LOS CELTAS

 

 

 

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Héroes y Magia.

La cultura guerrera de la Hispania  céltica.

Gonzalo Rodríguez García.

Almuzara 2019

 

 

Frank G. Rubio 

“Estaban los Tuatha Dé Danann en las islas del norte del mundo, estudiando saber oculto, hechicería, artes druídicas, brujería y habilidades mágicas, hasta que llegaron a sobrepasar eternamente las artes paganas”. Cath Magh Tuired

 

 

 

   Este libro fascinante, aunque en algunos momentos devenga reiterativo, hace hincapié en la antropología y simbolismo del honor guerrero practicado por los celtas que habitaron la península ibérica antes, durante y tras la llegada de Roma. Su carencia de druidas, es decir de especialistas en la función sacral, les convirtió, como podríamos decir de los mismos romanos, en paradigma encarnado de lo que la meta política del ciclo involutivo, en el que aun trabajosamente persistimos, califica como "revuelta de los kshatriyas”. El libro, evacuado de su parte historiográfica por mor de cumplir una función más divulgativa, se divide en dos partes bien diferenciadas; la primera de ellas es una aproximación general a la Hispania céltica desde el punto de vista étnico, socioeconómico y sociopolítico. La otra parte se centrará en el estudio de los principios, valores y creencias de esa misma Hispania céltica. Lo que el autor denomina: “tradición guerrera de la Céltica hispánica”.

   La primera parte y los anexos, a mi juicio quizá las más interesantes y también las mejor fundamentadas, se plantea en un momento histórico concreto: la llegada a la península de los invasores cartagineses y romanos. Leeremos detalladas referencias, procedentes obviamente de fuentes clásicas y por ello sesgadas, a temas capitales de nuestra proto historia como puedan serlo: Numancia o Viriato. No es pues objeto del trabajo la etnogénesis de la Hispania céltica o de la Céltica europea. Tema básico sobre el cual diremos alguna cosa al final para cotejar críticamente algunas de las tesis del autor partiendo de la lectura de Los orígenes celtas del Reino de Brigantia de Ramón Sainero.

   La segunda parte se ocupa de los principios, valores y creencias de la Hispania céltica ocupando un lugar destacado en ella tanto la magia guerrera y la figura del lobo, a la que va asociada, como la sociedad de jefaturas y la idea de Imperio. Esta parte es de gran interés pero por no tener excesivo apoyo arqueológico y descansar en fuentes clásicas exógenas a la cultura celta, que no conoció formas de escritura desarrollada al margen del alfabeto secreto de los druidas (Ogham), resulta a mi modesto juicio un tanto proyectiva.

   En el 240 a.C. desembarca en Cádiz, Amilcar Barca (275 a.C-228 a.C.), iniciándose con ello un tiempo de conquista, conflicto entre conquistadores y resolución final a favor de Roma tras numerosas vicisitudes bélicas que culminan con las guerras cántabras en el 19 a.C. Al final del camino, Roma misma habrá experimentado una mutación decisiva y se habrá convertido en un Imperio; tras décadas de muy sangrientas guerras civiles que diezmaron de modo inmisericorde su clase dirigente. La agonía de esta construcción, herida de muerte desde sus comienzos, duraría hasta el asalto que los turcos realizaron a las murallas de Constantinopla en 1453.

   Recordemos al lector que la Céltica es una de las diferentes provincias indoeuropeas, siendo también uno de los referentes identitarios de Europa, una de sus raíces protohistóricas. El surgimiento de la Céltica puede ser rastreado en el siglo XII a.C. a finales de la Edad del Bronce. Y se caracteriza, como señala el autor, por el advenimiento de sociedades fuertemente jerarquizadas con un prominente componente ideológico de corte guerrero. La llegada en el siglo VIII a.C. de la tecnología del hierro, producirá intensos cambios económicos y políticos.

   La tesis del autor consiste en considerar el camino del héroe como el sustrato esencial de la sociedad celta. Una agonística guerrera a la que corresponde una ética heroica. El Héroe, del cual es atributo la ferocitas céltica tan temida por los romanos, encuentra su culminación en la muerte en combate: la mors triumphalis. Las sociedades celtas son sociedades de jefatura donde la vinculación personal a través de la devotio o de la fides se constituye en eslabón societario decisivo. Los guerreros se relacionan no sólo en el combate sino en los banquetes, donde la música se entrelaza con la narración para dejar que el mito realice su trabajo visionario y haga descender sobre los guerreros su influencia numinosa. El logos céltico es un logos poiético.

   La confrontación de lo Celestial con lo telúrico, en el ámbito determinado y configurado por estas sociedades de guerreros, vendrá filtrado a través de escenarios mistéricos de corte iniciático a los que calificar de chamánicos no resulta inadecuado. El autor muestra especial interés en las transformaciones rituales de los guerreros en lobos, con la consiguiente exaltación de la muerte violenta y el adecuado fomento y manejo del furor guerrero. Si el guerrero muere en batalla, triunfa, alcanza la gloria y asciende al Más Allá Celestial: a la Isla de los Bienaventurados, al Reino de los Inmortales.

   El asunto sobre la espiritualidad celta es complejo. Sobreviven pocos nombres de sus dioses, citaremos a Hermes, al incógnito Vaélico y a Lug entre otros. El autor nos habla de ellos con conocimiento pero adopta una actitud normativa positiva hacia el hecho de la transformación de algunas jefaturas celtas peninsulares en leales servidores del Imperio romano. Del estudio de las literaturas irlandesa o galesa se sacan otras impresiones, más complejas, sobre la naturaleza de la cosmovisión de estos pueblos cuyos orígenes están en la lejana Asia de la cual llegaron en varias oleadas a la península para proseguir hacia Irlanda y más allá. Entre el mar Negro y el Caspio, si no en lugares aún mas remotos, estaba su supuesto origen. El Libro de las Invasiones (Leabhar Gabala) habla de los orígenes escitas de la cultura celta y del largo periplo naval que llevó a estos pueblos, procedentes del mar Negro: de Anatolia a Grecia, de Grecia a Iberia y de Iberia a Irlanda. La conexión del noroeste español, donde reside para Gonzalo Rodríguez la más arcaica de las raigambres celtas, con Tartessos, nos habla de un pueblo perito en las artes de la navegación que llegó a Iberia en épocas remotas, contemporáneo a la destrucción de Troya y con un conocimiento inapelable en el trabajo de los metales. Un pueblo de navegantes y de magos cuyas aspiraciones, contenidas en complicados meandros míticos en espiral, exceden con mucho la vocación de representar el papel de “seguratas” de una congregación de cuatreros como fue la que dio origen a Roma.

   Libro pues necesario, riguroso y a la vez ameno sobre nuestra historia antigua, de muy recomendable lectura; la parte final, en forma de anexos sobre la conquista de España por Roma es imprescindible. Discrepo únicamente en lo que entiendo excesiva importancia dada, desde el punto de las significaciones del ser celta, a la integración de las bandas guerreras en la mecánica militar del Imperio. Para mí es un fenómeno inteligible, loable incluso, pero menor, teniendo en cuenta que la civilización celta es mucho más navegante que guerrera de lo que parece y que sus mitos, a pesar estar filtrados y falseados por los monjes cristianos, conllevan el acceso a un imaginario extremadamente discordante con las visiones que han dado en llamarse “mundo clásico”. Resulta natural que Platón, un obsesionado con ejercer el poder político desde el ámbito de la secta, viera no solo frustrados sus objetivos por lo real sino que tuviera un marcada hostilidad hacia Homero y los poetas. No entendía una palabra de los laberintos y propendía a ver todo en blanco y negro o a querer que así lo vieran los demás. Los celtas fueron grandes, diría que colosales, porque vehicularon una palabra ancestral que alumbraba un periplo sagrado, entre las brumas de la lscuridad visible, hacia una isla sobrenatural.

   Gonzalo Rodríguez es Doctor en Historia, espíritu viajero y céltico donde los haya, y es su tesis doctoral la que ha servido de base para este libro. El Aullido del Lobo y la Forja y la Espada son algunas de sus aportaciones, valiosas aportaciones por lo demás, que el lector puede encontrar y seguir en red.

 

La patria es el mar...

 

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