Materia obscura

Materia obscura

mayo 1, 2021 3 Por Ángulo_muerto
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Frank G. Rubio

Infernalia 2012-2020

“ …para los satánicos el mundo es una mesa de juegos donde el Diablo es el croupier…” M.A.

El satanismo como filosofía y práctica conoce en los albores de la tercera década del siglo XXI numerosas derivaciones y propuestas. Recientemente, como dejé patente en una modesta reseña, asistí acá en Madrid a un foro universitario concretamente en la Universidad Complutense donde se dio voz no sólo a varios estudiosos universitarios, que se ocuparon de temas vinculados o anexos a esta vieja y oscura tradición censurada durante siglos, si no también a diversos practicantes de la “vía de la mano izquierda”. Allí entre otras cuestiones no menos interesantes hicieron acto de presentación los seguidores de la franquicia del Templo de Satán en España.

En este instante vía “wasap” y la gentileza de un amigo argentino me llega un articulo publicado hace unos días en el diario El País. con el título: Estos son los fans de Satán, donde se habla precisamente de esta novedosa escolanía. El Templo de Satán o Templo Satánico, cuyos miembros gustan de la publicidad, está relacionado con el Templo de Set y muestra una posición crítica con el satanismo de Anton Szandor LaVey (1930-1997) al que consideran anacrónico.

Anton Lavey. 214Q-021-011 CA, USA 1990 Rolling Stone. September 5, 1991. pp. 62-63 “LaVey and companion Blanche Barton, auther of his biography, ‘The Secret Life of a Satanist.”

Pero más allá de las sincronicidades que deben ser pesadas y medidas en lo que valen la temática de este articulo va por otro lado. Me ocuparé en ella del libro escrito por un practicante autóctono del Arte Negra, cuyas referencias y disposiciones son bien distintas a las postuladas por quienes mantienen una postura de rechazo o desconfianza hacia los Viejos Maestros. Y es que nuestro país, como bien claro dejó entre otros Francisco de Goya (1746-1828) y reveló de modo literario, en modo no sólo jocoso, Ramón J. Sender (1901-1982) en sus Criaturas saturnianas (Destino, 1968), es el “país del diablo”. Aquí estuvo la Atlántida, no en París o en Londres.

Miguel AlgOl, citaré la referencia que da sobre sí mismo en una entrevista realizada el año 2015, especialmente interesante por lo demás, es un estudioso de las tradiciones del “sendero de la mano izquierda”, la magia negra y el satanismo; dirige la casa editorial Infernalia. Doctor en Filología por la Universidad de Sevilla, ha sido profesor de lingüística y teoría de la comunicación en diversas universidades y centros de estudios superiores de España, Alemania, Noruega y Egipto. Ha publicado diversos libros, entre los que se encuentra el que reseñamos, y traducido textos capitales de Aleister Crowley (1875-1949) y de la controvertida Orden de los Nueve Ángulos (ONA)

Miguel AlgOl es también un artista, sus vídeos sobre Rosaleen Norton o Aleister Crowley así como varias propuestas experimentales son de gran calidad y pueden ser disfrutados en su canal de YouTube.

Materia Obscura (2012-2020) se compone de varios artículos cuidadosamente ordenados, que pueden ser leídos con aprovechamiento de manera independiente, aunque sigan una sutil trama,

en cuatro bloques temáticos (Filosofía Siniestra, Satán, Satanismo y Magia Negra) Su autor nos introduce en ellos, con claridad expositiva y erudición, a la temática relacionada con la Vía de la Mano Izquierda tocando en la medida de lo posible todos los palos.

Partiendo de referencias a una filosofía de la vida de corte vitalista, AlgOl afirma que el sendero de Lucifer es recuperar la voluntad de suerte y que la vida plena implica siempre un riesgo permanente. El autor recalca lo poco que tiene que ver con el satanismo el ateísmo del hombre moderno. Todo este ateísmo, laicismo, agnosticismo, o como cada uno prefiera puntualizar, del hombre moderno es, como su autoimagen de sujeto librepensador e independiente, una farsa. El cristianismo sigue vivo en el materialismo industrial moderno.

Especialmente adecuado para nuestro tiempo pleno de impostores es el capítulo titulado Parapsicología siniestra donde considera lo paranormal como un auténtico cajón de sastre.

Vivir sin creer en el progreso y no creer a los clérigos, ni a los de sotana negra ni a los de bata blanca son recomendaciones más que lúcidas, incluso necesarias, en este mundo que vivimos.

La Magia es un arte dirigido al desarrollo de todas las potencialidades del ser humano, por ello necesita que se venga abajo el tembloroso tinglado del Yo. La magia implica la rebeldía antisocial de atreverse a construirse uno su propia cosmovisión, inventándola conscientemente, eligiéndola y moldeándola a su gusto, acorde a las mutaciones incesantes de la propia vida.

Y pasando ya al bloque dedicado a Satán (especialmente interesante), en el que el autor manifiesta un conocimiento fundamentado de las lenguas semíticas, reflexiona sobre la etimología de la palabra de marras. Del Satāna medieval que designa una entidad femenina llegamos, tras un largo y fascinante desarrollo, al fuego: “al que da el fuego”…un fuego sin humo. La sección culmina con un erudito artículo sobre el dios egipcio Set, la bestia fabulosa….

En el bloque dedicado a Satanismo el autor realiza una breve pero precisa y sintética introducción a la génesis y desarrollo de este movimiento «religioso», si se me permite utilizar este calificativo, resaltando sus orígenes en el siglo XIX en Europa; reconoce también el mérito de Anton LaVey en recuperar y dar sentido al otro lado del Atlántico estas corrientes (muchas de ellas literarias) vinculadas al triunfo de la Voluntad y el placer sobre una vida gris y monótona. El carácter iconoclasta y rebelde, vitalista y antiespiritualista está presente.

El libro culmina con un apartado extenso altamente especializado pero inteligible sobre la Magia Negra. Se parte de cuatro modelos explicativos de magia: espiritual, energético, psicológico y solipsista. El autor escoge el ultimo modelo: para mi la magia es un camino para confirmar en la práctica una antigua sospecha: que con nosotros nace el mundo en que vivimos. La magia exige una implicación integral de la persona.

“Heka”: la magia anterior a los dioses, anticósmica y prometeica; la “misa de san Secario”, los sigilos, el karanamudra (signo “satánico” por excelencia), el chamanismo y la magia del caos son algunas de las cuestiones tratadas con brevedad y brillantez. El autor sabe perfectamente de lo que está hablando.

En diversos sentidos es útil que la mayoría de la gente no crea en la magia negra: Se ha dicho hasta la saciedad que una de las mayores ventajas del Demonio es que la gente crea que no existe. Mi experiencia, por ejemplo, es que la magia negra es especialmente eficaz cuando se dirige a personas que proclaman no creer en ella. Miguel AlgOl en la entrevista antes citada.

POST SCRIPTUM

Señalaré que en mi opinión el mundo de los Dioses, lo que llamamos Cosmos y abarca mucho mas que lo que las ciencias contemporáneas denominan desganadamente como

Naturaleza, se enfrenta, aquí y ahora en la etapa final del Kali Yuga, con la farsa tecnolátrica de los Titanes; simulacro que anda, nada casualmente, representándose descarnadamente ante nosotros. Basado en trucos, engaños y egrégores, su característica fundamental es su virtualidad, su deficiente presencia: no ha quedado otra cosa ya del saber que tenían en custodia los francmasones.

Los titanes eran dioses que fueron «derrotados», se desgastaron y cayendo en las formas más bajas de la materia (como lo hizo Babel) tratan de retornar en formatos anticósmicos pues no tienen otros a los que recurrir. De la Palabra Perdida al esperanto, o a los algoritmos, hay un abismo. Ya no pueden crear sólo controlar, y esto último: sólo degradando; en un horizonte entrópico. No dan ya nada, sólo toman; como Saturno devorando a sus hijos o la Covidistopía neoazteca que se nos echa encima como muy bien ha intuido Enzo Pennetta.

Quien mejor ha reflejado esto en la literatura, para el hombre contemporáneo, es H.P. Lovecraft. El retorno de los titanes también ha sido captado numerosas veces en la ciencia-ficción, por autores tan distintos como puedan serlo: Donald Wandrei, Robert Anson Heinlein o la serie de TV Los invasores, inspirada en unas novelitas de Keith Laumer. El retorno de los titanes implica una completa depreciación de lo humano y una profunda decadencia estética y cognitiva. Nada raro hay en que judíos, cristianos y musulmanes (sobre todo sus “autoridades” religiosas) asuman esto hoy como “normal”, cuando ya quizá siquiera lo perciban. Aquí y ahora estamos sufriendo de manera cada vez más directa estos efectos contra-ontológicos.

Los desarrollos tecnológicos relacionados con la cibernética, y la tendencia transhumanista y posthumanista a la fusión con lo inerte (menos carbono y más silicio), son metáforas de esta deriva titánica. Aquí, como con el nazismo, paradigma político-social del siglo XX (muy similar al bolchevismo ruso y al tecnocratismo implícito de las burocracias políticas fabianas anglosajonas escondidas tras la propaganda «democrática») nos encontramos con el proceso de concreción de un orden de corte tecnotrónico iluminado claramente por conocimientos ocultistas anticósmicos. El horizonte de retorno de los Descatalogados.

A nivel de “satanismo” tanto el Templo de Set, como el Templo Satánico, apologetas decididos de la ciencia contemporánea y los lugares comunes de “lo políticamente correcto”, vinculados a las agencias de seguridad y al proyecto IV Reich, representan la cancelación quizá definitiva de un proyecto de corte sivaítico (mejor o peor enfocado) articulado bajo la etiqueta de “satanismo”que tuvo lugar antaño.

Tanto Varuna con Vritra, como Apolo con Delfine encarnan en su victoria y la fundación que convocan (Delfos) el camino de la Fuerza, la Sabiduría y la Belleza. Hoy existe una gran confusión y nadie se entera de nada con relación a estas cuestiones pero sí: hay guerra en los cielos y los abismos no están solo en las profundidades físicas.

La mejor ilustración de este punto de vista, trasladado a obra literaria fantástica, lo da Philip K. Dick en una obra primeriza, alejada aún de su confusión “gnóstica” terminal, “Muñecos cósmicos” (Cosmic Puppets) donde se enfrentan, en un escenario implacable y apocalíptico situado en una pequeña y apartada localidad norteamericana, la diosa Anahita y Arimán: «el señor de la muerte viviente». Lo que hoy se preconiza como ciencia y transhumanismo, desarrollándose a través del Gran Reinicio, forma parte de este escenario arimánico.

Una mera farsa anticósmica en el umbral del Fin, por el Fuego, del quinto sol…