Los olés del otoño

Los olés del otoño

noviembre 3, 2021 0 Por Ángulo_muerto
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JOAQUÍN ALBAICÍN

Retorna el otoño y, con él, destellan de nuevo en Fuente de Cantos los fastos y ceremoniales y farolillos del culto al Duende. El festival anual de la peña, nacido un ya lejano 29 de abril de 1972 merced a la ilusión de un puñado de aficionados, figura hace tiempo como un clásico entre las citas flamencas de Extremadura y es, desde sus inicios, el escenario sobre el que muchos artistas en ciernes disfrutaron de su primera oportunidad en la carrera por darse a conocer. Quien desde su fundación lo ha dirigido con firme pulso, Paco Zambrano, ha querido ahora ceder el testigo y dispuesto que, a partir del año próximo, sea Manolín García, guitarrista en pujante ascenso, el responsable de la concepción y gestión de los carteles por venir.

Acaba de tocar la bonoloto a un vecino del pueblo cuya identidad -¿quién será?- aún ignoramos cuando llegamos al teatro. La programación de la primera velada se inscribe en el ciclo Pasión por el Flamenco de la Diputación, que ha acartelado la guitarra de Antonio de Patrocinio a la izquierda de la joven María Metidieri -quien se prueba con entusiasmo por soleá, tangos, aires levantinos y fandangos- y a la de Miguel de Tena. Éste -reciente la salida de su nuevo disco, Añoranzas– es artista de raíces fuentecanteñas con el reloj de su cante muy bien puesto en hora y mucho predicamento en la región que, además, también suele asomarse a otras citas allende las fronteras extremeñas. Voz hecha y solvente por varios estilos, presencia tonante y seria, abre por Levante y clausura por fandangos, gustándose entre medias en la soleá por bulerías, la granaína y unas muy personales alegrías, así como por templados y despaciosos tangos de Morente en los que no olvida evocar además a Caracol y Porrina. Un aplauso cerrado y unánime corona su actuación.

Separado del previo por el velo de la emisión en La 2 de El pisito de Marco Ferreri, el segundo cartel de este XVIII Otoño Flamenco incluye nombres con aroma a Lebrija, pues no en vano la asolerada entidad que lo promueve, desde hace tiempo ejemplarmente presidida por Luis Molina Paniagua, fue durante sus siete primeros años de vida la Peña Curro Malena. No ha podido aportar su concurso Miguel Funi -una chalina para la historia del flamenco, con la solera de las de Anzonini, Mojama y Paco Valdepeñas– como tampoco el suyo el antiguo cantaor titular, pero pulsan con sabor las guitarras el hijo de éste, Antonio, así como su nieto Curro, que lo es por ende de Lebrijano. ¡Suena además el para mí novedoso cante de José Antonio El Chozas! Sus decires por Levante, milonga de la rosa y fandangos -elegantes, fluidos, canores, paradigma de buen gusto- perfilan el suyo como uno de esos ecos a los que, de seguir vivo, seguro que Camarón -tan amante y ávido siempre gargantas viejas y melismas olvidados- correría a escuchar. En cuanto a los cantaores del cuadro lebrijano, Pedro Peña hijo nos refresca a golpe de remo y chasquido de látigo la memoria histórica con el cante de galeras de su tío antes de que Jesús de la Frasquita redondee excelentes y compactos momentazos de mucho sabor añejo por siguiriyas.

José de la Tomasa -único, junto con El Chozas, aún en activo de cuantos conformaron el cartel del 72- y Salomé Pavón -cuyo santo ha sido la víspera- refuerzan el sabor dinástico del cartel con sus metales inconfundibles y de estirpe. Es la primera vez que escuchamos juntos a José y a Miguel Vargas, pues sólo una vez -en Llerena- han actuado antes en tándem. La soleá de apertura es excelente, aunando a los perfumes de la Alameda los serenos carbunclos crepitantes en las yemas del tocaor. Salomé, por su parte, brilla por siguiriyas y tensa el cordaje del corazón por soleá y fandangos de Lucena y de su abuelo Caracol, sacándonos una lágrima en el desgranado en pie junto a la corbata. La secunda a la guitarra un Manolín García que al poco se gana también los olés junto al Chozas por milonga.

Antes ha abierto Carmen Vaquero por toná y -ya con la guitarra de Domingo Díaz, tañedor oficial de la peña- alegrías y fandangos, corriendo el baile -taranto y soleá por bulerías- a cargo de la jovencísima Zaira Prudencio, que anda llamando la atención por sus buenas formas en estos inicios de su camino de candilejas, aportándole la música de fondo un José Ángel Castilla a quien la guitarra suena a gloria y el cante de Fefo de Badajoz, con esas letras suyas con tanto aroma a tablao de los 60 y 70. Además, Luisa Durán y Luis Molina hacen entrega de placas conmemorativas a José de la Tomasa, Chozas y los Malena. ¡Hay que darse prisa antes de que cierre la cocina de La Venta del Gato!

Buena noche, pues, en la que, como es norma, queda patente que el cante sale o no sale, nace o no nace, vibra o no vibra, duele o no duele, enloquece o no enloquece. Seguimos contándonos entre los creyentes en que hay cosas que no se adquieren por vía de la docencia y en que, en lo que al flamenco se refiere, la perfección formal no basta. Lo decimos pensando sobre todo en los olés arrancados en esta noche por Salomé Pavón y El Chozas y en la memoria ancestral que inspira a ésta, así como a José de la Tomasa o el para mí hasta hoy inédito Jesús de la Frasquita.

Es aserto que sirve también para el toque. Con Desde mis entrañas, presentado en la tercera velada, ha dado Miguel Vargas fe de que se puede grabar un gran disco sólo tocando con el corazón, prescindiendo de retorcimientos y contracturas musculares y mentales y rebozando la calidad con los timbres de la naturalidad más desnuda. El preludio de su toque por tangos junto a su hijo Juan es uno de esos regalos musicales que despiertan y alientan en el oyente todo cuanto de bondadoso y bello anida en el corazón humano.

En esta misma noche nos cuenta María Isabel Rodríguez Palop cosas de su libro Flamenco para Dummies antes de que, en la velada de clausura, a la que nos pesa no poder asistir, suban al escenario La voz, las cuerdas, el aire, el cajón y el tacón respectivamente encarnados por Manuel Pajares, Juan Manuel Moreno, Rosa Escobar, Ostalinda Suárez, Paquito Suárez El Aspirina, Roberto Jaén y Jesús Ortega. Un montaje nos preguntamos si concebido a modo de adelanto o pincelada de Acaná, el primer espectáculo como cabeza de cartel que la gran flautista de Zafra presenta dentro de unos días en el López de Ayala de Badajoz.

Llueven al día siguiente en las barras del Salas, El Karnero y La Fábrica los parabienes para el septeto actuante la víspera mientras nosotros nos congratulamos por la respuesta de Javier de Juan, el gran artista de quien contaremos -ya es seguro- para el próximo número de la revista con un dibujo de Porrina. ¡No esperábamos menos de su bonhomía! ¡Dibujando se llega a Roma!

Fotografía de Manuel G. Tornos