Las diosas se revelan

 

 


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¿No es el amor un Hércules siempre trepando a los arboles en las Hespérides? 

William Shakespeare 

 

 

    El libro recoge las aportaciones publicadas en la web por Mireia Valls: La Caracola. La mujer y el simbolismo femenino y viene precedido por un trabajo más que sobresaliente sobre las Musas, obra de Lucrecia Herrera. Culmina con unas intensas notas acerca de Venus, donde se solapan: Boticelli, Tiziano, Marsilio Ficino y William Shakespeare, entre otros. La hija del Cielo Estrellado, amante de la noche y tejedora de engaños y sueños, que no son siempre la misma cosa, despliega su unidad en el enigma de las Tres Gracias (“dar, aceptar, devolver”) siempre acompañada por Eros; venerable compañera de Baco, a veces en la forma arcana de loba, con quien dará luz a Príapo: ese espíritu juguetón y protector, muchas veces cómico, que se sabe hacer notar más acá de la máscara. Penetrar los misterios del Amor, que Afrodita preside implica cruzar el umbral de la muerte. Siete es su número. La cohesión del entramado cósmico, por su naturaleza generativa y unitiva, dependen de ella. 

   Las Musas inspiran el canto y nos impelen a amar, el Alma misma es la que en su anhelo por fundirse con el Espíritu proclama la senda de la Alquimia. Amor que todo conjunta y penetra fundiéndose..., nos llama a la aventura interior y a la muerte iniciática. 

   Desvelar lo que se oculta tras las historias que engloban los mitos, que no es lo mismo que deconstruir, no es trabajo ligero y provoca en nosotros la necesaria revolución interior que nos permitirá, si somos afortunados, la comunicación directa con los númenes. Hijas de Zeus son las nueve Musas vinculadas a Hermes, Apolo y Dioniso. 

   Las diosas tutelares de la fertilidad, esas ninfas gozosas, y las oraculares, las tejedoras, las magas y sobre todo “la del casco de oro” que se regocija en el fragor del combate: la sin par Palas-Atenea (Minerva), agotan, con páginas brillantes donde el poema filosófico y el símbolo portado por obras maestras de la pintura confluyen, este muy recomendable volumen.

   La de “los muchos nombres” está ineludiblemente vinculada a la cópula sagrada y a las producciones cósmicas que resultan del ejercicio de este misterio. El rapto de Perséfone con su contemplación del falo primordial es parte de este mitema. Pero también Artemisa, diosa virgen, es guardiana del umbral de la iniciación acompañada por Hermes. 

   Nada sería  posible sin el   inframundo, en él se desplaza veloz, invencible, montaraz y noctámbula la sublime y sutil Hécate: la de los tres rostros, luna secreta.

   El arte de las tejedoras, las tres Moiras, es un arte completamente distinto al del marido burlado de Afrodita el muy sabio Hefesto, señor de la forja y gran artífice. Fuego, camina conmigo.

La lanzadera de la tejedora y su arte, bella metáfora de las analogías que envuelven (más bien constituyen) lo que llamamos el mundo de las apariencias; reflejo preciso para quien conoce el sendero del laberinto (hilo de Ariadna). El pensamiento analógico y hermético.

   Es Apolo quien promueve el furor profético de las sibilas y pitonisas. Mujeres misteriosas que conocen el pensamiento divino y que saben desvelar el meollo oculto y simbólico tras sus manifestaciones. Ese habla de la necesidad que portan los oráculos toca irremisiblemente la realidad sensible...la voz de la pitonisa está más cerca del gruñido o de un sonido telúrico que de la “voz de la razón”.

   La señora que camufla e impele, conduce el intelecto del guerrero con su luz. Inteligencia y sabiduría de esta hija de Zeus son atributos del Uno. Encarna, la viril Minerva, dos potencias: la guardiana y la perfectiva. La negra Belona que con ensangrentada mano, y sin espejos, engendra a Erictonio. También una niña que con su cántaro revela el Palacio el Rey...Andrógina.

   Para terminar, el mundo de las magas y las hechiceras de las cuales Circe, Pasifae y Medea, esta última paradigma de la desviación esotérica, son arquetipos. La maga pronuncia sortilegios e invocaciones, aplica ungüentos y pomadas para operar transformaciones, para hacer mudar de estado, para atar y desatar, atrapar o liberar. Será magia inferior si se toman estas metamorfosis desde una estrecha perspectiva literal pero, si no fuese así, la trama compleja que nos habla desde los recovecos mismos de los estados, grados y modalidades, unidos por vínculos secretos, constituye un modo privilegiado de acceso al Ser Único.

   Este número 2 de la colección Aleteo de Mercurio, bendito sea, está consagrado a la enseñanza simbólica que el mito y el arte occidentales postulan sobre las diosas. Edición muy cuidada con abundantes referencias gráficas reproducidas con primor que ilustran las explicaciones del texto,   materializado también con cuidadoso esmero y profesionalidad.

 

   Todas las diosas son facetas de la diosa, energía complementaria a la del dios, pareja arquetípica con la que se expresa la polarización de la Unidad, del Principio del cosmos...la diosa simboliza el principio femenino del Universo. La suya es una energía pasiva, receptiva y a la vez restrictiva...La fecundidad y la generosidad la caracterizan, y también el rigor, la destrucción y la muerte.

 

 

Mireia Valls 

con la colaboración de

Lucrecia Herrera

Colección Aleteo de Mercurio

Zaragoza, 2017.

 

 

 

 

   

 

 

 

 

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