2010 Odisea 2: Futuro Pasado

 

 

Frank G. Rubio

 

 

   

 "La MGM no lo sabe aún, pero acaban de costear la primera película religiosa de seis millones de dólares. Lo que aquí tratamos es una definición científica de Dios". 

Kubrick sobre 2001

 

   

   El 2 abril de 2018 se cumplieron cincuenta años de la première que tuvo lugar en Washington DC de 2001: una odisea espacial. Ese mismo día en 1984, año de estreno de 2010: The Year We Make Contact, sería lanzada desde Baikonur (Kazajistan) la nave espacial tripulada soviética Soyuz T11 que llevaría con ella un hindú. Estas peculiares sincronías o coincidencias, también el doctor Chandra de la película del 84 (maestro de HAL) es indio, pueden muy bien ser indicio de que tras el programa espacial oficial hubiera un programa esotérico anexo basado en procedimientos de magia analógica incluso simpática. El uso de un simbolismo más o menos oculto, casi subliminal, articulado en imágenes en movimiento, lanzado hacia las mentes de millones de personas ansiosas de sensaciones vicarias, alegremente inmovilizadas en el útero ficticio de la sala de proyección cinematográfica, puede tener una fuerte incidencia sobre sus mundos interiores y repercutir en cierto grado hacia el exterior, vía leyes de resonancia, a través de la retícula de las correspondencias. El mensaje de fondo de las creaciones de los cineastas y los límites de la crítica especializada han escamoteado en numerosas ocasiones lo que no aparece, ni se ofrece, directamente a la comprensión del espectador. Que suele ser decisivo para entender cualquier materia artística o tratar de mejor hacerlo. El cine es una forma de narrativa que permite un manejo ideal del contrabando de mensajes indirectos. 

   Es imposible hablar de la película dirigida por Peter Hyams, realizada en estrecha colaboración con Arthur C. Clarke (1917-2008), como ocurriera con el film de Stanley Kubrick (1928-1999), sin referirse a 2001: una Odisea espacial. Como es erróneo no tener en cuenta las dos novelas relativas a ambos filmes; errores en los que incurre el neoesenio Gastón Soublette (1) en su, por lo demás, notable artículo sobre los mensajes secretos de la película publicado en el 2001 y escrito antes del 11 de septiembre bajo la influencia opiácea de Neruda y Violeta Parra. En el primer caso: una novelización que es a la vez guión, escrita a cuatro manos; y en el segundo: una novela de ciencia-ficción de nivel medio que puede leerse de manera independiente con aprovechamiento; cosa que no puede hacerse del todo con la película que habría resultado mejor de tener en cuenta muchas cosas omitidas por el guión, reduciendo las referencias excesivas a especulaciones sobre la política internacional del momento que en la  novela tienen poco peso en la trama básica y que hoy nos parecen con justicia anacrónicas. Ver las dos películas de nuevo en el plazo de una semana, con décadas de distancia de su último visionado, produce curiosos efectos como el de concebir como mucho “más moderna” la película de 1968. 

   Porque la temática de ambas películas y obras que son complementarias, aunque en el caso de los filmes de muy diferente categoría estética, no es otra cosa que la narración mitológica de la generación de un nuevo tipo humano gestado en la experiencia interplanetaria. El advenimiento del Superhombre. ¡Dios mío, está todo lleno de estrellas! 

   Los chinos, que son introducidos en ambas novelas como factor discordante de política internacional, son omitidos en ambas películas a pesar de que en la segunda novela son los primeros en llegar a Europa (satélite de Júpiter) y tienen bastante presencia en la trama. Para Clarke: los chinos eran “malos” y los rusos “buenos”. Pero con todos mis respetos: las opiniones políticas de los autores de ciencia-ficción como las de los raperos o las de Maribel Verdú, por poner un ejemplo al azar, hay que tomarlas con un grano de sal.

   Hoy, que podemos imaginar poder poner una distancia adecuada, principiamos a entender muchas cosas que fueron de difícil comprensión para los contemporáneos. Entre los dos filmes ocurrió algo que trastocó todo por completo y que aún hace sentir sus efectos sobre nosotros: el nacimiento de la serie Star Wars (1977) con un muy peculiar y refinado uso de los efectos especiales y una tendencia decidida a la infantilización de las tramas de ficción científica. En el mundo real tiene lugar la aparición y posterior difusión generalizada de los ordenadores personales, que tuvo gran influencia como veremos en la realización del segundo film posibilitado en gran medida por el intercambio de correos electrónicos, entonces en su infancia, entre Hyams (Nueva York) y Clarke (Colombo, Ceilán) Para los interesados en detalles estólidos de corte científico-técnico señalar que utilizaron para sus comunicaciones un KAYPRO. Otro detalle peculiar: las maquetas de las naves de la película de Kubrick fueron destruidas, siguiendo sus instrucciones, tras el rodaje. Para gestionar el nuevo escenario hubo que recurrir una copia de 70mm del film y trabajar sobre ella, fotograma a fotograma.

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   La mañana del día 25 de agosto de 2018 me sorprendió en el Metro de Madrid, en concreto en el kilómetro 0 de la ciudad; numerosas pantallas emitían para una multitud de homúnculos, portadores de móvil o con audífono, en un estado semicomatoso por ser una hora temprana de la mañana y casi festivo, una imagen de Júpiter y un mensaje escrito que se repetía de manera incesante: Científicos estudian si la luna Europa podría albergar vida. Un hedor abominable impregnaba, tanto el vestíbulo como los sucesivos andenes por los que circulé. Al margen del hecho de que el gobierno de la más baja canalla se hace notar en todos los ámbitos de la vida del país, es importante destacar la sincronía entre la posible supuesta vida emergente a millones de kilómetros y la cadavérica realidad de los habitantes y usuarios, tanto de las fantasías fílmicas de las que hablamos como de la divulgación de grandes descubrimientos científicos con los que se nos pretende adoquinar el fúnebre día urbano. Las distopías son así y los mensajes secretos en el cine también se dan en la realidad. No es casual que 2010 se haya estrenado en 1984, resultando también significativo que en la novela coescrita con Kubrick (1968, estreno) el destino del Discovery fuese Saturno y no Júpiter. No es lo mismo marchar o retornar simbólicamente hacia el señor de la Edad de Oro, por cierto: un caníbal en la linea de nuestros supuestos ancestros de Atapuerca, que hacia el Soberano de los dioses qué previamente le destronó; sobre todo cuando la trama va a llevarte a la conversión de Júpiter, tras su destrucción convocada por decenas de miles de monolitos homicidas, en un nuevo sol. ¡Algo maravilloso está a punto de ocurrir!  

   En el origen de la película de Kubrick el monolito (2) fue pensado como una pirámide, como curiosamente también tenían pensado para el Valle de los Caídos, pero no resultó fotogénico y se adoptó la tableta/portal a la Oscuridad. El final de la primera película nos coloca en contacto con la imagen de un bebé colosal, el niño estelar, con un ojo, el izquierdo (3), sensiblemente mayor dado el ángulo y el modo lento de aproximación hacia nosotros del viajero. En la segunda, de la explosión de Júpiter surgirá un nuevo sol: más brillante que el original; en la novela, que no en la película, Lucifer naciente.

   El primer film resulta completamente genial, en gran medida por haber Kubrick mantenido a distancia a Clarke. Su éxito pendió de un hilo y lo determinó la fuerte aprobación de los hippies que la convirtieron en película de culto; David Bowie (1947-2016) acudió a verla en trance dionisíaco, mezclando vino y hachís. Por descontado la URSS no sobrevivió hasta 2010 y no hemos vuelto a la luna desde 1972; el valor de predicción de estos mitemas es escaso. Ver las dos películas en sucesión muestra claramente la superioridad estética en todos los planos del film de Kubrick; Hyams había realizado antes, no obstante, dos excelentes películas relacionadas con el género fantacientífico. Se debió prescindir de Clarke en esta segunda, como máximo tenerle como asesor. Con todo 2010, odisea dos es, como señala un crítico anónimo (los mas fiables) un film honesto y eficiente, muy entretenido y con instantes para el recuerdo, como por ejemplo la reactivación de HAL 9000. 

   La clave de bóveda del bloque bicéfalo está en HAL y su reparación. HAL tendrá ahora una voz femenina, aportada por la no acreditada Candice Bergen, y se convertirá en compañero etérico imaginario de Bowman. Bowman, el arquero, atravesará el abismo en la primera película para adquirir su dimensión suprahumana tras confrontar a HAL. Su viaje psicodélico es, sin duda, una alegoría, mas que de haber atravesado un portal dimensional de haberse fundido con la máquina. La característica fantasía transhumanista. tan de moda ahora en la que estamos poniendo a disposición de las IA vastos sectores de la toma de decisiones y no sólo en los mercados financieros. Por ello la canción Daisy Bell (Bicicleta para dos) que tanto molesta a Soublette, nuestro santurrón critico chileno, que ve sobre todo esoterismo cabalístico de factura mesiánica, no es algo banal como podríamos imaginar. Daisy significa “margarita”, esta flor es un símbolo solar relacionado con la diosa Freya. Pero ¿qué le puede importar a un devoto del supremo pontífice, "amigo" de los niños (4), algo similar a la inocencia?

 

ALL THESE WORLDS ARE YOURS – EXCEPT EUROPA.
ATTEMPT NO LANDINGS THERE.

 

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(1)  Mensajes secretos del cine por Gastón Soublette (Editorial Andrés Bello; Barcelona, 2001)

(2)  Los monolitos, que en un  principio se pretendían pirámides, son en cierto modo una transcripción a mesilla de noche del edificio de las Naciones Unidas. Más que una nuevas tabla de la ley, una tabula rasa; un pedazo de oscuridad solidificada, un arimanismo.

(3) Al-Masih ad-Dajjal: “el impostor”, el falso mesías, que la tradición islámica sitúa en el fin de los tiempos poco antes de la llegada del Mahdi (“el Oculto”). Alí señala: His right eye will be punctured, and his left eye would be raised to his forehead and will be sparkling like a star.(Su ojo derecho estará pinchado y el izquierdo le llegará hasta la coronilla y brillará como una estrella) Kubrick sabía de lo que hablaba.

(4) Arthur C.Clarke no hacía ascos todo lo contrario a tener relaciones con menores. Por eso se había trasladado a vivir a Ceilán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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