Algo en la sangre

 

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Recuerda mi amigo, el conocimiento es más fuerte que la memoria y no debemos confiar en lo débil. DRÁCULA.

 

Frank G. Rubio

 

   Se ha cumplido recientemente el 180 aniversario del nacimiento de Abraham Stoker y el 120 de la publicación de su ya inolvidable novela Drácula. Con ocasión de su ultima obra, La madriguera del gusano blanco (1911), publicada un año antes de su muerte, cuando se hallaba sumido en graves dificultades financieras y consumido muy posiblemente por la sífilis, Harry Ludlam, su primer biógrafo, comentó: hay un profundo misterio entre las líneas de esta obra y es el misterio del espíritu del hombre que la escribió. Sobre este misterio el lector español podrá ahora encontrar abundante material en un monumental libro que pone en sus manos Es Pop con una excelente edición; David J. Skal, su autor, es uno de los principales estudiosos de la cultura del horror contemporáneo, entre sus trabajos destacar: Monster Show (Valdemar, 2008) y Hollywood gótico: la enmarañada historia de Drácula (Es Pop, 2015)  

   Bram Stoker nació en Dublín en 1847, el “negro 47” con el que dio comienzo la Gran Hambruna de Irlanda que, junto con el cólera, se cobró miles de vidas. Stoker escribió: en mi infancia nunca supe lo que era estar de pie. Una enfermedad infantil le mantuvo prácticamente inmovilizado hasta los siete años de edad, luego pegó un estirón y se convirtió en un hombre robusto y de gran estatura lo que le permitió, en su etapa universitaria en el Trinity College, destacar en las actividades deportivas a pesar de ser un estudiante mediocre. La madre de Bram Stoker, Charlotte (1818-1901), bastante más joven que su padre al que sobrevivió, era una suerte de proto feminista de temperamento dominante. La abuela materna conservó la memoria de cómo su hija, asediada la casa durante la infancia del autor de Drácula por enfermos de cólera en actitud amenazadora (modo zombi), hubo de cortar el brazo de una de ellos con un hacha. 

   La imagen de la mujer para Stoker quedaría marcada por estos elementos, entre otros, para siempre. Suponiendo que el Bram Stoker original no hubiese sido traspapelado por las hadas y sustituido por un bebé feérico, como numerosas leyendas del folklore irlandés afirman ocurre muchas veces. Folklore que conoció de primera mano a través de sus progenitores y que siempre le fascinó, influyendo sobremanera en su trabajo literario. En 1871 se convierte en crítico de teatro y su vida se encauza hacia vericuetos artísticos. Su interés básico era la escenografía, desde la infancia había quedado marcado por las pantomimas y el personaje de Mefistófeles. 

   Publica su primer relato, La copa de cristal, en 1872 y en 1878 marchará a Londres para hacerse cargo de la gerencia del Lyceum, junto con Florence Balcombe (1858-1937), mujer de gran belleza a la que había hecho su esposa poco antes en Dublín; Florence  había sido cortejada por Óscar Wilde (1854-1900). Había tomado contacto con el actor Henry Irving (1838-1905) nuevo propietario del teatro londinense, que devendría Sir en 1895 (siendo el primer actor en recibir este honor), primero como espectador en 1867 y más tarde como amigo devoto y fiel; la absoluta fascinación hacia su persona implicó una entrega total a sus designios durante décadas. Charlotte, su madre, le detestaba. Compartiría su ascenso, su triunfo, su decadencia y su repentina muerte en la que estuvo presente; viajaría con él al otro lado del Atlántico y a otros muchos lugares, en ese contexto conocería en persona a Theodore Roosevelt y al Presidente McKinley. 

   La mayor prueba de su dedicación a Irving la da la publicación en 1906, un año tras la muerte del actor, de una biografía en dos volúmenes. Señalar como curiosidad que Sir Henry Irving era masón, iniciado en 1877 en Londres en la Logia Jerusalén. ¿Lo fue también Stoker? Su hermano William, Sir William, sí. Irving sería la figura masculina que más influencia tendría en su vida junto con Walt Whitman (1819-1892) con quien establecería una sólida amistad. Skal da detallada referencia sobre este asunto y otros, dando una visión en mosaico muy completa sobre la época. 

   La obra que le haría conocer fama duradera seria Drácula, publicada en 1897; en cierto modo la novela de terror más famosa de todos los tiempos, sus adaptaciones cinematográficas incluso teatrales son de difícil cuantificación. Lo más probable es que alguien en este momento, en algún lugar del globo, esté elaborando algo relacionado con el Hijo del Dragón dándole forma en algún soporte estético. Wilde sin duda influyó en su génesis con El retrato de Dorian Gray. El mismo Wilde ingresó en prisión mientras se hacia una lectura previa a la aparición del libro en el Lyceum y no tuvo ocasión de leerla y reseñarla; aquí hay que resaltar la anécdota de como  cuando a Henry Irving le preguntaron qué le parecía, respondió: ¡Espantosa! Según Stoker la obra nació de una perturbadora visión o ensoñación y desde su concepción a su publicación transcurrieron siete años. Quien más influyó sobre él fue  su amigo Hall Caine (1853-1931) que entonces era el novelista más popular de su tiempo. La ficción de horror victoriana era una categoría especializada y reducida y esta obra sólo alcanzó ventas elevadas con el paso de los años. El Vlad Tepes histórico apenas tuvo relación alguna con el asunto; pero si hubo influencia de Carmilla de Sheridan Le Fanu (1814-1873) originario también de Dublín; ambos añadieron al mitema vampírico claros tintes homoeróticos. Está influida entre otras por la lectura del clásico de Agustín Calmet (1672-1757), Dissertations sur les apparitions des anges, des démons et des esprits, et sur les revenants et vampires de Hongrie, de Bohême, de Moravie et de Silésie (1746), donde con inquietante precisión se refiere a los no-muertos y a su sombría y sin duda eficaz presencia en nuestro pequeño mundo. Se ha dicho que la figura de Drácula estaba inspirada en el mismo Irving o en el músico Franz Liszt (1811-1886), se ha señalado incluso la posibilidad que se inspirase en Jacques Damala, esposo morfinómano de la inolvidable Sarah Bernhardt (1844-1923) esta última aficionada a actuar en ocasiones dentro de un ataúd. Se ha discutido bastante sobre si otras manos intervinieron en el manuscrito antes de ser entregado a su publicación. En una carta de Lovecraft (1890-1937) a Donald Wandrei (1908-1987) se dicen cosas muy interesantes que no puedo resistir citar con amplitud:  

¿Has leído alguna novela de Stoker aparte de “Drácula”? Stoker carecía casi por completo de sentido de la forma y habría sido incapaz de escribir un relato coherente ni aunque le fuera la vida en ello. Todos sus escritos pasaron  por las manos de un negro y resulta curioso señalar que un miembro de nuestro circulo de periodistas aficionados, una anciana llamada señora Miniter tuvo la oportunidad de revisar el manuscrito antes de su publicación pero la rechazó porque Stoker se negó a pagar el precio que la dificultad de la tarea la impelió a presupuestarle. Stoker tenia una mente brillante para la fantasía, pero era incapaz de darle forma a las imágenes que creaba.

   En 1899 se publicó en un par de periódicos suecos un serial titulado: Los poderes de la oscuridad,  muy posiblemente el borrador mostrado a Edith Miniter de una primera versión de la novela.

    Su Viuda administró con mano de hierro su legado y obligó a destruir varias copias, afortunadamente no pudo hacerlo con todas, del film Nosferatu (1922) de Murnau (1888-1931) por un  conflicto relacionado con los derechos de autor.

    Escribió dentro del género fantástico varias novelas y relatos de terror de gran intensidad macabra y dejó escrito de sí mismo: ¿llegarán alguna vez a creer los hombres que un hombre fuerte puede albergar un corazón de mujer y los deseos de un niño solitario? Su legado literario, y la activación arquetipal que provocó en nuestra cultura, siguen vivos como bien veremos a continuación

 

¡AHÍ HAY DRAGONES!

 

      

   Dos novelas góticas a las que separa más de un siglo: una, escrita por un hombre agonizante, otra elaborada por una mujer en la plenitud de la vida; ambos autores son  británicos, Stoker era irlandés como señalé antes pero en aquellos tiempos Irlanda era parte del Reino Unido. Y en las dos: un serpentino horror ancestral que regresa desde las profundidades del tiempo para turbar, cuestionar y en gran medida iluminar una variada y significativa galería de personajes. 

   La madriguera del gusano blanco fue la última novela de Bram Stoker (1847-1912) y se publicó un año ante de su muerte, fue ilustrada por Pamela Coleman Smith (1878-1951) que ya había mostrado su potencial imaginativo elaborando las láminas del Tarot del miembro de la Golden Dawn: A.E.Waite (1857-1942). Está inspirada, como señala David Skal, en un par de leyendas medievales: El pozo del gusano del castillo de Lambton y El abominable gusano de Spindleston Heugh. La versión que hoy conocemos es una versión reducida de 28 capítulos, no los 40 originales con los que salió a la luz; esto genera inconsistencias y un final abrupto. 

   Un joven australiano regresa al hogar de sus ancestros donde conocerá a su tío y a un anciano conocedor de los secretos de la región y sus linajes, además de otros personajes inquietantes; el señor de Castra Regis, Edgar Caswall, acompañado de su pérfido criado: un fascinante hechicero africano, que conocerá un final espantoso adecuado sin duda a su malignidad constitutiva, y una bella viuda, heredera de la propiedad "el bosquecillo de Diana", tras la cual oculta su identidad una monstruosa entidad  procedente de eones remotos: Lady Arabella. ¿Alegoría como señala Skal de la Nueva Mujer y de la crisis de la masculinidad de “fin de siglo”? No obstante, personajes femeninos positivos rescatarán al protagonista de su perdición. De ser así y aplicar la misma interpretación a La serpiente de Essex, protagonizada también por una viuda, llegaríamos, si hacemos una lectura no acorde con las verdades contemporáneas de la tribu, a intranquilizadoras conclusiones. La obra titulada en su origen, Batir de alas, es un precedente claro de la narración que inspiró la película de Hitchcock, Los pájaros, y está dotada de una asimetría peculiar, quizás por las tareas de podado citadas o por la enfermedad del autor, que no obvia su encanto. La película, realizada por Ken Russell (1988), requiere un artículo por sí misma. 

El prestigioso premio, que la cadena de librerías británica Waterstones otorga anualmente, fue concedido sorprendentemente en el 2016 a Sarah Perry; todo el mundo daba por seguro que le correspondería a J.K.Rowling. La serpiente de Essex, que Siruela ha puesto recientemente en manos del lector español con una excelente traducción de Carlos Jiménez Arribas, es una narración gótica dotada de una prodigiosa e inteligente sensibilidad que impone al lector una lectura casi compulsiva. A mí en concreto me sugirió un peculiar comentario en clave no deconstructiva de La madriguera del gusano blanco porque como señalaba Wittgenstein (1889-1951): los libros viven, más no a la manera de un organismo sino de un hormiguero…Es la segunda novela de su autora, “holmesiana” apasionada educada en una familia de estrictos cristianos baptistas, producto de la cual sería su muy temprana y profunda inmersión en la Biblia del Rey Jacobo. Esto ha influido significativamente en su estilo, pleno de musicalidad, alegría, riqueza alegórica y pasión. 

   Se desarrolla en 1893 en plena época victoriana y está inspirada en los rumores que en 1669 corrieron de la presencia de una gran serpiente amenazadora en Essex. Una joven viuda marcha a esta región huyendo de Londres, con su peculiar hijo y una fiel sirvienta adepta al socialismo. En el inquietante contexto del regreso de los viejos rumores sobre la subrepticia y escurridiza presencia del dragón ancestral repletas la tierra, el agua y el cielo de signos, conocerá a un clérigo y a su extraordinaria familia; a pesar de todo el ruido y la furia que los separa sus vidas acabaran confluyendo. Obra riquísima, tanto por las imágenes que suscita como por sus personajes, gira en un primer plano en torno a la amistad entre hombre y mujer que la autora considera inseparable del amor. Más en profundidad el libro trata de exponer de manera inteligible la naturaleza misma del símbolo en su sentido más místico e íntimo y como todos, incluso sin ser plenamente conscientes, acabamos encarnándolo gracias a lo cual atravesamos el umbral hacia lo Superior. 

   Novela amena y compleja a la vez, ligada al elemento acuático, donde lo misterioso se fusiona como un guante con lo natural espejeando las relaciones de los personajes, entre sí y consigo mismos. Subversión encantadora y llena de afecto de la novela victoriana. La autora considera que la literatura gótica, propia de épocas de certidumbre, es plenamente transgresora e instrumento adecuado para vehicular ideas contrarias al “status quo”.  

 ¡Viene, aunque no la esperéis! 

 

 

LA SERPIENTE DE ESSEX

Sarah Perry

Ediciones Siruela. Madrid, 2017

406 págs.   

 

ALGO EN LA SANGRE

La biografía secreta de Bram Stoker el hombre que escribió Drácula.

David J. Skal

Es Pop Ediciones. Madrid, 2017.

669 págs.  


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