ENTREVISTA A CARLOS ROMEO

Francisco Arellano 

 

 

Delirio_129._Lilith_1.jpg

 

 

Francisco Arellano entrevista a Carlos Romeo con motivo de la publicación de la novela Lilith (La biblioteca del laberinto, Miraflores de la Sierra, Madrid, 2019), de Ignacio Romeo y Carlos Romeo.

 

   Conocí a Ignacio Romeo hace muchísimos años, cuando yo era muy joven y empezaba a moverme por el mundillo de la ciencia ficción con la alegría y la despreocupación que dan los pocos años. Ignacio, por aquella época, era un hombre mayor (para mí, porque era más joven de lo que yo lo soy ahora, supongo) y a mí me parecía un gigante del género; lo tenía todo, lo sabía todo, escribía, se había leído muchas cosas que ni siquiera habían aparecido en español y que desconocíamos incluso a sus autores y nos mantenía informados (junto con Carlos Saiz Cidoncha yAgustín Jaureguízar) de lo que pasaba en el mundo de la ciencia ficción fronteras adentro y fronteras afuera. Ignacio era imprescindible en las reuniones que celebrábamos en los locales que nos iban prestando semanalmente o donde podíamos (mal que bien) pagarlas. Ignacio, además, era escritor (y de los muy buenos) y yo tuve el honor de publicarle una de sus novelas cuando monté la primera colección Delirio (que el viento se llevó). La novela era Estigia y posiblemente tenga ocasión de una nueva vida, aunque de eso ya se hablará. Mientras tanto, algunas de las obras cortas de Ignacio fueron apareciendo en diversos medios, otras quedaron inéditas y otras quedaron inconclusas como las sinfonías de Schubert. Una de ellas, la que nos trae hasta aquí, la hemos reeditado en La biblioteca del laberinto, que viene a ser la heredera de la antigua colección Delirio de la editorial Francisco Arellano. La novela a la que me refiero se llama Lilith y fue dejada sin terminar por su autor en espera de tiempos mejores. Al final, quien la ha terminado ha sido el hijo de Ignacio, Carlos, que es quien, a la postre, nos va a explicar todo lo relativo a esta obra que encuentro de necesaria lectura, pues es como dar marcha atrás en una extraña máquina del tiempo.

            Los reunidos para esta entrevista somos Carlos Romeo, coautor de la novela Lilith, y Paco Arellano, editor de la misma. Yo [Arellano] conozco a Carlos desde que era un chaval, pues venía con su padre a las reuniones y allí se iba enterando de lo que era la ciencia ficción y de lo que éramos aquella pandilla de pirados a los que tanto les gustaban las novelas de marcianos, por etiquetar una afición. Carlos es médico, como lo fuera su padre, y escritor, como él, y aficionado a la música de calidad. Colabora en Delirio con una “sección” de música rock que creo que es casi novedad en el fándom español, aunque también publica otras cosas. Pero bueno, también vamos a hablar de él o, mejor dicho, él acabará por hablar de sí mismo. La primera pregunta de esta entrevista es muy rara, pero creo que lo entenderán cuando conozcan la sorprendente respuesta.

 

FA: Carlos, ¿qué puedes contarnos acerca de Blancanieves González?

 

CR: ¡Esta sí que es buena! Lo he contado de viva voz en varias ocasiones pero ésta es la ocasión para que esto quede fijado.

            Empecemos por el principio. Mi padre tenía inquietudes que incluían la exploración de la forma literaria. Así que se dedico a ello y escribió un texto muy novedoso para él. Hizo el experimento y le salió bien, al menos en mi opinión, ya que hizo algo distinto de lo que acostumbraba pero con un resultado perfectamente legible. Pero hubo algo más. En 1977 había dos tipos posibles de salida para este material y estos eran los fanzines o la revista Nueva Dimensión. Decidió enviar el texto a esta última. Dada la temática del mismo y como una broma decidió usar un alias y así firmó la narración como Blancanieves González. Corría el mes de agosto de aquel año y la primera parte de las vacaciones de nuestra familia se dedicó a un viaje organizado por Italia en autobús, inolvidable por muchos motivos. A la vuelta, el destino era el balneario de Panticosa. Llegamos desde Madrid a lomos de nuestro Seat 600 a la ciudad de Huesca y se hizo in extremis para llegar a una estafeta de correos, en la cual mi padre mandó a Nueva Dimensión un sobre con aquél texto en el que figuraba un remite a nombre de Blancanieves González con una dirección inventada ad hoc. Lo cierto es que desde entonces nunca más se supo de la narración. Se trataba de “Memorias de una puta de astropuerto”, germen de lo que luego sería Lilith. No sé qué pensaría quien recibiera el envío en la sede de la editorial Dronte.

            Ahora toca decir que el texto citado se ha convertido, transformado, en la introducción de las dos partes en las que se divide la novela.

            En cualquier caso que nadie piense que este primordio se ha perdido. Mostré mi copia en la presentación de Lilith el pasado doce de septiembre de 2019, más de cuarenta años después de haber sido escrito. Es decir, tengo guardado “Memorias de una puta de astropuerto” tal y como fue redactado originalmente.

            Señalar por último que mi padre tuvo otros heterónimos, al menos el de Miguel Montenegro, pero ninguno tuvo la trascendencia, o la falta de ella según se mire, de Blancanieves Gónzalez.

 

FA: Tras aquel envío a Nueva Dimensión, imagino que Ignacio empezó a escribir, en algún momento no determinado, lo que quería que fuese la novela Lilith. ¿Tienes alguna noticia referente a esta génesis? Y, especialmente, me gustaría saber si lo que Ignacio escribió como “Memorias de una puta de astropuerto” fue escrito teniendo en mente que aquello se iba a convertir con el paso del tiempo en una novela.

 

CR: Me parece muy claro que desde el principio mi padre sabía hacia dónde debía dirigirse la narración en el futuro, pero no cómo y tampoco lo que vendría después (me refiero al arco narrativo total). Lo digo por intuición, no porque me lo dijera.

            Conviene recordar aquí que mi padre siguió trabajando en otros textos hasta que murió mi madre. Esto le paralizó unos años hasta que a finales de la década de los ochenta volvió a escribir terminando la novela La Sangre Ligera. Después nos encontramos ya en el momento del cambio de década, que es la del marco temporal de la tercera y última etapa creativa de mi padre. También fue la época en la que yo mismo empecé a vivir por mi cuenta. Así que tuvimos menos ocasión de poder tratar estos y otros temas. Sin embargo, sí que recuerdo que él empezó a documentarse muy concienzudamente sobre los aspectos que le dan el fondo y forma a toda la primera parte de la futura novela. Ya lo había hecho con anterioridad para La Sangre Ligera así que aquello no me pareció raro sino completamente natural. Consultar libros, fotocopiar artículos, elaborar listas con nombres, datos, situaciones, etc. Esto sí lo vi en el periodo de finales de 1990 a comienzos de 1991. Es decir, ya tenía una serie de ideas sobre lugares y personajes en 1991. Y es en esta época en la que escribió lo que dejó hecho de Lilith. Yo viví durante año y medio en un pequeño apartamento en la calle de Doctor Esquerdo, en Madrid. En esta época le pedí que me dejara lo que llevaba adelantado de la novela y mi padre accedió a condición de que se lo devolviera. Otra manera de datar esto es por el papel en el que escribía los textos con pluma estilográfica. Procedía de los registros de los datos de los analizadores del laboratorio donde trabajaba, era papel que se iba a tirar y él lo recicló. Por la fecha de las determinaciones se deduce el año, 1991.

            De todas formas, tanto el propio título, “Memorias de una puta de astropuerto”, como el hecho de que ese texto no lo es, hace presuponer que en el horizonte había una historia que contar en primera persona por una mujer.

 

FA: Como la historia de Lilith está escrita, podríamos decir a dos manos, supongo que tiene que haber un punto donde haya un corte... mejor dicho, donde deja de escribir uno (Ignacio, por razones evidentes) y empieza a escribir el otro. ¿Puedes decirnos cuál es ese punto? Yo he notado que en la segunda parte de la novela se empiezan a notar muchas referencias a tu herencia personal finlandesa —nombres, lugares, toques culturales—, así que imagino que toda la segunda parte, o una buena parte de la misma, es cosa tuya. ¿Puedes ir más allá de esa suposición o nos quedamos como estamos y sin saber qué parte de la historia corresponde a uno y a otro?

 

CA: Supones bien ya que necesariamente hubo un corte bastante abrupto y existía además una hoja suelta escrita a estilográfica lo cual me hace pensar que algo de lo inconcluso se perdió. Afortunadamente, en lo que él había dejado había elementos que me permitieron saber hacia dónde parecía dirigirse la narración y pude concluir la primera parte de la novela intentando que el estilo no fuera muy diferente entre los dos autores. El capítulo concreto donde tomé el relevo fue complejo ya que incluyó el corte abrupto, la hoja suelta y una página que yo redacté antes de 2017 para ver si yo era capaz de escribir con el mismo estilo. Reuní todo esto y procuré darle la forma más adecuada y finalizarlo sin que se notaran los verdugones. Lo he releído recientemente y sinceramente empieza a serme difícil a mí mismo saber donde están las transiciones. En ese sentido creo que logré mi objetivo. Daré pistas. En términos de número de palabras, el cincuenta y cinco por ciento de Lilith es mío. Toda la segunda parte, salvo la introducción, es mía. Por lo que casi toda la primera parte es suya. Toda la trama de la obra desde que yo tomé las riendas es mía, rumiada durante décadas antes de escribirla ya que mi padre era escritor de brújula a partir de ensoñaciones y no dejó ningún documento donde desvelara aquello que le quedó por redactar. Más adelante, intenté recabar información de él mismo pero dado su estado de salud no fue capaz de darme nada coherente o utilizable.

            Dicho todo esto hay algo más, en su parte, digamos, hay algunas frases mías entreveradas que en algún caso es aporte de último minuto y en otras no, para enriquecer el texto. También, y esto incluye toda la obra, hay referencias más o menos disimuladas a otros textos suyos, publicados o no en papel, como elementos que unifican su obra con Lilith y guiños al conocedor. Es más, como él nunca revisó el texto sino que sólo lo mecanografió para pasarlo a limpio tuve que revisarlo en profundidad ante el acostumbrado problema que nos dejaba, el cambio de los nombres de las personas a lo largo de la narración. Tuve que fijar estos cambios, como ya hice hace años con La Sangre Ligera. Mantuve la tecnología de botones y videófonos de lo redactado en 1991, ya que no hacerlo así hubiera precisado una rescritura profunda de lo suyo que hubiera desvirtuado su texto. No tenía sentido convertir Lilith en una novela transhumanista donde todos fueran cyborgs incorporados a la red y con el alma en una nube. Mi única licencia tecnológica fue incorporar mi versión particular del ansible.

            Por otro lado, Finlandia y lo finlandés aparecen muy frecuentemente por activa o por pasiva en mi propia obra lo cual no es necesariamente intencionado, es que simplemente es parte de mí y estás referencias me son próximas y queridas. Además, no soy J.R.R. Tolkien y no puedo inventarme idiomas y culturas así como así, con la coherencia interna y riqueza que él logró. Así que sí, el sustrato de los colonizadores originales de Onnela es la de un pueblo finoparlante y se aplica a nombres, toponímicos y aspectos diversos de la vida cotidiana, baste con decir eso. La elección de los dos poemas de Edith Södergran, escritora finlandesa en lengua sueca (que yo no domino), y que aparecen en la obra fue por la pertinencia de los contenidos, no por su origen.

 515Nx6geWaL._SX253_BO1204203200_.jpg

FA:Aparte de esta novela, Lilith, y de una traducción de una obra de Henry Kuttner que anda en manos de algún editor, ¿dejó Ignacio alguna otra obra inconclusa que en algún momento te animarás a terminar? ¿O se va a quedar como está en caso de que exista?

 

CA: Cuando decidí que ya era hora de terminar Lilith estuve haciendo una prospección en las cajas donde guardo el material de mi padre con la intención de leer ciertas cosas por si se podían incorporar, necesariamente transformadas, a la novela. Leído aquello resultaba que no era posible usar este material de ninguna de las maneras.

            Voy a hacer una relación de textos en los que de alguna forma intervino o estuvo presente de alguna forma mi padre:

            1. En primer lugar, hay una narración breve e inconclusa de 1970, muy influida por el primer viaje a Finlandia de mi padre, que sería posible concluir pese a que se detiene en el momento del comienzo del nudo (del eje presentación – nudo – desenlace). Siempre lo he llamado “Material finlandés” y nunca me ha parado en serio a considerar por dónde debería discurrir la trama. Estaría ambientada en una Finlandia en los primerísimos años setenta. Me puedo plantear el terminar esta narración.

            2. Reencuentro. Se trata de una novela de la que mi padre dejó por escrito dos versiones de lo que hubiera sido su primer capítulo, siendo una de las versiones mucho más desarrollada. El argumento es sencillo: varias generaciones después de lo narrado en la novela Estigia llega a este planeta una segunda nave colonizadora; con los problemas y vicisitudes que esto plantearía. Mi padre sólo me dijo esto. La dificultad para escribir Reencuentro por mi parte sería mayúscula, mucho más que con Liilth, ya que tendría que desarrollar una trama completa a partir de lo ya expuesto.

            3. “La mole”. Esta narración fue escrita íntegramente por mí y se publicó en la antología editada por la AEFCFT Visiones 2014. Mi padre y un servidor discutimos la idea original y llegamos al pacto de que nos íbamos a alternar en la redacción. Esto no llegó a ser, ya que él no empezó y yo no insistí. La mayoría de los elementos argumentales fueron pensados en colaboración, pero la trama y la redacción fueron exclusivamente mías.

            4. “El Belén viviente” es una narración mía en la que aparece el padre Martín antes de los hechos de la novela Estigia. El relato es completamente mío, pero un buen número de detalles sobre el personaje citado y sobre el estado del mundo provienen directamente de Estigia.

            5. “Un remedio para la melancolía – dijo” [título de trabajo] será algún día una novela escrita por mí que se desarrolla una generación después de lo que mi padre escribió en La Sangre Ligera. El mundo es el mismo que él imaginó con una diferencia importante pero que no afecta a su novela. Dos personajes de la misma son citados pero no aparecen como tales. La diferencia más importante es que La Sangre Ligera es un fantasy ucrónico mientras que mi propio trabajo será ciencia ficción cuando lo termine. Lo menciono porque tras leer las doce páginas que llevo redactadas Pilar, mi esposa, opinó que lo ya hecho parecía más de mi padre que mío. Sinceramente, no se ha creado con él in mente pero creo que le habría gustado. Lo tengo aparcado por otros proyectos pero espero poder terminarlo en los próximos años y a ser posible antes de 2026, su centenario.

 

FA: Y, por mi parte, la que creo que podría ser la última pregunta: ¿va a hacerse algo con el material que dejó Ignacio? ¿Vamos a tener ocasión de leer de una manera organizada toda su obra, tanto la que quedó terminada como la que quedó en simple material de trabajo? Han pasado muchos años desde la muerte de Ignacio y quizá a las nuevas generaciones de lectores (es algo que he tenido ocasión de comprobar con otros clásicos de nuestro género) no las veo muy por la labor de conocer la literatura de ciencia ficción en profundidad, posiblemente porque, como buenos iconoclastas, piensan (creo que sin mucho detenimiento) que lo único que les vale es lo moderno (por mediocre que sea). ¿Qué me dices al respecto?

           

CA: Mi deseo es que pueda publicarse en papel no tanto su opera omnia pero sí lo más significativo de la obra de mi padre. Recalco lo del papel porque en su día se editó un CD-Rom con gran parte de su trabajo por parte de la AEFCFT y de hecho esto fue presentado en una Hispacón que se celebró en Sevilla en 2007. Pero era una edición circunscrita a la citada asociación y pienso que sería deseable que su contenido pudiera llegar a todo el público potencialmente interesado. Arellano, tú publicaste Estigia en 1978 y creo que estarás de acuerdo con que ya es hora de que esta novela llegue a la nueva generación de lectores. Como sabes, hay dos novelas más suyas inéditas en papel y una colección importante de relatos breves. Una primera opción podría ser editar tanto novelas como relatos en sendos libros, pero quizá resultarían excesivamente voluminosos. Otra opción sería la agrupación temática, al menos de lo que es razonable reunir. Lilith pertenece al universo literario de la Ekumene, en un momento muy tardío de su evolución comparado con Estigia, que ilustra una época mucho más cercana en el tiempo, la del comienzo de la colonización interestelar. El camino a Bagush, también es posterior a Estigia, quizá no tanto como Lilith, que en mi fuero interno considero como algo más remoto. Además, hay narraciones breves ambientadas en este mismo universo como “Gaziyel”, uno de sus textos más célebres, premiado y antologizado. Reunir todo esto es una buena opción. Por consiguiente, La Sangre Ligera y el resto de los relatos breves pueden constituir sendos volúmenes. Haré mención aquí a la existencia de una gran cantidad de otro material, escrito desde finales de los años cuarenta y durante los cincuenta, tales como una novela histórica y dos de intriga (una de ellas inacabada), junto a obras de teatro radiofónico y otro tipo de textos, que constituyen una suerte de juvenilia. Todo esto requeriría ser transcrito y revisado, llevaría mucho trabajo y no es para mí algo muy urgente, aunque tengo la sensación de que necesito preservarlo para que no se pierda. Siempre cargándome de trabajo.

            Sobre el tema generacional. También lo he vivido en ámbitos diferentes al que nos ocupa, como el del rock progresivo. Cada generación necesita inventar la rueda de nuevo. Desde la época en que mi padre publicaba en Nueva Dimensión y los fanzines de la época han llegado al menos dos generaciones nuevas de aficionados y escritores. Primero aquella que publicó por primera vez en la revista citada y sus compañeros generacionales, nacidos como yo en la horquilla de finales de los años cincuenta y los sesenta; y la actual, la novísima. Sé que esto es más complejo, pero grosso modo lo percibo así. Cada generación ha convivido con unas circunstancias que le son peculiares y no hablo sólo del contexto social o tecnológico ya que me refiero en concreto al tejido editorial, que ha cambiado mucho en los últimos cuarenta años. También la presencia de la literatura de ciencia ficción ha variado mucho. Se ha vuelto todo mucho más esotérico que antes. Parece que mientras el cine de ciencia ficción sigue siendo popular la literatura del mismo género va perdiendo visibilidad y se arrincona en las librerías, en ocasiones muy cerca de las estanterías de literatura juvenil. En algunos medios se ha expuesto que ahora hay más escritores que lectores y a mí me cuesta creerlo. Sinceramente, pienso que es al revés, siempre ha sido así y sin duda en el campo que nos interesa. Yo mismo tengo interés por la actualidad pese a que vuelvo a los clásicos con insistencia. Es que la ciencia ficción tiene una tradición. Yo no quiero sugerir que como creadores debamos seguir la tradición a machamartillo, no. En cualquier caso es un legado maravilloso y creo que debemos conocerla. Son nuestros clásicos y ahí están ahí, para disfrutar y tomar nota en todos los sentidos. Todos estamos sentados sobre los hombros de quienes nos precedieron. En este sentido mi padre, como ya se apuntó, lo había leído todo y no exagero, pero no todo le gustaba por igual. Era fan acérrimo de las Fundaciones y leía a Heinlein y a Clarke con interés; pero no se quedó ahí, en la llamada edad de oro de la ciencia ficción, ya que podría añadir una larga lista de sus autores favoritos que fue leyendo mientras se publicaban sus libros, pero sí recalcaré algo que hemos comentado: su amor por Philip José Farmer. Entre otros, entre muchos otros, llevaba en una agendita listas de autores y libros por conseguir.

 

FA:Y, para terminar por mi parte, ¿quieres añadir alguna cosa más? A mí me gustaría que hicieses un comentario sobre esa novela titulada Lilith, qué representa para ti como autor de la misma y qué sensaciones te ha causado su publicación. Yo como editor de la misma y posible editor en el futuro de más obras de Ignacio Romeo me siento muy orgulloso del trabajo realizado y creo que es algo que compartes conmigo.

           

CR: Sensaciones… Por un lado tengo la íntima satisfacción de haber cumplido una promesa, lo cual es muy importante. Esperé mucho tiempo para cumplir este compromiso. Hubo una época en la que pensé que iba a ser imposible. No obstante, volví a escribir prosa literaria desde mi asistencia a la Iberocon celebrada en Vigo en 2005 y después de escribir y escribir y escribir desde aquel momento una serie de narraciones breves, dos novelas cortas y una novela (no muy extensa) me sentí capaz, al menos para intentarlo. El detonador fue una breve conversación con Luis Alberto de Cuenca sobre mi padre durante la presentación de un número de Delirio. Por otro lado, decir que yo me miro en el espejo de quienes considero mis maestros en el arte de la escritura y me da un poco de vergüenza. Aspiro a cotas muy altas y siempre estoy insatisfecho con todo lo que hago, así que procuro aprender y mejorar. No obstante, cuando releo el capítulo en el que nos pasamos el relevo me da mucha alegría darme cuenta de que mi objetivo con esa parte tan delicada del texto se consiguió. Sí, redactarlo fue bueno para mí pese a lo laborioso de su revisión y aprovecho la oportunidad para agradecer a Fernando Fernández (de la revista literaria Pélago) su ayuda con la revisión general del texto y a mi tía Carmen por las sugerencias y precisiones que me aportó.

            Por otro lado, me gusta la idea de reto, de intentar hacer algo que en condiciones normales no haría. A mí nunca se me habría ocurrido algo como Lilith y, sin embargo, logré hacer mía la novela y me identifico profundamente con los últimos capítulos de la misma. Es decir, partiendo de una propuesta muy ajena a mi manera de entender las cosas logré hacer mío el texto. Me reconozco plenamente en el segmento final de la obra.

            Sí fue satisfactorio lograr redactar una novela que como mínimo es legible, verla editada fue otro tipo de deleite muy hondo. Ver obra publicada da un poco de vértigo ya que ese texto deja de ser algo privado para someterse al escrutinio público. Ya me sucedió en mayo de 1999 con mi libro sobre King Crimson, pero en esta ocasión la experiencia ha sido sensiblemente distinta al tratarse de ficción. El estremecimiento fue diferente. Más aún cuando la mayor parte de las copias vendidas hasta ahora han sido adquiridas y leídas por personas de mi entorno, familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.

            En mi cuenta particular Lilith es la cuarta novela de mi padre y la segunda mía. Mi primera novela, Innominado, permanece inédita, así como dos protolibros, No mires atrás y Aurora de Tierra, que recogen parte de mis narraciones breves, separados por temáticas. Ahora mi objetivo es que Innominado se publique, y después las dos colecciones. Y si quieres editarlas tú, mejor.

            Si hablamos de orgullo con relación a Lilith, éste es un sentimiento que comparto. Legítimo orgullo, claro que sí.

 

FA: Yo creo que con estas palabras podemos dar por cerrada esta entrevista. Para los muy curiosos, que siempre hay alguno suelto, esta entrevista ha sido realizada por correo electrónico entre los días 9 y 11 de noviembre de 2019, jornada de reflexión y jornada de resultados definitivos de las elecciones generales de este año. Creo que estas páginas son un buen homenaje para la figura de uno de los grandes escritores españoles de ciencia ficción; Ignacio no cosechó grandes éxitos literarios y sólo recibió un premio ya que se llevó el primero en el certamen literario de la Hispacón de 1978 a cuenta de “Gaziyel”, a lo largo de su vida en lo referente a una obra que, como él mismo, siempre fue llamativa y llena de entretenimiento para todo aquel que se acercaba a ella. Todos, quizá soy muy ambicioso, hemos leído algunas de sus obras, generalmente cortas, con interés y simpatía. Yo lo hice y, además, conocí personalmente a Ignacio (ahora he conocido también a Carlos, a quien vi de muy jovencito acompañando a su padre en muchas reuniones de los antiguos círculos de ciencia ficción), y recibí siempre de él enseñanzas y grandes consejos en cuanto a lo que me debería llamar la atención en mis lecturas. Le hice caso y no me arrepiento. Saludos a todos.

 

 Carlos_Romeo_y_su_movil_1.jpg

 

 


 

 

comments powered by Disqus Link

 

 

Buscar en el sitio