La sonrisa del ángel

 

Yolanda García Villaluenga

 


Asisto en Villa Iris a un workshop del artista polaco
Miroslaw Balka
Primer día: doce artistas plásticos y yo.
Miroslaw dice:
“pedid”.
Algunos preguntamos:
“¿qué materiales hay disponibles?”.
“Pedid cuanto podáis necesitar”,
dice Miroslaw.
 “Pedid,  
La cantidad que creáis conveniente.
Pedid”,
dice Miroslaw.


Yo quiero hacer una videoinstalación.
Miroslaw  pregunta:
“¿qué necesitas?”
Le cuento:
quiero recrear un momento de mi infancia.
Encaramada a la rama de un árbol
sobre el río Tajo.
La sorpresa de encontrarme,
de reflejarme
tal como soy,
en el placer del agua.

“¿Qué necesitas?”,
pregunta Miroslaw.
Una cubeta gigante de agua -digo excitada-
Con un motor,
un árbol,
un espejo.
“¿Qué es lo esencial?
-insiste-,
¿el agua en la cubeta?
¿el movimiento del agua?
¿el árbol?
¿el espejo?
Simplifica y pide”.


Cada uno se encierra en su pregunta..
¿Qué es lo esencial?
¿Qué necesito expresar?
 “Simplifica y pide”.
“El arte es curativo”,
dice Miroslaw.


Propongo un túnel de siete metros.
De dos metros de alto.
De un metro de ancho.

Al final del túnel,
sobre el suelo, se proyectará
la imagen
de un primer plano
del agua de un río.
Una cámara de video
recogerá el rostro de la persona
que se asome al agua virtual.
Un mezclador fundirá las dos imágenes:
El agua, el rostro.
La felicidad de encontrarte
al final de la oscuridad,
tal como eres.


“¿Sabes construir un túnel?”
Pregunta Miroslaw.
Sí.
“¿De esas dimensiones?”

“¿Podrás tú sola?”
Claro que sí.
Y realmente creo que sí.
Pero las maderas solicitadas llegan tarde
 y con otras dimensiones.
Las herramientas no funcionan.
Los clavos no son los adecuados.
Los días pasan.
Algunos compañeros me echan una mano
Pero cada uno debe responder a sus propias preguntas.
Y prefiero avanzar sola.

Levanto las maderas
Pero no tengo fuerzas
para subirlas al caballete.
para manejarlas.
para cortarlas.
“Abandona, Crea otra obra,”
dicen  algunos compañeros.

Miroslaw  
Observa divertido
cómo caen,
cómo se rompen,
cómo soy incapaz de construir el túnel
De siete metros de largo,
De dos metros de alto.
De un metro de ancho
yo sola.

“En arte siempre hay un camino”,
dice Miroslaw.
 “Abandona.
Lo haces por orgullo”,
dicen mis compañeros.
“Es tu obra”.
 “Toma decisiones”.
 “Tú eres la artista”,
dice Miroslaw.
Pero yo no sé si soy una artista.
Sólo soy alguien
que cuenta historias
con  palabras
con imágenes.


“El arte es curativo”,
 dice Miroslaw
Pero despierto cada madrugada con pesadillas.
Recuerdo el barco que traté de construir
cuando era pequeña,
con un armario de cocina,
para navegar
desde el Tajo hasta el  Atlántico.
Las huidas del amor.
Los proyectos que no llevé a término.
Por demasiado grandes.
Por temor al fracaso.
Por temor al éxito.

¿Qué es esencial?
Lo esencial es continuar.
Llegar  hasta el final del túnel.
Atreverme a mirarme tal como soy.

Día a día entro la primera al taller.
Acorto el túnel a cinco metros.
Solicito otras herramientas
Aprendo a pedir ayuda.
Busco soluciones.
Pero no resultan.


Es viernes: el día de la inauguración.
Faltan tres horas para la apertura.
Mis compañeros ultiman arreglos
Se duchan
Se visten para la fiesta.
Las tres paredes y yo
tendidas en el suelo.
El martillo y los clavos en la mano.
Miro las paredes
No puedo unirlas.
Faltan herramientas,
Conocimientos,
fuerzas.
“El arte es curativo”.
“Abandona”,
 “En arte siempre hay un camino”.

“¿Dónde pongo el sensor?”,
me pregunta un electricista
que viene
a instalar
un sensor de luz
en el interior
del
túnel.
Le miro desde el suelo
Es un hombre muy bello
Pero no tengo ánimos para verle.
“No hay túnel- le digo-.
No puedo”.
El observa las tres paredes   
tendidas en el suelo.
De cinco metros de largo,
de dos metros de alto.
de un metro de ancho.
“No sé hacerlo. No puedo.”

Coge el taladro.
el serrucho,
los tablones,
los listones de madera.
Durante tres horas
le ayudo.
En verdad, me ayuda.
Cortamos
Atornillamos
Ajustamos.
Mi madre siempre dice
que tengo
un ángel.
Y es verdad.
Mi ángel
atornilla el túnel al cielo,
convierte diferentes materiales
en un espacio único
por el que transitar
por el que regresar
al agua..

Mi ángel conecta el video,
el proyector,
el mezclador.


“!Ven!”, le digo al ángel.
Le cojo  la mano
Caminamos juntos
a lo largo del túnel
Hasta la orilla del río de mi infancia.
La cámara situada en el suelo
Recoge nuestra llegada,
Nos quedamos en silencio.
Por primera vez veo sus ojos verdes.
Sonríe como un niño,
reflejado en el agua.
¡Es tan bello!
Me miro:
me veo mayor
y cansada
y por fin,
en paz.



 

 

 

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