El arte de la mentira política

El arte de la mentira política

octubre 3, 2021 1 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

…los últimos hombres tenían una sensibilidad limitada y una imaginación nula…J.H.Rosny

En el año 2009 ediciones Sequitur publicó su segunda edición de un breve volumen bilingüe (inglés/español) sobre una obra de Jonathan Swift (1667-1745) publicada en francés en Amsterdam en 1733. En realidad nos encontramos con un texto escrito por el escocés John Arbuthnot (1667-1735), contemporáneo y amigo del presunto autor. Se trata de una requisitoria informativa, de corte publicitario por lo demás, para una oferta de suscripción a un libro en dos volúmenes “de próxima publicación”, con el mismo titulo que encabeza este breve articulo. Ni qué decir que esta obra, sugestiva en su esquema, jamás salió a la luz; la fecha de la breve pieza que se ocupaba del primer volumen, en su lengua originaria, es 1712.

Un opúsculo atribuido al autor del Gulliver, esta última obra una de las primeras evisceraciones narrativas en clave de ficción de la distopía que hoy impregna todas y cada una de nuestras manifestaciones políticas, sociales y estéticas y que comenzó a asomar la oreja en el siglo XVI con ocasión de la llegada al Nuevo Mundo, resulta siempre de gran interés. Swift era un adversario acerbo de los whigs y estaba embarcado en una crítica de la intensa corrupción que implicaban sus políticas por entonces y, en especial, la participación en la Guerra de Sucesión española. Nos hallamos aún en tiempos de los Estuardo, bajo la tutela de la reina Ana, en las inmediaciones del acceso al poder de los Hannover. El librito consultado incluye, además del texto citado arriba, un esclarecedor prólogo de Jean-Jacques Courtine y un texto muy corto del mismo Swift, fechado en 1710, sobre esta misma sempiterna cuestión.

No queda claro, como señalan irónicamente ambos autores: uno irlandés y otro escocés, que el pueblo tenga derecho alguno a la verdad política. Y es que es más costoso convencerle de una verdad que de una falsedad. Ya con Platón (427-347 a. C.) se empieza a asentar la idea de engañar al pueblo para salvaguardarlo. Hago un alto para comunicar al lector que he escogido esta obra por ser especialmente adecuada para esclarecer la significación de un par de casos recientes de “mentira política”, que pronto pasarán al olvido de la multitud para quien fueron diseñados. Elaborados sin duda por los príncipes ocultos del espejismo político patrio.

Hace poco menos de un año, durante la circunstancia de las elecciones a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, tuvieron lugar dos eventos, devenidos causas judiciales, cuya descripción sesgada anegó las cabezas de la ciudadanía durante unas semanas a través del tam-tam de los medios de comunicación y cuya investigación policial, ambos tinglados implican graves infracciones del ordenamiento jurídico, ha sido recientemente archivada. Me refiero a los asuntos de las balas remitidas por Correo: amenazando al ministro del Interior y a Pablo Iglesias y el incendio, provocado presuntamente por adversarios políticos, de una sede del partido Unidas Podemos en la localidad murciana de Cartagena. El lector podrá por sí mismo encontrar abundante información sobre ambos eventos en las hemerotecas digitales y no seré yo el que analice a fondo estas cuestiones; la finalidad de este breve comentario es por un lado más abstracta y menos ambiciosa.

Al mentiroso se le coge, como dice el refrán, antes que al cojo. Pero en este caso no va a ser posible sacar fácilmente a la luz, para mejor castigar, a los responsables de ambos montajes. A mí no me cabe duda de que tienen esta cualidad, por estar sitos muy probablemente sus autores en las instituciones mismas de seguridad del Estado. Ese lugar que ganó popularidad hace décadas, descrito muy expresivamente con la denominación “cloacas”. Podríamos añadir al par citado el ultimo escándalo, relacionado con nuestra política internacional, que implicó el traslado clandestino a España de un muy cuestionable personaje sahariano desde Argelia para recibir tratamiento médico y que ocasionó una muy grave crisis diplomática con nuestro vecino del sur, que no dudó en lanzar unos cuantos miles de semibestias sobre nuestras fronteras prometiendo algo relacionado con lo numinoso futbolero. Aquí también hay tomate pero, repito, esta modesta aportación que trata de ser lo menos periodística posible no tiene como finalidad descifrar estos acontecimientos o, para ser más precisos, arrojar luz sobre lo que pueda haber tras las descripciones perpetradas por los medios de comunicación de masas de tan opacos asuntos. Medios que hace bastante tiempo dejaron de cumplir con su supuesta misión informativa y se convirtieron en vehículos descarnados de desinformación y propaganda.

Para transmitir mentiras no obstante ademas de periodistas es precisa una masa de crédulos. Catolicismo, socialismo, comunismo, catodismo y seudo educación krausista configuran una constelación eficaz al servicio de la Oligarquía gobernante que actúa tras el velo partitocrático y clientelar. La prensa escrita constituyó como señala Courtine la revolución industrial de la mentira. El siglo XX, añado, se caracterizó por su propaganda de guerra y sus totalitarismos para los cuales el engaño era aún más fundamental que para sus adversarios presuntamente democráticos. Es bastante adecuado considerar el siglo pasado como el de la producción en masa de mentiras y muchas de estas, el propio Orwell (1903-1950) estuvo dedicado a ello con intensa afección durante su etapa en la BBC, bajo el imperio de la idea de que para combatir una mentira nada mejor que otra mentira. Radio, cine y televisión incrementaron exponencialmente su despliegue que a la vista está aún no ha terminado. Hoy la mentira política, y no digamos “la otra”, son electrónicas, instantáneas y globales.

El Ministerio de la Verdad, concepto elaborado por Orwell en 1948, nos lleva al de “ciberespacio”; aportación semántica que viene a la vida en 1984. Procedente también su intuición, como la de muchas otras monstruosidades, de la literatura de Anticipación.

La modificación de la naturaleza misma del lenguaje, una política denodada hoy en curso bajo la bandera de «lo políticamente correcto», recicla las dinámicas del sovietismo ruso de las décadas de los “veinte y treinta” en su búsqueda del «hombre nuevo» y no cabe duda implica un obstáculo para la posibilidad de pensar la verdad y expresarla con palabras. El cientifismo tiene entre otras esta finalidad y requiere de la uniformización no sólo en la vida cotidiana de las grandes masas sino también en los espacios donde se desarrolla la creación artística, filosófica y científica para mejor convertirlas en “actividades de servicio”.

Ningún hombre suelta y expande la mentira con tanta gracia como el que se la cree. No lo dudemos, y con esto terminamos, citando a Swift:

Considerando la natural propensión del hombre a mentir y de las muchedumbres a creer, confieso no saber como lidiar con esa máxima tan mentada que asegura que la verdad acaba imponiéndose.

PS Doscientos años mas tarde y poco antes de su muerte Máximo Gorki (1868-1936), que fuera mentor literario oficial de la distopía soviética rusa alumbrada en 1917, decidió movilizar a cien escritores. Se les entregarán cien temas, y deberán reescribir las grandes obras de la literatura mundial. En ocasiones, dos o tres obras se fundirán en una. El proletariado del mundo entero leerá, y aprenderá en los libros a hacer la Revolución Mundial.

Toda la literatura mundial debe ser gradualmente reescrita, así como la Historia, la historia de la Iglesia, la filosofía: Gibbon y Goldoni, obispo Ireneo y Corneille, el profesor Aofiónov y Juliano el Apóstata, Hesíodo e Iván Bolnov, Lucrecio y Zola, Gilgamesh y Hiawatha, Swift y Plutarco. Y toda esta serie se concluirá con las leyendas orales sobre Lenin1.

Nada hay nuevo bajo el sol y toda novedad constituye sólo una forma de olvido. La Revolución Mundial, que hoy persiste y avanza, no es otra cosa como intuyó Jünger (1895-1998) que una epifanía de la Revolución Telúrica.

Los días del Ojo prehistórico, en las inmediaciones del Gran Pralaya…

1De los archivos literarios del KGB por Vitali Chentalinski Editado por Anaya&Mario Muchnik (Madrid, 1994)