EL SEGUNDO ÁNGULO

 Alberto Ávila Salazar

 

Otro Ángulo muerto, en este caso invernal. Otro Ángulo muerto que viene a ocupar esa zona que el ojo no ve, ese espacio invisibilidad al que no llegan los retrovisores ni las ventanillas del vehículo. Delimitando una zona de amenaza que permanece detrás como un interrogante en movimiento. Persiguiéndonos como el hidebehind borgiano, aquella criatura que siempre acechaba por la espalda a los solitarios leñadores norteamericanos.

 

Y como leñadores seguimos talando el mundo y descubriendo sus monstruos, viajando al pasado, cortando cabezas, encerrando a la luz, oteando paisajes imaginarios, iluminando espacios, tejiendo historias, esparciendo miradas, pintando sobre la carne, cantando a reinas muertas, entregándonos a los viejos dioses...

 

Avanzamos dividiendo el mundo en dos, entre lo que está detrás y lo que queda por venir. Partiendo las cosas entre lo visible e invisible, mirando a ese retrovisor que nos traiciona, escuchando canciones viejas mientras esperamos a que oscurezca, pero el anochecer no va a llegar.

 

Seguimos la redondez del planeta, siempre en un atardecer eterno, en ese lugar fronterizo entre la noche y el día, entre el futuro y el pasado, entre lo que está abajo y lo que está arriba, entre la vigilia y el sueño. Transitamos por esas horas muertas en las que las cosas dejan de parecerse a sí mismas. Viajamos entre lo fantasmagórico y lo casi real.

 

Ángulo muerto regresa con una nueva entrega para que usted lo use como una linterna sorda, querido lector. Para que le ilumine o le oscurezca. O para que haga lo que le venga en gana con él, porque Ángulo muerto se ofrece y no exige. No tiene otra voluntad que estar enfrente de usted, sometido a su más libre escrutinio.

 

 

 

 

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