AFUERA HAY MONSTRUOS

 

Frank G. Rubio

 

 

 

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 Nada humano saldrá con vida del futuro…NL

 

     Por fin ve la luz en España, en una excelente edición con una buena traducción que incluye un oportuno glosario, la obra cumbre de Nick Land[1]: Fanged Noumena. Es este el primero de dos volúmenes en los que supongo los editores han decidido dividir tan ciclópeo grimorio. Nick Land es un filósofo político británico, bastante original, sin cuya tarea de investigación seria imposible comprender el surgimiento del realismo especulativo, la “teoría ficción” o lo que ha sido dado en llamar “aceleracionismo”.

  Daré comienzo con una frase que da cuenta de las intenciones generales de Land. y que sigue al pie de la letra las indicaciones opiáceas del hipervalorado periodista Carlos Marx, cuando señalaba oracularmente aquello de que: hasta hoy los filósofos han interpretado el mundo  de diversas maneras pero  lo que hay que hacer ahora es transformarlo. Este aserto, por lo demás, en la medida que pueda estar relacionado con cuestiones de hecho es falso.

   Lo que está claro es que el poscapitalismo no es socialismo, aunque cuente con el antihumanismo vudú y con la feminización sintética como dos de sus pilares más destacados. Cualquier cosa que la ultramodernidad pone bajo el dominio de los signos, la posmodernidad lo subvierte mediante virus. Pero el fin del turbo-capitalismo, que sólo Occidente puede operar y ha comenzado a hacer, implica el fin del comunismo en China. La orientación antropomórfica funciona. “Trump” significa también: “arcano”.

   Cuando se habla cordialmente en Metrópolis, poco más ya que un planeta tripulado desde el futuro por algo ajeno a la intervención humana, del desmantelamiento del cuerpo orgánico o del contagio libidinal lesbo-vampírico, como patrones hermenéuticos, es que algo no va bien del todo. La Modernidad es probable que como cuentan algunos haya inventado el futuro pero eso da la impresión de haberse acabado; no sabemos bien si por la ingesta de drogas de diseño de origen dudoso o por la penosa música maquínica. Quizá por la combinación procelosa, nada selectiva y colectiva, de ambas cosas. La partícula y la onda.

     ¿Cómo reproducir poderes mágicos a través de la discontinuidad en la era de los necrosistemas y las criptoculturas olvidadas? ¿Pensamos acaso que va a ser posible restaurar el contacto con las intensidades abismales a través de “lo más bajo y oculto”? ¿Quién va a hacer entonces el papel de Blanca Nieves?

    There is plenty room at the bottom (Abajo hay sitio de sobra…) La Vida, que no es una quimera, se adjunta a los desequilibrios cuando anegada de códigos intersecta con el umbral de Caos.

 

   A mediados de los noventa (1995-1997) Land crea con Sadie Plant el CCRU (Cybernetic Culture Research Unit) en la Universidad de Warwick. Trabajará durante once años (1987-1998) en este centro situado en los Midlands  junto a la localidad de Coventry que fuera devastada por los alemanes durante la segunda guerra mundial; cerca de ella se encuentra Leamington, lugar de nacimiento de Aleister Crowley (1875-1947), donde se trasladó Land en 1998 tras abandonar de modo abrupto el espacio de investigación filosófica anteriormente citado.

   Con treinta años publica un libro sobre Georges Bataille (The Thirst for Annihilation, 1992) y por ello no resulta erróneo considerarle bajo el halo de la irradiación filosófica parisina surgida en el umbral del 68. Se ha calificado su filosofía como “deleuzianismo negro”. Tras numerosas vicisitudes y publicaciones, entre las que se encuentra esta que comentamos y que abarca veinte años de trabajo, ha acabado por establecerse en Shángai. De donde espero por su bienestar decida salir cuanto antes, aunque ello constituya una refutación de la filosofía de su última etapa; pero esto es otra historia. Nick Land ha rechazado su hacer filosófico pasado y su identidad, no otra cosa le es accesible a los que han retornado de entre los muertos.

   Inteligibilidad histórica y macropolítica cosmogónica…¿Se arrastra Kali realmente hacia dentro? ¿En qué consiste la pasión diferida de  “los contingentes”?

No estamos al final del ciclo estelar, estamos ante el final de los que creyendo esto andan intrigando con el sustrato.

   Land desarrolla de manera creativa esta voluntad de poder, a la que consideraremos de entrada como perfectibilista aunque acabe convertida en otra forma de nihilismo, y aduce: hay que liberar las fuerzas movilizadoras de la deshumanización y destilarlas en forma de microculturas experimentales. Hay pues una revuelta contra lo normativo, como punto de partida, que postula una nueva forma de pensar que le enfrentará decididamente con lo que es calificado resueltamente como “fuerzas de domesticación académica”.

   Esta recopilación en concreto, dividida en dos partes y realizada con criterios peculiares cuya intención aún desconozco, se inicia con un articulo titulado significativamente: Kant, el capital, y la prohibición del incesto: una introducción polémica a la configuración de la filosofía y la modernidad. Texto teórico significativo escrito poco antes de la “caída del muro” donde se realiza una tarea de zapa contra la economía kantiana del concepto y el “cristianismo alevoso” que supuestamente la inspira. Escrito desde una perspectiva marxista revolucionaria, afirma convulsivamente que: un socialismo internacional radical no sería una ideología socialista generalizada más allá de su  cultura de origen, sino un programa de  colectividad o síntesis no restringida brotando de la disolución libidinal y teórica de la totalidad nacional. Alcanzar un mundo sin naciones no haría sino garantizar el cumplimiento de todos los objetivos sociales y económicos inmediatamente poscapitalistas.

   El artículo culmina haciendo un llamado a la violencia feminista efectiva para mejor arrancar de raíz las endogamias patriarcales, que según él mantienen el extendido vínculo “masculinidad/guerra”: El único final concebible del kantianismo es el fin dela modernidad. Y para alcanzarlo debemos alentar a las nuevas amazonas entre nosotros.   Si hubiera mirado hacia Israel no hubiera pensado algo así. Pero está claro que las estrategias de subversión de las sociedades democráticas, elaboradas y postuladas desde la URSS y los países del Este de Europa, seguían poco antes de su crepúsculo (fecha de la escritura de este texto) este tipo de lineamiento, potenciando estas seductoras cadencias de corte cultural entre sus adversarios. La inercia es una fuerza histórica; hoy, como caricatura, estas comeduras de tarro que entonces parecían innovadoras han devenido establishment y potencian burocracias de baratillo en casi todos los países.

 

   La antología que nos ocupa se cierra con un breve pero muy directo texto del año 2007, escrito en el umbral de la crisis económica global que aún sufrimos: Crítica del miserabilismo trascendental. Constituye este trabajo un ataque muy duro contra determinadas tendencias del neomarxismo de entonces, hoy ya dominantes en los países occidentales. Dos citas, la primera:

   Una vez que se ha abandonado comprehensivamente la economía y la historia, todo lo que sobrevive de Marx es un manojo psicológico de resentimientos y descontento, reducibles a la palabra “capitalismo” y a su uso más vago y negativo posible: el nombre de todo aquello que lastima, se burla y defrauda.

   La otra, aún más directa:

   El sueño marxista de un dinamismo sin competencia era precisamente eso, un sueño, y uno antiguo y monoteísta, reformulado: el lobo que mora con el cordero. Y si semejante sueño cuenta como “imaginación”, entonces la imaginación no es otra cosa que un defecto de la  especie: el rejunte de cursilerías contradictorias como fantasías utopistas, a ser esgrimidas contra la realidad al servicio de una negatividad estéril. El “poscapitalismo” carece de significado, excepto como final del motor de cambio.

   La pestilencia vaticanista expelida por el Lavapiés de Carmena (“nunca quisimos crecimiento” y “ponga un mantero en cada esquina”), afortunadamente en proceso de extinción o por lo menos de reducción, tiene mucho que ver con esto. Así como el potenciamiento del simulacro “Greta”: la niña verde sin grieta. Situacionistas de salón no han dudado en uncirse a este seudo proyecto político insectoidal y sostenible, postulando una bohemia diferida y virtual para consumo de becerros hipster.

   Cualquier cosa que vaya mal fuera, aquí incrementamos su coeficiente de toxicidad varios grados. El español tiene el cerebro disuelto y como el conejo de Alicia siempre llega tarde.

 

   Con Parménides, la antítesis de Land y de la turba de filósofos antimetafísicos que coloniza los espacios universitarios de las sociedades occidentales actuales, quedaron claras dos cosas:

 

   1 Que bajo la dirección de los sentidos y los hábitos del lenguaje sólo se llega a la opinión. Así todo sería simplemente política. Algunos tratan de sustituir la política por la noción de “sistema” pero están también en lo mismo.

   2  La incompatibilidad de la razón humana, en gran medida un manojo de juegos de lenguaje recogidos del campo por quien no sabe nada de hierbas, con las imágenes tradicionales del mito.

 

  Ahí queda eso que podría ampliarlo a un tercer principio básico:

 

   3 Amor es el Dios Primero, que se manifiesta en el Reino de los Diez Mil seres a través de un principio generador de corte dual.

 

   La obsesión con la contingencia de la filosofía continental de orientación francófila, unida a un compromiso político acérrimamente jumental (no casual) y fanático con las revoluciones de 1789 y 1917,  más la fascinación apasionada por los desarrollos de determinadas ciencias contemporáneas, en concreto la cibernética y la biología molecular, permiten entender mejor el muy idiosincrásico periplo intelectual y personal de Nick Land.

    En este primer volumen hay dos tipos de textos: los filosóficos y las ficciones. La mayor parte del material es de corte ficcional, algunos podrían incluso ser concebidos como relatos de ciencia-ficción o fantasías anticósmicas poslovecraftianas. El ensamblaje de influencias y materiales procedentes del ciberpunk, Lovecraft, un Philip K. Dick amputado de sus componentes gnósticos o William Burroughs, entre otras influencias, está marcadamente presente.

   Textos como El club Cthulhu (1999), La entrevista al profesor Barker (1999), Criptolito (1999), Ciberrevolución o Un chiste de mal gusto (2005) pueden perfectamente leerse como ficciones bastante logradas; y calificarlos como ficciones no insinúa demérito alguno.

   Pero la prestidigitación verbal y el desbaratamiento de las armonías no suprimirán la feroz dicotomía que existe entre nuestros ritmos biológicos y los ambientes tecnológicos. Por mucho que tratemos de tocar el infinito mediante la elaboración ficcional de un código audio táctil que trate de abarcar todo lo que contiene el término “número”. Todo esto ya lo intentó, con otras drogas, otra música y otro sistema conceptual, Leary.

   Podemos ver en la infosfera un cuerpo sin órganos, en nuestra deriva evolutiva mamífera un régimen “postsauriano” y articular desde la noción de “geotrauma” una proto filosofía plutónica pero no llegaremos a ningún sitio valioso mediante la involución cognitiva de corte silíceo o apasionándonos con el marxismo chino postmaoísta. Los mejores masajistas de corte oriental donde no se encuentran hoy, precisamente, es en la China comunista.

   Asumamos como postulado que vivimos dentro de una enorme novela en un mundo gobernado solo en cierta manera por ficciones. El escritor cree que inventa la realidad pero en la medida que entra en este juego deviene mero “hiperstite”. La ficción nunca se ha opuesto a lo real, más bien ha sido como una bella novia a la que ha cortejado este último y quintaesencial elemento. Los mitos no arrojan las narrativas al laberinto, convocan laberintos para activar rupturas de nivel y puentes sobre el abismo mediante hallazgos del ariádnico hilo al que denominamos “narrativa”.

   Es posible que el futuro[2] esté  más cerca, como señala Land, de lo que solía estar, más que la semana pasada, pero la posmodernidad persiste como una época de poder no-muerto: se terminó hace tiempo, pero sigue adelante; también es  factible en nuestra línea de tiempo que el gobierno sea isomórfico con la IA simbólica y se confunda cada vez más con ella.

   Pero los cisnes negros son inmunes a las garrapatas.

 

                                    

FANGED NOUMENA Vol.1 (1988-2007)

Nick Land

Traducción, glosario y notas de Ramiro Sanchiz

Prólogo de Robin Mackay.

Holobionte Ediciones. (Barcelona, 2019)

 

 

Sólo puede querer aniquilar el futuro quien huye desde él.

 



[1]                  Oí hablar de Nick Land por primera vez, con ocasión del escandaloso y vandálico asedio izquierdista a la  galería de arte LD50 en Londres.

[2]          En algún lugar que no recuerdo, he leído: el futuro son cosas muy secretas que en la oscuridad de la noche le hace el pasado al presente pero cuando nos damos cuenta de ello ya estamos muertos.

 

 

 

 

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