Literatura en Covidistopía

Literatura en Covidistopía

mayo 26, 2021 2 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

 

La pandemia ha puesto un mundo prevalente que hemos de entender y controlar y al que no podemos resistirnos, en estas condiciones prevalecía el modelo telemático. Agustín Zamarrón (PSOE)

 

Soy de los que opina, y no he sido el primero en formularlo, que esta crisis del virus chino que algunos intuyen abarca otros y destacados actores globales está sacando a la luz lo que realmente transita bajo los ajados simulacros que configuran la supuesta experiencia participativa ciudadana en nuestras posmodernas democracias; virtualidad desvitalizante este LO que pretende colmar el vacío emanado, tras la explícita y festiva devastación de las sociedades orgánicas del pasado, de nuestros crepusculares y cognitivamente insignificantes espacios culturales y de comunicación. Casi nada brilla aquí, más bien todo lo contrario. España, obviamente, era uno de los países más proclive a revelar carencias no solo porque haberlas haylas sino por estar pésimamente disfrazadas.

Ni el 11M, ni el 15M dicen nada bueno sobre nuestro siglo XXI y “nuestras” instituciones; no debe sorprendernos pues que la reacción ante el “virus chino &Co.” no haya sido más honorable o eficaz que la que implicaron estos eventos, ya borrosos, del pasado inmediato. Ni en el plano gubernamental, ni en el que corresponde a la supuestamente existente (muy ponderada por las “voces autorizadas”) sociedad civil. El nivel de nuestras agencias de seguridad, implicadas todas ellas de manera decisiva en estas tres “emergencias”, tanto por exceso como por defecto, es casi tan bajo como el de la “intelectualidad oficial”; entre los cuales incluyo obviamente a la casi completa totalidad de nuestros periodistas.

El lamentable periodo de tiempo que se puso en marcha para la nación durante el mes de marzo del año pasado ha dado pie, ¡qué remedio!, a múltiples creaciones estéticas. Estos trabajos que he seleccionado, consignados a lo literario, están relacionados directa o metafóricamente con lo que con acierto (no demasiado estético) se ha denominado “plandemia”. No son buenos tiempos para las libertades personales, tampoco para la dignidad humana ni para la lírica. A la “ciencia médica” ni la mento porque ha quedado perfectamente retratada, no podía ser de otra manera. Y si usted sigue pensando que “teníamos la mejor Sanidad del mundo pero que los recortes…” solo puedo decirle una cosa: ¡que le den! Y no dude en vacunarse.

 

 

 

Me he permitido escoger cuatro textos, que en realidad son cinco. Los dos primeros, indiciarios y preliminares, están contenidos en un pequeño volumen editado por Sequitur: París 1832: la epidemia de cólera (Madrid 2021). Autores: Heinrich Heine (Del cólera) y Francois-René de Chateaubriand (12.000 francos para los coléricos) Trabajos breves pero contundentes pertenecientes, con relación al menos a los aspectos microbianos y terapéuticos, a un tiempo “precientífico”. Los autores, ya fallecidos y más que consolidados por la Historia de la Literatura, no hurtan sus opiniones políticas, por lo demás opuestas, que se entreveran con la epidemia que asoló París (y gran parte de Europa) durante los años 30 del siglo XIX. Es conveniente recordar a los iletrados forjados por nuestra enseñanza progresista que la “revolución francesa”, tan loada por todo tipo de “personas, animales y cosas”, fracasó en sus objetivos entre los que se encontraba esclavizar al Reino de España y que su eximio representante, un emperador de pacotilla coronado como tal por el papa de su tiempo, terminó sus días exiliado en una isla africana. Retornaron al poder los Borbones, volviendo consecuentemente Francia a ser una monarquía. Tras una insurrección (1830) es derrocado Carlos X (1757-1836) y se da paso a la Monarquía Constitucional personificada en Luís Felipe de Orleans (1773-1850) Y este es el marco político en el que tiene lugar la epidemia de cólera; epidemia que sacudió los cimientos de Francia y que tuvo su origen en la India en 1817, desde donde se había ido desplazando de manera ominosa (en 1830 llegó Moscú y a Londres) La epidemia mató entre marzo y septiembre de 1832 a cerca de 100.000 personas, sólo en París 18.000. Afectó sobre todo a los más pobres, que vivían en circunstancias extremadamente insalubres, y desmoronó la convicción ilustrada surgida ya en los albores del siglo XVIII, como los vampiros, de que la organización de la medicina estaba facultada para resolver todo tipo de situaciones. Se sabía poco entonces, hoy se sabe (o se cree saber) bastante más; lo suficiente para hacer lo que se está haciendo: tratar de reformar la sociedad desde el Estado Terapéutico, convirtiendo una epidemia de escasa letalidad en un estado de miedo que permita reformular las sociedades desde “lo concentracionario” para mejor proyectarlas al edén de “lo telemático”. Con algunos toques de eugenesia, vía eutanasia, para ahorrar dinero a los aparatos del “estado del bienestar”. Pero no avancemos acontecimientos.

Esto de los años treinta, por aquello de la Agenda 2030 y lo que René Guénon aduce sobre la relación existente entre ciertas fases críticas de la historia de la Humanidad y determinados cataclismos, espero no devenga una serie creciente porque de ser así va a resultar apoteósico. Agenda que publicitan por cierto, con un espeluznante mal gusto, en las puertas del distópico Ministerio de Igualdad en Madrid junto admoniciones deleznables sobre las “ataduras” del tabaco.

Nuestros nada dilectos y “psoeces” gobernantes en acción, con su “más de lo mismo”.

Seleccionar dos narraciones sobre una epidemia decimonónica, sobre la que escriben dos plumas tan significadas como las citadas anteriormente, busca situar al lector en una perspectiva histórica sobre los actuales acontecimientos. Una perspectiva obviamente no unitaria. Lo último que desean los corifeos periodísticos que han hecho todo lo posible por aletargar las facultades cognitivas y criticas de la ciudadanía, no solo en España, con una oleaginosa marea negra de propaganda. Pocas veces se ha informado tan mal de algo y con tan mala fe, con finalidades de “dominio mental” como diría el coronel Baños, sobre una cuestión tan significativa. Ya con el 11S tuvimos un ejemplo, que nos llegaba del otro lado del Atlántico, y que no dudamos aplicar en nuestro país con el 11M: la conversión en simulacro del acontecimiento, su inmersión en una nadería sentimentaloide, alevosa, maniquea y banalizadora, del flujo mediático para poder ejercer una manipulación absoluta de “la realidad”.

 

 

Pandemia de Isengrin Wolff, autor de origen alemán nacido en Toledo en 1948, como nos informa en la pertinente presentación Javier Martín Lalanda, uno de los más cualificados especialistas en literatura medieval y fantasía heroica en lengua española, ha publicado escasas pero significativas colaboraciones en Delirio; quizá la mejor publicación existente en papel y en nuestro idioma sobre temáticas relacionadas con la literatura fantástica, el terror y la ciencia-ficción. La segunda obra escogida es una novela corta donde convergen la ciencia-ficción, la fantasía y la aventura y ha sido publicada por la editorial decana en estas temáticas: La Biblioteca del Laberinto. Extraigo directamente de la contracubierta porque yo no lo haría mejor

Un equipo multidisciplinar de investigación, formado por un grupo internacional de arqueólogos y escoltado por una sección de antiguos miembros de la Legión (la nuestra), se dispone a excavar las ruinas que posiblemente, guardan los restos de Sokar, extraña figura mitológica presente en las concepciones de ultratumba del antiguo Egipto. Pero antes de que comiencen las excavaciones, uno de dichos arqueólogos, Sebastian Sinclair, antiguo profesor de la universidad de Cambridge y especialista en historia de las religiones, vivirá una aventura que lo llevará al inframundo egipcio, donde le aguardan la diosa-gato Bastet y uno de los escritores británicos más celebres del siglo XX, cuyo nombre ahora no desvelaremos. En el transcurso de la misma asistirá a un cónclave donde los demonios, que siguen estando en lucha con las divinidades de todas las religiones, se plantean recurrir, como en épocas pasadas, a una pandemia que aniquile para siempre a su antagonista primordial: el Hombre. Ya de vuelta al mundo del siglo XXI, Sinclair comprobará que su extraña aventura no fue un sueño, sino el preámbulo de una siniestra realidad.

Historia bien narrada, dotada de un ritmo eficaz y que se lee con placer, salpicada de referencias irónicas a figurones del mundo cultural, que muestra un conocimiento más que fundamentado de la mitología y la literatura. Una pena que no tenga más extensión; desde aquí requerimos cordialmente a su autor para que la convierta en una novela larga.

El tercer texto escogido es un ensayo, obra de Fernando R. Genovés, publicado en formato digital (Kindle): El virus enmascarado: Totalitarismo pandémico en la era de la globalización.

Un trabajo incisivo escrito al filo de los acontecimientos de marzo, que constituye una de las más potentes requisitorias al alcance de los lectores en lengua castellana, contra las medidas liberticidas tomadas por nuestro gobierno. Medidas inspiradas por un descarnado proyecto global de esclavización masiva que utiliza las técnicas del Estado Terapéutico. Fernando es, tomo los datos de su excelente blog Librepensamientos, escritor, crítico literario y analista cinematográfico. Doctor en Filosofía y Premio Juan Gil Albert de Ensayo en 1999 por la obra Saber del ámbito, colabora en numerosas publicaciones periódicas.

Genovés ha escrito un libro visceral e imprescindible donde saca a la luz, mientras las pantallas y altavoces rezuman neolingua, las inquietantes realidades que se ocultan tras las sistemáticas prédicas a favor de una sumisión total ante la deconstrucción de los elementos básicos de la vida civilizada: propiedad, libertad e imperio de la Ley. La activación de una política sistemática de miedo a través de los mass media en gran parte de los países del mundo, así como el confinamiento de millones de personas iniciado en marzo, culmina con el fraude generalizado en las elecciones norteamericanas que tuvo lugar en noviembre.

Entiendo como altamente probable que estos dos fraudes- la pandemia del virus enmascarado con viso de plandemia y la elección trampa urdida a cara descubierta en EEUU- están directamente relacionados. Presentando las caras de una misma Gran Maniobra.

El autor enmarca lo que está en marcha con un pasado donde la mentira más descarnada, que había manifestado ya su presencia destructora durante la Guerra Civil europea que conocemos como “primera y segunda guerra mundial”, vuelve a la palestra en escenarios de guerra asimétrica y conflicto geopolítico manifiesto. El corrector había sustituido “geopolítico” por “paleolítico”.

La humanidad ha sido encerrada en un monstruoso campo de concentración con forma de hospital de campaña, amenizado por un megáfono que le dicta ordenes y ordenanzas, y donde sólo los mensajes cifrados y de contrabando permiten una correspondencia saneada y la supervivencia mermada entre los supervivientes despiertos y (todavía) no sedados. Desconfía de entrada, lector, de aquellos informes e informaciones de los que tengas noticias por cualquier medio. También de los aquí contenidos…Piénsalo.

El autor no se llama a engaño y percibe el carácter orwelliano de la Nueva Normalidad que se nos trata de imbuir en vena, así como el resonar prehomínido y mutilado del “hombre nuevo” que se supone la habitará a sus anchas.

“¿Significa esto que vamos hacia un nuevo “modelo” de sociedad, teledirigida, supervisada y planificada al máximo, formada por seres robotizados, zombis, maquinas parlantes que repiten lo que oyen, que obedecen y se vigilan entre sí, en la que los viejos principios de civilización- vida libertad, propiedad privada- dependientes del propio individuo, serán borrados del mapa? En efecto, así es, según creo. De esa “Vieja Normalidad” (por algunos, añorada) venimos.”

El Estado Terapéutico mediante la “vanguardia sanitaria”, en un contexto macluhaniano de hermetismo aldeano generalizado, ha escenificado la representación de un experimento general a escala planetaria. El mandarinato que trabaja para la Oligarquía mundial tiene en su horizonte la agenda 2030. Un infrahumano de manual como Errejón, procedente de la hedionda universidad española, dice cosas como que la patria es también un hospital.

El autor encuentra claras similitudes con la crisis de 1929 que abrió la puerta al New Deal, y acierta en ello ya que el momificado y deteriorado Biden ha declamado intentar de nuevo la jugada. Aunque las circunstancias sean muy otras. Yendo más allá de lo que propone en este libro Genovés, me atrevo a sugerir dos cosas: la primera que “nunca segundas partes fueron buenas» y la otra, más inquietante que al New Deal le sucedió, en gran medida porque no cumplió las expectativas previstas por sus patrocinadores, la segunda guerra mundial.

Y eso es lo que tenemos a la vista, sin obviar que cuando se tienen ambiciones de corte demiúrgico como las directamente expuestas por el inmundo Klaus Schwab o por el “vendedor de software” puedan ocurrir cosas inesperadas y muy jodidas, si se me permite la expresión. Quienes niegan la existencia de los dioses pero pretenden imitarles, ejercitando un poder caricaturesco a través de la tecnología, están llamando a la catástrofe.

Conocedor riguroso del entorno del celuloide Genovés incluye referencias varias a películas que se asimilan, a veces más que metafóricamente, a nuestra descentrada circunstancia. Libro de lectura obligada al que no hace justicia esta desorganizada exposición y que abarca de manera critica la detestable circunstancia que llegó a nosotros en el 2020.

Meditar el hecho de que, a nivel corporativo y gremial, la profesión médica no ha dudado de la “verdad oficial” sobre la “pandemia” ni ha puesto objeción alguna a los indudables daños colaterales que el pandemónium está ocasionado en la salud de las personas, no todas ellas contagiadas de coronavirus aunque si expuestas a otras enfermedades y dolencias o padeciéndolas de hecho, las cuales se han visto eclipsadas por La Enfermedad por antonomasia.

La cuarta pata de la mesa, el trípode sirve para provocar lo Oracular pero el Banquete exige el cuatro, la constituye una novela de Julio Marco; su primera novela, un subgénero dentro de este apreciado género que está en horas bajas debido a la preeminencia de la narración audiovisual.

La derecha no tiene moral, subtitulada: Imágenes de actualidad en colorines, escrita en noviembre de 2020 y plena de ironía desde el mismo título, ha sido editada por Minoritaria (ficciones ibéricas); un nuevo sello editorial al que deseamos suerte.

La novela del Covid 19, como se decanta subliminalmente en la portada, narra la peripecia de un ciudadano medio español: un urbanita de esos que hasta hace un lustro caminaban por la calle aferrando la hoja parroquial de PRISA, como un londinense portaba paraguas, pero que en un futuro cercano “postcovid” recibe la visita de la diosa Fortuna. Esta, salerosa y deliciosamente injusta, le otorga un premio de Lotería sustancioso. A partir de este momento nuestro personaje, que ha decidido cambiar de vida, deviene flaneur y nos conmina a recorrer con él las calles del Madrid de Ayuso1. Que es el nuestro y dando gracias.

La narración está configurada como un monólogo constante en el que el protagonista nos expectora, creo que esta es la palabra adecuada, sus ideas, sus dudas, sus inquietudes morales… intensificadas estas últimas, como sus expectativas, por un horizonte verosímil de riquezas. Todo ello entreverado con sus pasiones y sus prejuicios, que se manifiestan en diversos encuentros y desencuentros con familiares y compañeros de trabajo. Nos encontramos con una amena e irónica, en ocasiones cruel y rozando el sarcasmo, representación del “último hombre” nietzscheano. El recorrido por Madrid es largo como un vía crucis laico y el monólogo monótono, en ocasiones moralizante, muestra el descarnado nihilismo en el que estamos sumidos todos en un país que no acierta siquiera a suicidarse en condiciones.

Las escenas del viaje nocturno en autobús, de regreso al pueblo de origen del protagonista, con las que culmina la novela, alcanzan momentos de cómica genialidad con el personaje entregado a contemplar en el móvil Tiempos modernos de Chaplin. Un presente confuso como el que vivimos, sumidos en la estupefacción anestésica de los grandes medios y la prioridad que un sector tan deleznable y corrupto como el sanitario ha adquirido sobre nosotros, exigía este juicio novelesco sumario al crimen de inocencia que portamos todos y cada uno de los apadrinados por Leviatán.

Querido lector, para mejor terminar, hemos hecho un recorrido sobre esta cuestión desde perspectivas variadas: histórica, mágica, ensayística y novelesca… todas ellas estrictamente literarias, para mejor abarcar la densidad de un fenómeno que no puede quedar en manera alguna en manos exclusivas de propagandistas (periodistas) o de empleados de las corporaciones farmacéuticas (médicos) o los estados (“expertos”).

Un neón, lector amigo, refulge en la parada del bus nocturno, anunciando no se qué experiencia voluptuosa heteróclita (en venta u oferta pública) recalcada con el cada vez más asumido lema: “desconócete a ti mismo”.

Covidistopía.

1 Isabel Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, es la encarnación del mal absoluto para la izquierda; sobre todo para nuestro presidente: un macarra de cuidado que fantasea con ser la reencarnación de ¡Largo Caballero!