlín y -con la legendaria Aeroflot– hasta un palacio apenas visitado por nadie en Ulan Baatar en busca de los hálitos de la Gran Duquesa Anastasia o el Barón Ungern-Sternberg congelados entre los árboles. Vilnis -así se titula- ha sido publicado por la editorial Caballo de Troya y en él nos enteramos de que un Ciurlionis muy joven -de hecho, muy joven murió- aprendió las artes del hipnotismo a fin de mesmerizar al cura del pueblo donde vivía para que al día siguiente, en la misa, predicara en su sermón lo que él le había dictado. Por medio de Diaghilev, con cuyo círculo entró en contacto en San Petersburgo, colgó Ciurlioni, en fin, en 1909 sus cuadros en la famosa exposición de la Galería Menshikov. A Stravinsky le encantaba su pintura.

Se pregunta Bárbara Mingo, que alude en sus notas a gente como Martin Lings, René Guénon, Kafka o Scriabin, si Ciurlionis, cuyo nombre lleva desde 1984 un asteroide y muerto algo así como de agotamiento a muy temprana edad, no sería “absorbido” por ese país fantástico al que habría accedido y luego reflejado en sus cuadros, paisajes poblados de ángeles y pájaros (en Lituania, como en Fuente de Cantos, hay mucho estornino), un mundo “muy pasado o muy futuro”… Y volvemos al tema del tiempo y su uso y desuso.

Desde luego que su libro sí que engancha y, tras haberlo leído, sabemos como poco que ese universo sutil de Ciurlionis sigue siéndonos accesible al menos desde las terrazas de las cafeterías de Lituania. Habrá que dejarse caer a tomar un café por allí y charlar con sus estorninos y dejarse llevar por los susurros de sus pintores muertos…