Enciclopedia Yokai Vol I

Frank G. Rubio

 

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ENCICLOPEDIA  YOKAI VOL. 1

De la A a la M

Satori Ediciones.

 

 

 

Desde los tiempos antiguos se dice que los árboles de camelias muy añejos terminan por convertirse en fantasmas...Shigeru Mikzuki

 

 

 

 

   La “Enciclopedia Yokai”, creada por el gran Shigeru Mizuki, es por derecho propio la obra de referencia sobre los seres sobrenaturales del folclore japonés. En sus 895 entradas ordenadas alfabéticamente, el gran maestro del manga sobrenatural describe e ilustra con su estilo inconfundible cientos de esas extrañas criaturas llamadas yōkai que tanto han fascinado a los japoneses. La pasión por la etnología y la fascinación por los seres sobrenaturales que acompañaron a Shigeru Mizuki durante toda su vida lo convirtieron en una de las voces más autorizadas en materia de folclore y leyendas de su país. SATORI

 

  

   Gran acierto el de la editorial Satori haciéndonos llegar esta muy pertinente y magníficamente realizada edición del primer volumen de la Enciclopedia yōkai. Una de las obras más destacadas de quien fuera uno de los maestros indiscutidos del manga, Shigeru Mizuki (1922-2015), plena de deliciosas ilustraciones y no menos acertados e imaginativos textos con las que se corresponden. En Madrid, patrocinada por la Fundación Japón y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, con ocasión de la celebración del 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre España y Japón, ha tenido lugar recientemente una nutrida exposición denominada: Yōkai: iconografía de lo fantástico. El ‘Desfile Nocturno de los Cien Demonios’ como génesis de la imagen sobrenatural en Japón”. 

   Durante la presentación del libro que nos ocupa, realizada por Daniel Aguilar (niponólogo y traductor del texto en cuestión) y Marian Bango (responsable editorial) tuvimos ocasión de escuchar una introducción a la temática yōkai; asunto por lo demás poco menos que esotérico para muchos de los asistentes que se sorprendieron (y no sólo ellos), como demostraré ahora más por ignorancia (hoy difundida de manera impúdica por las instituciones educativas y la prensa) que por malignidad, de ciertas aseveraciones que vertí en una pregunta realizada en voz alta sobre los orígenes de las peculiares criaturas y su vinculación a la cultura Jomon, las tradiciones chinas o los extraterrestres. En España cuatro de cada cinco personas que sonríen con suficiencia cuando se les menciona, en cualesquiera contexto, el término “extraterrestres” hemos descubierto, tras muchos años de practicarlo como truco o espontáneamente, encontrarnos con bípedos absoluta e irreparablemente imbéciles. Sirve como test rápido para filtrar desconocidos, o no, y ahorrarse pérdidas de tiempo.

   Shigeru Mizuki, como Cervantes (1547-1616) en Lepanto, perdió durante la guerra del Pacífico el uso del brazo izquierdo. Ocurrió en Nueva Guinea, en la tierra de los honestos papúas; mientras se reponía de graves heridas entró en contacto con los nativos de la tribu Tolai que cobraron gran afecto por él y muy posiblemente le iniciaran, no tengo obviamente datos fidedignos sobre ello, en los secretos de la sociedad secreta Duk-Duk. Donde seguramente le fueron abiertas las puertas de la percepción por “hombres sabios” del lugar. Shigeru estuvo a punto de no volver a su país y quedarse con estas buenas gentes que le recordaban, ¡eureka!, a la cultura Jomon. Y en sus memorias dejó dicho: 

   The natives are like the Jomon people all of them living in a place with a nice vista. Looking out at the ocean in the distance and eating a banana you couldn´t tell if you were fighting a war or in heaven. 

   Sobre Shigeru, el autor de obras maestras como Kitaro (el niño con orígenes yōkai) o Hitler, galardonado con justicia con numerosos premios, se ha escrito mucho y no voy a abundar en ello. Es uno de los mejores mangaka y espero con ganas la traducción de su Historia de la era Showa. 

   Su afinidad con los yōkai le llevó a investigar las leyendas in situ, como lo haría un antropólogo, buscándolos por los caminos y hablando con las gentes que recordasen los tiempos de antaño. Dado que según él, y no tenemos motivo alguno válido para no creerle de entrada, se encontró a varios de ellos (con los que interactuó) durante su peripecia vital; su búsqueda tiene semejanza con la de los practicantes de la Criptozoología. Si esto no tiene  conexión con los extraterrestres...quien se haya tomado la molestia de leer a Jacques Vallée sabrá que la procedencia interestelar de los pequeños hombres verdes” está más que discutida y cuestionada por la mucho más convincente “teoría feérica” de su origen. ¿Sigues sonriendo? Condenado pues a leer todos los editoriales y “Bobelias” de El País de los años 90, hasta reventar, ¡babuino!

   El sinsentido físico que denota la pertenencia de estos seres, los yōkai, al horizonte de lo  monstruoso es transmutado por Shigeru Mizuki en componente lúdico-festivo; otorgando a lo que había sido inquietante, según los recursos de la tradición en el pasado, una tonalidad netamente picaresca.

 

  Hyakkai Yakō da nombre a un tema arquetípico del folclore japonés: el desfile o parada nocturna de los cien demonios. Su origen se encuentra en el periodo Muromachi (1333-1573 AD) y viene de la mano de un gran artista budista, el pintor Tosa Mitsunobu (1434-1525) que durante tres años ocupó una alta posición como responsable de cuestiones artísticas en la Corte Imperial (1493-1496)

A Sawaki Suushi (1707-1772), ya en la época Edo (1603-1868), se le atribuye el Hyakkai-Zukan (el volumen ilustrado de un centenar de demonios)

   Toriyama Sekien (1712-1788) dentro de la más pura tradición del ukiyo-e será autor de la tetralogía Gazu Hyakki Yakō, un a modo de bestiario de presencias demoníacas propias de las noches de verano, inspirada en obras como el Wakan Sansai Zue (1712) enciclopedia japonesa en 105 volúmenes y 81 libros y el clásico chino Montañas y mares; otra obra enciclopédica que entonces contaba con cerca de 2000 años de edad. Más que un demonólogo parodiaba con sus dibujos las viejas enciclopedias chinas. Queda claro pues que los orígenes de los yōkai tienen un aroma más que centenario, milenario desde el punto de vista erudito, aunque su auténtico origen se pierde en la noche de los tiempos y en las profundidades del Inconsciente Colectivo de los pueblos.

De lo inquietante se pasa a la parodia y de esta a la evasión lúdica. 

   En 1873 se cambia del calendario lunar al solar por decreto; estamos ya en la era Meiji (1868-1912) donde se impone desde arriba la “ilustración” y la occidentalización. Durante el anterior periodo Tokugawa se buscó coleccionar y clasificar el territorio yōkai pero con la creación artificial de la nación japonesa, y la consiguiente expansión del pensamiento racional y científico, se comenzó a discernir entre “lo real” y “lo ilusorio”. Una figura destacada en este proceso de modernización es la del filósofo y monje budista, introductor de la filosofía occidental en Japón, Inoue Enryo (1858-1919). Se le cita curiosamente en este volumen en la voz Kokkuri-san referente a la ouija japonesa introducida según parece por los occidentales cerca de 1880. Este curioso personaje dedicó gran parte de su actividad como profesor universitario e intelectual a modernizar el budismo y erradicar las supersticiones. A los trenes, telégrafos y electricidad había de seguir el destierro de la superstición de las mentes. Creó una Sociedad de Investigación del Misterio y recopiló muchísimo material sobre estas cuestiones a lo largo y ancho del país. Trataba de inducir el desencantamiento del mundo mediante la investigación sobre los modos de manifestación de lo misterioso; buscando muchas veces explicarlo misterioso mediante lo mundano. Por sus esfuerzos y sus yokaigaku (estudios sobre los yōkai) fue conocido entre las gentes de la época como Doctor Obake (el Doctor Espectro) A su manera coleóptera y mendaz, el budismo no está mejor que las grandes religiones a pesar de la presencia de BMWs en sus templos, ayudó a conservar como datos muchas tradiciones que si no se hubieran perdido. Iker Jiménez, que parece ser un amante del misterio, sin embargo da la impresión que contribuye por la mecánica del medio televisivo y su insistencia en descarnados y niveladores estilemas a todo lo contrario. Y es que hay, Horacio, más misterios en el Cielo y en la Tierra de los que pueda imaginar soñar tu filosofía.

   ¿De donde proceden estos seres heteróclitos, que como las maravillas medievales se encuentran entre lo mundano y lo sobrenatural? Algunos de ellos son objetos inanimados que con el tiempo han ganado una inquietante autonomía y vitalidad. ¿Son demonios? ¿duendes? ¿dioses exiliados en la Tierra por sus travesuras? Tras su etapa como “hombres del saco” que asustaban a los niños, o trataban de desalentar a borrachines y libertinos de continuar hasta altas horas de la noche con sus juergas, se han convertido en simpáticas figuras del paisaje imaginario popular urbano no solo japonés. Quedan lejos los tiempos que los especialistas de la religión budista se dedicaban a ahuyentar su maligna presencia para mejor proteger a la Familia Imperial. Entre ellos se encuentran barcos fantasma, almas errantes, espíritus de determinados árboles, seres convocados por relatos, animales extraños, seres de fuego y animales mágicos. Entre  otros muchos. 

Continuaremos, haciendo hincapié en diversas fisonomías y conductas concretas, en la reseña del siguiente volumen.

 

 

¿Cual es el animal más astuto? Aquel de quien el hombre aún no ha tenido noticia. Nietzsche.


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