TURBIONES

 Nekane Jurado y Emilio Carrillo

 

 

 

FRANK G. RUBIO

 

He escuchado a ambos personajes. Productos de la cultura propia de una democracia de baratillo. Sería interesante saber qué hicieron frente a los petrodólares los países del Este que conformaban el COMECON. Del mismo modo que lo sería conocer el grado de apoyo al modelo chino de estas personas que hemos escuchado; no cabe duda que desearían sustituyera al de los petrodólares. Pero todo lo polémico queda excluido para mejor ser integrado en sus lugares comunes normativos. Por ejemplo, la robótica. De la cual se habla claramente hace tiempo en términos bastante directos, articulada hoy en el concepto de Cuarta Revolución Industrial. Y es que hay que leer algo que no sea “Le Monde Diplomatique” caray.
Las clásicas simplezas pues expuestas del modo infantil que corresponde a la izquierda española, encapsulada entre una universidad penosa productora de mediocres funcionarios y una presencia femenina que no añade nada que supere la cifra menos uno. Por cada bobo, dos tontas.
Termina descubriendo que hay que practicar la insumisión civil...pero no dice una palabra del papel de la izquierda española en apoyar todo lo que denuncia. Por poner un ejemplo anterior al Covid: Carmena favoreció como nadie a Amazon perjudicando fuertemente a los libreros. Y así, cincuenta más.
Estamos intelectualmente bajo mínimos, sometidos a burocracias sarnosas. De la Cultura, con C de Carroña, mejor no hablar: el astronauta y Manuel Castells.

 

 

 

TURBIONES

 

Humo.

 

Yo no quiero defender a esta mujer, a la que no conozco de nada, ni sé su ideología, etc. Pero me parece que lo que ataca es la normatividad y la imposición de normas, sin hablar de un partido u otro, si acaso habla de países o bloques. Lo que defiende es que la reacción a la "pandemia" es parte de un movimiento supranacional de control de la producción y centralización de capitales, con independencia de derecha o izquierda, y que es un reflejo de la lucha occidente/oriente (entendida también Rusia como oriente).

A mí, desde luego, lo que me parecen infames son las prohibiciones e imposiciones a la libertad, vengan del partido que vengan y de la ideología que vengan, entrar en el juego de izquierda-derecha, que es lo que la clase política prefiere, no me parece que dé sentido a nada, ya que lo que hace es simplemente llevar a contradicciones a los que entran ahí, con lo que su postura y cualquier argumento crítico que puedan tener quedan anulados.

En cuanto a la mediocridad actual, no es propia de los profesores de universidad, sino de la sociedad en general, incluyendo parados, agricultores, toreros, poetas, actores, taxistas y un largo etc. El porcentaje de gente que vale o no vale, que tienen cierto calado en lo que hacen y en sus vidas, es similar en cualquiera de las secciones de la sociedad española.

Hace mucho tiempo que se postuló el cuento del traje invisible del emperador. La sociedad sigue siendo la misma, y los ropajes de todo rey o emperador de su reino/recinto, por pequeño que este sea, siguen siendo invisibles, así como la reacción del público ante el traje sigue siendo borreguil en su mayor medida.

Yo puedo estar de acuerdo en que hay diferencias entre derecha e izquierdas, sobre todo en que la izquierda acentúa siempre sus disfraces, para parecer más niña, más inocente, más víctima, mientras que el traje de la derecha muestra más su nervadura, sea esta agradable o no, lo que no deja de implicar un mayor grado de sinceridad por su parte. Pero también creo que, en última instancia, los intereses de cualquier político, sea de derecha o izquierda, son al final muy similares, y en su gran medida están alejados de los ciudadanos a los que dicen representar.

Según el Tao, el buen gobernante debe ser poco más que un intermediario entre los dioses y la tierra. Lo que nos retrotrae a los principios de las monarquías. Francisco Suárez rompió eso, estableció que el poder pasaba de los dioses al pueblo, y que este lo cedía a sus gobernantes (o profesores, en una pequeña analogía). De forma inesperada, Suárez y su grupo escolástico dieron pie a los movimientos de independencia de los virreinatos en América, y a la enorme crítica que el mundo anglosajón ejerció desde entonces sobre España y sus gobiernos de forma claramente torticera, ya que los definió como ilegítimos, con lo que, a su vez, legitimaba el atacarlos y sustituirlos por otros más justos, antes ya de la revolución gala. De ahí nos viene la santificación de la democracia, de esa apropiación ideológica de una cuestión sociopolítica que permitió desbancar un imperio, descentralizado pero obviamente desmesurado, y sustituirlo por otro, el suyo. Ese giro tiene inesperadas raíces en la escolástica. Pero parte de la sociedad sigue creyendo a pies juntillas esa crítica, que tiene interiorizada hasta extremos increíbles que van de lo freudiano a lo jungiano, por su dimensión social. Y en el tratamiento público y político de este nuevo virus hay una no despreciable dosis de este curioso ingrediente.

En fin, que no hay nada como el Caribe.

 

FRANK G. RUBIO

 

Estoy de acuerdo contigo en todo,Humo. No criticaría ni precisaría nada de tu carta. Pero llevo más de siete meses con esto y aparte de sufrirlo como tú, oyendo a tirios y troyanos e incluso a medos y persas. He escrito varias cosas breves que se refieren a esto, indirecta o directamente. Y en tres vídeos muy diversos, uno de en solitario, me referiré a ello de una manera u otra en los próximos catorce o quince días.
Creo que hay que afinar el análisis teórico y aglutinar a gente de todo tipo contra esto. Dos cosas distintas. Pero si me remites a esta señora, a la que conocía de oídas ya, y al comentarista universitario te respondo lo que te respondo. Pienso que es desde la Universidad en gran medida desde donde a uno le cabría esperar una reacción generalizada de rechazo. Y mayor refinamiento teórico. Este mail que me envías constituye en sí mismo una requisitoria inteligente, bien escrita e informada sobre esta circunstancia. Lo publicamos pues.

 

 

 

 

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