Tatús carcelarios: para siempre voy marcado

Tatús carcelarios: para siempre voy marcado

noviembre 28, 2013 0 Por Ángulo_muerto
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 Óscar Mariscal

 

Lo cantó Gardel en 1926: “En tu cuerpo de tatuajes adornado / hay recuerdos que no puedes ya borrar”… Hoy día, si esas experiencias se han vivido en viciadas atmósferas delincuenciales o punitivas, sus indiscretas cicatrices –“a fuego lento marcadas” que diría Rafael de León– son un libro abierto para fiscales y forenses… Ángulo Muerto te propone un bis a bis en la cárcel de la piel.

 

Mire estos cuadros de la pared. Son pechos y vientres de personas tatuadas. Observe la belleza de los dibujos y la originalidad de los colores. Graciosísimo este tatuaje de un pescador tunecino: África rodeada de tres delfines, un puñal y un perfil de mujer”… Eso cuenta Ben-Chusay a los visitantes de su tenducha en el barrio judío de Ámsterdam –al menos, así lo escribió Giovanni Papini en Gog–. Estas composiciones, debidamente curtidas y enmarcadas, se exponen junto a la bala que mató a Pushkin y una edición de los Crimes de l’Amour del Marqués de Sade encuadernada con la piel de una mulata asesinada en Londres. Los tatuajes escrachos y tumberos de los que hablaré –los que se estilan entre pandilleros, y los realizados intramuros de cárceles, reformatorios o manicomios– son tan dignos de los anaqueles de Ben-Chusay como de las tablas de una barraca ambulante de fenómenos: “la moda del tatuaje a finales del S. XIX –según Steve Gilbert– debió mucho al circo”.

 

Permíteme, amante de lo clandestino y lo asimétrico, sugerirte este acompañamiento musical: copla, fado y tango, pues cuando estos géneros intimaban con la marginalidad, sus autores estampaban rosas, corazones, dagas y sirenas sobre su piel y sus partituras.

 

ESCRITO AQUÍ, SOBRE MI PIEL

 

Es una vieja historia de amor/odio la que existe entre el convicto y el tatuaje. Estigma era la palabra latina para designarlo, y entre sus significados se incluye el de “marca impuesta como pena infamante”, pues a lo largo de la historia fue el método usado para señalar de por vida al delincuente, al traidor, al desertor y al proscrito: sema, picadura, punzado, pintura de guerra o – como dicen los gitanos– peripenao y asinabao, son sus sinónimos tumberos.

 

Los tatuajes de presos y pandilleros se caracterizan por sus gruesos trazos de color azulado: los vistosos pigmentos vegetales son sustituidos por tinta de bolígrafo o por una mezcla de orina y hollín, y la máquina profesional con agujas desechables inventada por Samuel O´Reilly en 1891, por un artefacto “carcelero” –la pipa de tatuar– en el que el rotor de un walkman proporciona al tosco punzón su necesario vaivén. Aun siendo ejecutados sin la rutilante parafernalia profesional actual, estos tatus ejercen una morbosa atracción, e incluso han inspirado un estilo comercial conocido como fine-line.

 

En el talego se marca voluntaria o forzosamente según se trate de imponer condecoraciones o castigos, pero siempre siguiendo un código estricto; el trabajo se hace rápida y discretamente, y todo el proceso está envuelto en un complejo sistema de tabúes propio del ecosistema carcelario, inteligible sólo para los iniciados: el maestro sólo revela los secretos del picado a su aprendiz cuando está próxima su libertad, o a cambio de una jugosa compensación… Un estudio encargado por el gobierno canadiense en 2009 reveló que el 45% de su población reclusa se tatuaba, y a menudo, usando agujas sucias; se puso en marcha entonces un programa –ahora cancelado– para instruir a internos en la realización de tatuajes estériles a sus compañeros, bajo la supervisión de funcionarios.

 

En lo que a su composición y diseño respecta, resulta evidente la existencia de una dependencia entre la tipología callejera –el tatuaje escracho– y la carcelaria o tumbera: los pandilleros introducen en el maco las tendencias del gueto, y al mismo tiempo, los tatus hechos en prisión crean nuevas modas dentro de las bandas. Aunque existen coincidencias y correspondencias entre los sistemas ideográficos tumberos de todo el mundo, cada país y aun cada penitenciaría dispone de su propia escuela.