Nic Pizzolato y la porosidad del tiempo

 

 

 

 

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Blanca Perse

 

  

   Hablar mal de la temporada 2 de True Detective es para mí signo infalible de que el autor de la crítica es fundamentalmente estúpido por elegir hacerse eco de una tendencia altamente mediocre y definitivamente caduca. Viene a cuento porque con el lanzamiento de la última temporada casi todos los críticos sienten la imbécil necesidad de incluir en sus textos la anodina aclaración de que, en fin, la temporada 2 bla bla. Es muy difícil encontrar en la red o en revistas impresas especializadas un análisis profundo de lo que pasó, de todo lo que pasó. Antes de analizar la Temporada 3, repasemos varios aspectos esenciales de las anteriores temporadas de esta serie de culto:

 

   La 1ª temporada consistía en 2 héroes, 3 ó 4 villanos, 8 episodios y 1 solo director. En la temporada 2, por el contrario, habían 4 héroes, un puñado infinito y muy complejo de villanos, y 75.000 directores interviniendo 8 episodios. HBO acabó admitiendo públicamente que fue responsable de que la 2ª temporada le supiera raro a gran parte de la audiencia: impuso varios directores con distintos estilos a un guión muy complejo. Y a Pizzolatto no le quedó otra que aceptar.

   No sólo eso: a los humanos nos siguen disgustando los cambios, y en Instagram y otros foros hay todavía demasiados subnormales 'exigiéndole' a Pizzolatto que resucite a Rust Cohle. Me recuerda a cuando la industria quiso forzar a Hitchcock a repetir Con la muerte en los talones e imitarse a sí mismo. Afortunadamente Hitchcock no lo hizo, y Pizzolatto tampoco.

   La temporada 3 de True Detective me pareció un extraordinario ejercicio de narraciones concéntricas, llamémosle así por un segundo. No es que me gustara, es que definitivamente ha influido mi escritura para siempre. Me ayudó a entender los anteriores temporadas, manteniéndose la injustamente vilipendiada 2ª como favorita. Este es un texto en el que quiero introducir a los lectores a lo básico de la 3ª: si alguien está interesado en que también comparta lo que siento sobre la 2ª, escriban al editor y lo haré.

   Debería haber comenzado escribiendo que Pizzolatto es muy americano, y aquí en Europa, y más en España, no podemos apreciar la profundidad de sus metáforas. Eso es verdad en todo creador: Kurosawa, Tarkovski, Fellini, Bergman, etc... La genialidad consiste en crear una obra que, aún local, sepa conectar con la naturaleza humana en todo lugar de esta loca Tierra. En mi opinión nada humilde, Pizzolatto lo logra. Observemos a Wayne Hays, por ejemplo, Purple Hays. Aquí en Europa, aquí en España, nos creemos que podemos empatizar con un personaje que es veterano de Vietnam. Gran error, no podemos. Carecemos de décadas de contexto mediático, y haber tenido relación con familiares, amigos o conocidos veteranos. No es equiparable con nuestra guerra civil. El horror de Vietnam es sólo equiparable con el horror de Vietnam. Aún así logramos conectar con él aunque también desconozcamos otra de sus complejas dimensiones: su raza. El análisis, como veréis, da para un libro. Regresemos al cómodo formato de una crítica breve en una revista online gratuita.

Wayne Hays posee un instinto de cazador tan poderoso que no sólo es infalible en la jungla o en escenas de crimen: también rastrea tiempo y memoria. ”Wayne” en inglés significa ”menguante”, y alude a la lucha del cazador contra su creciente Alzheimer. Pero Purple Hays es mucho más: en 2015 está representando a todos aquellos soldados que lograron sobrevivir a  todo (guerra, locura, pobreza) y que en este mismo instante están también olvidando y falleciendo. Pizzolatto no quiere que los EEUU olviden. No quiere que nadie olvide.

Roland West, por el contrario, representa otro tipo de veterano: en 1980 le vemos esgrimiendo un anillo de masón y andando con exquisito cuidado para formar parte del establishment. Vamos a mantener este texto libre de spoilers y no añadiremos más acerca de su progreso dentro de ese establishment.

   A pesar de la omnipresencia de estos 2 personajes ricos en simbolismo, mi favorito de esta temporada es Amelia Reardon, que aparece por primera vez leyendo con firme voz aterciopelada un poema de Robert Penn Warren, Tell Me a Story, “Cuéntame una historia”. Y verdaderamente consigue contar no una, sino varias historias concéntricas brillantemente entrelazadas.

   Pizzolatto no ubica esta 3ª en Arkansas sin carecer de razón: el público norteamericano aún recuerda el “West Memphis 3”, y escándalos sexuales y de pederastia en torno a numerosos políticos y figuras prominentes. Aún siendo europeos y españoles podemos quedarnos ahí o ir a más: la eterna y callada guerra entre irlandeses y afroamericanos, la explotación laboral y la especulación inmobiliaria que en aquellos 80 acabó produciendo muchos de los presentes empresarios multimillonarios. De nuevo podemos elegir quedarnos aquí o seguir avanzando con la persistencia de Hays para dejarnos penetrar por la naturaleza porosa del tiempo y nuestro existir sobre este planeta perdido en lo oscuro del cosmos.

   La elección de actores es magistral, no puedo resumir y dar evidencia aquí del acierto de todos y cada uno de ellos. Como escritora me preguntó que ha de sentir Pizzolatto al ver a tan magníficos profesionales encarnando todas esas frases concebidas en su mente. Y para dotarlas de ese eco que ya nos pertenece y que no olvidaremos nunca, la voz del escritor halló concavidad con T Bone, que compuso la banda sonora.

   "Aún se me siguen ocurriendo teorías", murmura el rastreador. Y es mi opinión que Pizzolatto construyó y distribuyó los elementos fundamentales de esta fábula para que también la audiencia no cesara de contar sus teorías acerca de lo que ocurrió. Y esta es la historia de lo que yo creo que ocurrió. Esta es una de ellas. Poseo varias, como el mismo Hays, o West, o los encendidos y muy apasionados miembros de foros y redes sociales, y las familias norteamericanas que vieron la serie y recordaron los 80 y los 90, Vietnam, San Francisco, las crisis económicas, etc... (Aquí en Europa y aquí en España estábamos en otras en los 80 y en los 90)

   Cuéntame una historia, dice Warren dice Amelia dice Pizzolatto. La Temporada 3 es verdaderamente una historia de grandes distancias y luz de estrellas. Para algunos este exquisito viaje nos condujo a “1208 Allegra Lane”, lo que bien pudiera ser la dirección del paraíso. Otros llegaron a destinos más decepcionantes. ¡Qué le vamos a hacer!

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